Reclamada por un Alfa

Capítulo 5

El trayecto de regreso desde la facultad fue un tormento de ansiedad. Nicole apenas pudo concentrarse en la clase de farmacología, imaginando mil escenarios catastróficos en los que la policía, los bomberos o la Sra. Torres echaban abajo la puerta de su departamento.

Subió las escaleras corriendo de dos en dos, metió la llave en la cerradura con las manos temblorosas y abrió la puerta de golpe.

Lo primero que la golpeó fue una ráfaga de aire helado.

La ventana principal de la sala estaba abierta de par en par. Las cortinas flameaban con violencia por la brisa de la tarde y las hojas de sus libros de estudio estaban esparcidas por todo el piso.

—¡Rydan! —exclamó Nicole, dando tres pasos apresurados hacia adentro.

El gigante estaba de pie justo frente al marco del balcón, recortado contra la luz del sol. Al escuchar la voz de Nicole, se giró despacio.

El corazón de Nicole dio un vuelco de puro horror y se le congeló la sangre en las venas.

Rydan tenía la cabeza de un ave salvaje metida directamente en la boca, a punto de triturarla con sus dientes. El plumaje gris del animal sobresalía de sus labios y sus ojos azules brillaban con la satisfacción de un cazador a punto de alimentarse.

—¡Dios mío! ¡No! ¡Detente! ¡Sueltas eso ya mismo! —gritó Nicole, abalanzándose sobre él sin pensar en el peligro.

Se lanzó a agarrarle el rostro con ambas manos, intentando obligarlo a abrir la boca antes de que fuera demasiado tarde.

—¡Suelta eso, Rydan! ¡No se come!—le ordenó en un tono agudo y desesperado.

Rydan la miró con profunda confusión, deteniendo el movimiento de su mandíbula. No entendía la reacción de pánico de su hembra. Con un gesto torpe y algo resignado, escupió al animal sobre el suelo del balcón y se limpió la boca con el dorso de la mano.

—Comida... —protestó él con su voz grave, señalando al ave en el piso—. Fresca.

—¡Eso no es comida, es un pájaro de la ciudad! ¡Te va a dar una infección terrible! —regañó Nicole, al borde del colapso, llevándose las manos a la cabeza mientras retrocedía un paso.

Fue en ese momento cuando se fijó en la mano izquierda de Rydan, que el Alfa mantenía alzada hacia ella con cierto orgullo.

Entre sus dedos grandes y fuertes, sujetaba otra ave idéntica, recién cazada y ensangrentada.

Rydan dio un paso al frente, acortando la distancia entre los dos, y extendió el brazo hacia Nicole, ofreciéndole la presa con la mirada más seria y protectora del mundo.

—Para... Nicole —dijo con torpeza, haciendo un esfuerzo enorme por articular las palabras—. Cazé. Para ti.

El enojo y el asco de Nicole se congelaron en su garganta al instante.

Ahí estaba él: un salvaje de dos metros, sin entender cómo funcionaba una puerta, un teléfono o un tenedor, que había pasado horas cazando aves en el balcón solo para asegurarse de que su hembra tuviera qué comer cuando regresara a su hogar.

La lógica médica de Nicole le gritaba que la situación era una locura antihigiénica, pero el gesto primitivo y noble de Rydan le dio un vuelco repentino e inesperado al corazón.

—Rydan... —murmuró ella, mirando la presa en su mano y luego sus ojos desbordantes de expectativa—. Yo... no puedo comer eso.

El Alfa ladeó la cabeza, arrugando el ceño con una pincelada de decepción al ver que su regalo no producía el entusiasmo que esperaba.

—No... ¿comer? —preguntó él, bajando la mano lentamente.

—No. Debemos cocinar la comida —intentó explicar Nicole con suavidad, tomando la muñeca dura de él para bajarle la mano del todo—. Pero... gracias por pensar en mí.

Al sentir el contacto de los dedos de Nicole en su piel, los ojos de Rydan volvieron a encenderse con ese azul brillante e intenso. Soltó al ave al suelo sin importarle nada más y, en un movimiento rápido, rodeó la cintura de Nicole con ambos brazos, pegándola contra su pecho caliente y dejando escapar un ronroneo profundo que hizo retumbar toda la habitación




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.