No sé en qué momento pasó. En qué momento las ganas de verte se esfumaron. En qué momento el entusiasmo se convirtió en desánimo. En qué momento el amor dejó paso al resentimiento.
Sabía que tenerte en un pedestal no era correcto. Te tenía por alguien perfecto, cuando debería haber sabido que nadie lo es.
Una a una, las decepciones de no ser como yo creía que eras dejaron paso a la desilusión. Cuando quise darme cuenta, ya no había vuelta atrás, mis sentimientos hacia ti habían sufrido una terrible transformación hacia lo negativo.
Ya nada de lo que hacías iba a enamorarme de nuevo.