Leyla.
Si mis fosas nasales no aspiraba su fragancia iba a estar bien, si mí piel no tocaba la suya iba a estar bien, si mis ojos no veía su escultural cuerpo iba a estar bien, si no dormíamos en la misma cama iba a estar bien. Todo estaría bien, trataba de convencerme mientras estaba cruzada de piernas en la cama, mirando fijo a la puerta como si tuviera las respuestas a las grandes preguntas de la vida, esperando que él apareciera por ella.
Era hora de ir a la cama, me adelanté para cambiarme a un pijama que consistía en una remera de tiritas pegada al cuerpo y un pantalón corto, era el más decente que tenía, recordemos cómo dormía antes, recordemos que después no lo necesite y también que la mitad de la ropa se encuentra en casa de Arlin, no se veía mucho, solo los brazos y las piernas descubiertas y a través de la tele el abdomen un poco abultado.
Aspiro oxígeno y lo mantuve en el pecho cuando siento que la puerta se abrió, trato de parecer indiferente cuando ingreso, finjo ver el celular mientras él se desplazaba por el cuarto, Por el rabillo del ojo veo como se cambia de ropa, quiero replicar y mencionar que había un baño cerca pero sabía que podía ser utilizado en mi contra, así que finjo indiferencia clavando los ojos en la pantalla, Arlin me había respondido diciendo que debíamos hablar, y accedí, debía agradecerle su hospitalidad.
—¿Dónde dormirás? —pregunto por fin.
—En el suelo pero si quieres que lo haga contigo solo debes pedirlo.
—Ja, eso quisieras, estamos aquí por el bebé —recorde.
—Eso es lo que tú quieres, por eso tanto interés —estamos comportándonos como dos inmaduros, pero esto pareciera una guerra de quién cedía primero.
Acomodó el colchón y le colocó las sábanas, se removió incómodo y dio varias vueltas, se notaba que era incómodo y recordé porque la vez pasada terminamos durmiendo juntos.
—Quieres que duerma yo ahí —sus pies sobresalen yo era más pequeña y seguro cabría mejor.
—Jamás te dejaría dormir en el suelo mientras tengas mi hijo en tu vientre —me decepcione un poco, yo ya no le importaba, solo el bebé.
Ni yo misma me entendía, quería que me quiera y a la vez me molestaba, estaba enojado y a la vez quería perdonarlo, me daba pena y a la vez bronca.
Suspiré frustrada por el lío que se encontraba en mi cabeza, por no enterarme no yo, decidí antes de por fin dormír, ir por última vez al baño, con Gael aquí no era buena idea levantarme durante la noche.
Camino al baño, hago mis necesidades y mojo levemente la cara y el cuello, sentía mucho calor y eso que solo ví de reojo el dorso desnudo de Gael. Inhalo y exhalo por última vez y salgo del sanitario pero me sorprende ver a Gael sentado sobre el colchón mirándome fijo, doy unos pasos en dirección a la cama ignorándolo.
—¿Cómo te sientes? —me sorprendió su pregunta, no me la había hecho antes.
—Bien gracias —no me sentía tan cansada, había dormido bien.
—Me refiero a en general, hablo de los síntomas de lo que me perdí —me mordí el labio inferior sentandome en el borde de la cama.
—Me siento cansada y con mucho sueño, mi estómago está muy delicado y por la mañana no tolera los alimentos, solo fruta y yogurt…
—¿Yogurt?... Odias el yogurt —aclaro.
—Sí, pero parece que él no —señalo mi vientre —, él no tolera el mate…
—Wau, es algo que amas.
—Últimamente como todo muy liviano, porque todo me da náuseas y termimo vomitando, supuestamente los malestares terminarían a los tres meses pero no pasó y me olvidé de preguntarle al doctor, siento mareos y algunos olores me dan náusea —termino encogiendome de hombros, no me había dado cuenta que la lista era larguísima.
—Puedo… —se rasca la nuca —, puedo tocar el vientre —no sé si estoy preparada para el contacto físico, pero debo convencerme que es solo el padre acariciando a su hijo de manera paternal.
—Claro —me levanto de la cama mientras él se desliza sobre el colchón hasta quedar arrodillado frente a mí, sus manos se posan en mis caderas, posiciona la oreja en mi vientre para escuchar, la verdad no sé qué pero se queda varios segundos así, empiezo a sentir el calor colarse sobre la tela haciéndome cerrar los ojos.
—Hola bebé soy tu papá —siento que susurra sobre mi vientre, había levantado levemente mi remera —, hace mucho que te espero, prometo cuidarte y protegerte a ti y a mamá, estoy muy feliz de tener el honor de ser tu padre, no te conozco y ya te amo —concluye, al no oír nada por unos segundos abro los ojos, miró levemente hacia bajo y me percato que tengo cabellos de Gael entre mis dedos, y él me está observando a los ojos con ternura, lo suelo rápidamente.
—Disculpa —me lamento tomando suficiente distancia, que vergüenza, me había dejado llevar por el momento. Una escena tierna y emotiva.
—No tienes porque disculparte —sonríe de medio lado, se lo ve más relajado —. Lo olvidaba el turno con el neurólogo es para la semana que viene.
Después de eso dijimos nada más, y nos acostamos a dormir.
La luz que se cuela por la ventana hace que me despierte, si bien tuve un descanso reparador, no quiere decir que no siga teniendo sueño, parpadeó para que mis ojos se acostumbren y por fin los abro, la habitación se halla en completo silencio, me incorporo apoyando los codos sobre la cama y veo el colchón que durante la noche ocupó Gael ya no se encuentra en su lugar, es más todo está en completo orden. Miro la hora y las agujas marcan las ocho de la mañana. Aspiro profundo sintiéndome decepcionada, no cumplió su promesa de cuidarnos, de estar juntos, su trabajo es más importante, cuando decido levantarme e ir a desayunar la puerta se abre sobre saltándome, Gael ingresa con una bandeja con todo tipo de frutas, y un vaso de yogurt.
—No te fuiste —largo en voz alta a penas entra con un tono de incredulidad, él frunce el ceño no entendiendo mis palabras. El desayuno era todo lo que le había mencionado anoche.