Recuerdos de Amor

Capítulo 2

Santana Lopez

Capítulo 2

Nueva York, 2021

—Tía San, ¿iras por mí a la escuela? —preguntaba Elizabeth mientras comía su cereal.

—Tienes la ruta programada para hoy, eso fue lo que dijo tu mamá…

—Pero no es divertido.

—Seguro harás amiguitos y tendrás con quién jugar en el autobús, Lizzie. Te prometo que iré mañana por ti.

—¿Qué pasa? —preguntaba Patterson, entrando al comedor —.¿Qué tienes, cielito?

—Es que quiere que vaya por ella a la escuela… —dijo Santana, mirando a su cuñada.

—¿Quieres que vaya la tía por ti? —preguntó la rubía. La niña asintió mientras comía un poco más de su cereal —.¿Tiene alguna clase hoy? —preguntó, mirando a Santana.

—No. Tendré una el jueves; estos días tengo las tardes libres para mí —dijo sonriendo, sabiendo perfectamente que su pequeña sobrina se saldría con la suya—. Está bien, iré por ti a la escuela.

Santana terminó de ordenar alguna de sus cosas en la habitación mientras escuchaba a su hermana mayor reír en la sala por alguna locura que su sobrina Elizabeth acababa de decir.

Era casi la hora de que la niña partiera hacia su nuevo colegio para el día de inducción y recreación, un espacio con los niños con quienes compartiría todo el año escolar. Santana sabía que su sobrina era muy dulce y de carácter fuerte, pero tambien pecaba de tímida cuando se trataba de lugares con demasiadas personas.

Salió al pasillo directo al encuentro de las tres chicas, quienes estaban sentadas en el sofá viendo la televisión mientras esperaban la hora de la salida. Santana sonrió de inmediato al escuchar la risita de su sobrina al ver cómo Tasha imitaba las graciosas caras de los personajes animados.

Santana conocía la historia de su hermana con aquella rubia sabelotodo de principio a fin. De hecho, era una de las pocas cosas —por no decir la única—que recordaba sobre la gente a su alrededor. La mente de Santana se encontraba en blanco de hacía cinco años; lo único que tenía claro era que su maravillosa sobrina le había ayudado a sobrellevar tanta tristeza brindándole un poco de luz y alegría.

Tasha era agente especial del FBI, y gracias a ello había conocido a Patterson. Durante una misión encubierta en Alemania que duró poco más de un año, Natasha tuvo que dejar atrás su amada ciudad. Pensó que sería cuestión de unos pocos meses, al igual que en sus encargos anteriores, pero la operación le tomó mucho más tiempo del esperado. Sin embargo, no se quejaba: gracias a aquella incansable labor había logrado conocer el amor de su vida.

Al descender en la imponente y sobria Berlín, Tasha se sentía completamente desorientada. Solo una misión habitada en su mente, protegida por un nombre ajeno al suyo y un modesto refugio financiado por el FBI. Vivía atormentada por una constante sombra: el miedo latente de ser descubierta antes de que ella pudiera atrapar a sus propios objetivos.

Sin embargo, una tarde, al terminar de recopilar las pistas que necesitaba, comenzó a caminar sin rumbo fijo por las calles adoquinadas de la capital alemana. Aprovechaba aquel inusual rayo de sol que sentía como una auténtica bendición tras la densa bruma y la lluvia persistente de los últimos días de esa semana.

Se detuvo frente al histórico Jardin Botánico de la ciudad; era un santuario verde y majestuoso que, debido a sus interminables jornadas de trabajo, no se había tomado el tiempo de conocer. Maravillada, quedó sin aliento ante tanta inmensidad: una sinfonía de especies botánicas y tonalidades vivas que parecian sacadas de un cuadro. No obstante, de manera abrupta, su vista se fijó en algo que rompía por completo la armonia de aquel paisaje tan prometedor.

Flashback

Mientras caminaba por los senderos verdes del jardín, Tasha no podía dejar de mirar con asombro todo a su alrededor. Sí que era un lugar maravilloso; de hecho, parecía el escenario perfecto para desconectar y relajarse en compañía de la naturaleza en su máximo esplendor. Sin embargo, toda esa magia se desvaneció de golpe cuando escuchó un leve sollozo.

Pensó que estaba completamente sola en aquella sección del invernadero, flanqueada por bancas de madera clara. No obstante, allí mismo, sobre uno de los asientos, se encontraba sentada la que, a los ojos de Tasha, parecía un ángel caído en desgracía.

En un principio contempló la idea de acercarse. ¿Qué diría aquella muchacha de una perfecta desconocida?, ¿Pensaria que era una intrusa entrometida por querer averiguar qué le sucedía? A pesar de sus dudas, para la morena fue imposible mantenerse al margen al ver a la rubia llorar con desesperación, intentando contener la lágrimas sin éxito alguno. Con extrema cautela y pasos lentos, se acercó a la chica, quien permanencia con el rostro oculto entre las manos. Sin decir una sola palabra, Tasha se sentó a su lado y, tras unos minutos envueltos en un profundo silencio, se animó a hablarle.

—Hola…

La rubia se tensó al escuchar la voz de una desconocida a su lado. Tomando un poco de valor, apartó las manos de su rostro y se secó las lágrimas antes de alzar la mirada. Al verla de frente, Tasha sintió un vuelco en el corazón por aquella muchacha de quien ni siquiera sabía el nombre; sin duda, estaba pasando por un momento terrible. Tenía los ojos pequeños e hinchados de tanto llorar, las mejillas encendidas y el diablo inferior temblando, al punto de que ni siquiera pudo articular un simple «hola» como respuesta.

—¿Necesitas algo? —preguntó Tasha con suavidad, mientras sacaba unos pañuelos de su bolso y le ofrecía uno.

—Gracias… —la voz entrecortada y tenue brotó de los labios de la rubia —.Qué vergüenza. No pensé que a está hora habría alguien aquí…




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