Santana sostenia a Brittany entre sus brazos, acurrucadas en la sala de su casa. Hacía apenas unos minutos que habían regresado de la clinica y la rubia aún no había dejado de llorar. Santana sabía que aquello podia pasar, y a ella también le dolia profundamente. Habian guardado la esperanza de que está vez funcionaria. No era la primera vez que lo intentaban, pero el impacto era identico: el resultado había vuelto a ser negativo.
Brittany no hallaba explicación alguna. Había pasado los ultimos catorce dias experimentando sintomas muy claros; las nauseas matutinas y los mareos leves se habian convertido en los protagonistas absolutos de su rutina diaria.
Sin embargo, aquel frio papel desmentia todo lo que ambas creían saber «negativo». Eso dictaba él resultado de la prueba que habian realizado un par de días atrás. y cuyos analisis recien esa misma tarde habían recogido en el consultorio de su medico.
—Ya, mi amor — dijo Santana, acaricicando su mejilla al deshacer suavemente el abrazo —.Quizá no es tiempo aún para un bebé.
—Es solo que estaba segura de que está vez no sería así. Podría sentir que seríamos madres, San. —respondió la rubia con la voz cargada de pesar —. Lo siento.
—¿Por qué? No tienes que disculparte por nada.
—Ya sabemos por qué no hemos podido tener un hijo… Es por mi culpa —murmuró, fijando la vista en el papel que descansaba sobre la mesa frente a ellas—.Ahí lo dice.
—Ahí solo dice que el resultado es negativo, no que tú no puedas…
—¿Y si hay algo mal conmigo? —preguntó, alzando una mirada llena de tristeza hace Santana.
—Mi amor, contigo no hay nada malo. —Santana le brindó una sonrisa que suavizó sus facciones y, en un instante, adopto una expresión seductora —. Al contrario, hay todo de bueno.
Una pequeña e inevitable risa escapí de los labios de Brittany, rompiendo la tension en el ambiente. Aprovechando el momento, Santana tomó sus manos con firmeza.
—Mira, ya tendremos tiempo para tener todos los hijos que quedamos. Y si de esta manera no funciona, buscaremos otros medios. No debemos apresurarnos…
—Tienes razón, mi amor. —Brittany dijo
—Tienes razón. Además, tendremos que poner la mente de lleno en la boda —dijo la rubia, asintiendo levemente mientras se aferraba a la mano de su prometida.
Los preparativos se habian convertido en el refugio perfecto. Aquello era algo en lo que Brittany podia ocupar su mente para no pensar en el doloroso resultado de la prueba de embarazo. Habian estado trabajando sin descanso en cada detalle; ahora faltaban apenas quince días para llegar al altar de la iglesia y pronunciar el ansiado «sí, acepto» que las uniria para siempre.
No sería un evento multitudinario; ambas habían llegado a la conlusion de que preferian una celebración íntima. Asistieron sus amigos incondicionales de la preparatoria —aquellos que, aun después de tantos años, les seguian brindando su apoyo—y, por supuesto, la familia más cercana de cada una. A pesar de que la familia de Santana era latina y cualquiera supondría que con ellos tendrían invitados de sobra, la realidad era muy distinta.
Por el lado de Santana, solo contaban con su hermana mayor, y eso si tenian la suerte de que pudiera llegar a tiempo. Natasha trabajaba para el FBI y sus misiones la mantenian constantemente fuera del pais. A pesar de llevar tantos años junto a su prometida, Brittany aun no conocia a su cuñada y no podría evitar sentir una profunda curiosidad por saber si ambas compartian esa misma intensidad.
Santana había estado sepultada bajo una montaña de trabajo aquellos ultimos días. Cada noche llegaba más tarde a casa, agotada, pero sabía que era un sacrificio necesario si quería conseguir esos quince días libres. Todo valdría la pena con tal de escapar con su rubia, quien para entonces ya sería su esposa, y disfrutar por fin de su luna de miel. Tenian cómo destino las Bahamas. Santana no podría esperar para tenerla solo para ella, muy lejos del bullicio de aquella ciudad que ambas amaban, pero que a veces resultaba asfixiante. En sus momentos de mayor cansancio, soñaba con estar de pie en la arena, sintiendo la brisa fresca en el rostro y escuchando unicamente el suave sonido de las olas rompiendo frente a ellas.
—Santana, es muy tarde—dijo Brittany, mirandola salir de la cama para buscar algo de ropa a oscuras —.Podrías decirle a ese cliente tuyo que manana pueden verse temprano.
—Amor, la insistencia y lo que me han dicho en ese correo es urgente—respondió, haciendo una mueca de frustración mientras se ponia la chaqueta—.Quería quedarme aquí y seguir viendo la pelicula contigo, pero…
—Está bien. —suspiró la rubia, aunque su voz tembló ligeramente—.Pero procura no tardar mucho, no me gusta que estés conduciendo a estas horas y cansada.
De pronto, un vacio extraño y repentino se instaló en el pecho de Brittany. Se incorporó un poco sobre el colchón, sintiendo una angustia inexplicable que le heló la sangre.
—Santana… mejor no vayas.
—Britt, mi cielo. —La latina se arrodilló en la cama y acunó el rostro de la rubia entre sus manos—.Voy a estar bien. Vendré antes de la medianoche, no pienso dejar que duermas sola.
Se inclinó para depositar un beso tierno y profundo en sus labios.