Recuerdos de Amor

Capítulo 3

Patterson

Patterson - Blindspot

Capítulo 3.

Brittany miraba a Rachel tras terminar el café que habían salido a tomar esa tarde. Habían pasado unas tres semanas desde el día en que Isabella tuvo su primera clase de piano y, desde entonces, la castaña no había tenido un momento para hablar sobre lo que fuera que hubiera ocurrido antes de llegar a casa. Podía sentir claramente la tensión que existía entre Sam y su mejor amiga.

Rachel la miraba con seriedad, sabiendo perfectamente lo que su amiga iba a decirle. Ella también estaba cansada de mantener siempre la misma discusión con Brittany; ya no sabía de qué manera hacerle entender que las cosas con aquel tipo jamás llegarían a nada más de lo que ya eran.

—Sé lo que me dirás, Brittany, y yo te seguiré diciendo lo mismo de siempre —rompió el silencio Rachel, desviando la mirada hacia la zona de juegos, donde Isabella corría hacia el tobogán de la piscina de pelotas para unirse con los demás niños —. ¿No crees que ya deberías dejar esa relación?

—Rach… creo que con el tiempo podré llegar a quererlo —respondió la rubia, apretando ligeramente su taza entre las manos.

Rachel escuchó aquello y puso los ojos en blanco con fastidio.

—Sé lo que piensas.

—Tú estás con él solamente porque te sientes agradecida de que haya estado acompañándote todo este tiempo, eso es lo que pasa… Sabes perfectamente lo que pienso de él y jamás cambiaré de opinión. Ese tipo se aprovechó de ti, Brittany.

—Rachel… —protestó la rubia, bajando la mirada.

—Ese es mi nombre, no tienes que recordármelo siempre—replicó Brittany, sintiendo cómo el enojo de su amiga flotaba en el aire. Cada vez que tocaban ese tema, terminaba de la misma forma—, Mira, no te diré qué hacer con tu vida; al fin y al cabo es tuya y son tus decisiones. Pero si te digo lo que pienso es porque no quiero verte sufrir. Eres mi mejor amiga…

—Lo sé, y siempre estás aquí para mí. Es algo por lo que siempre estaré agradecida—Respondió Rachel con un tono más suave, relajando ligeramente los hombros.

—Solo quiero verte feliz, es lo único que me importa.

—Mi felicidad no es completa desde... ya sabes cuándo —la mirada azul de la rubia terminó de apagarse, desviándose hacia el vacío—. Es injusto que ella se haya ido y me haya dejado así. Yo la amaba tanto... La amo aún.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al permitirse, por fin, desahogar todo lo que llevaba guardado tras días de silencio con su mejor amiga.

—Lo sé, Britty… Sé cómo te debes sentir. Por más que los años pasen, sigues guardando en tu corazón ese amor por ella. Es imposible que no lo hagas; fue y es el amor que te marcó para siempre, aunque lleguen mil personas más y aprendas a quererlas, jamás amarás a nadie cómo lo haces con ella.

—Lo único que me ha dado fuerzas para salir adelante es Isabella —respondió la rubia, con un nudo en la garganta—. Es como si la vida supiera que ya no tendría a Santana a mi lado, y me la mandó como un angelito. Mira que, de todos los intentos por tener un bebé, la última vez fue la que funcionó... justo cuando ella decidió irse.

El pecho de Brittany se encogió de golpe y, sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a caerle en cascada por las mejillas.

—Isabella es definitivamente un ángel —susurró la castaña, tomando su mano con suavidad y acercándose más para rodearla con los brazos—. Vamos, tienes que ser fuerte por ella. Si quieres, podemos decirle a Miriam que la cuide hoy y tú puedes venir a mi casa para hablar mejor.

—No... No me gusta dejar a Isa sola. En las noches no sabe dormir sin que yo le cante alguna nana o le lea algún cuento... —negó con la cabeza, aferrándose a sus propias manos.

—¿Leer?

—Vale... una historia sobre Santana y yo —murmuró la rubia, bajando la vista para contemplar la punta de sus zapatos con una expresión profundamente abatida—. Creo que no fue buena idea...

—¿Qué cosa? —preguntó Rachel, frunciendo ligeramente el ceño con desconcierto.

—Hablarle a la niña sobre Santana. Ahora no deja de preguntarme cuándo podrá verla... Rachel, ¿qué puedo decirle acaso? No puedo asegurarle que será pronto, no soy capaz de hacerlo. Me da terror que algún día llegue por fin una respuesta sobre Santana y sea para confirmarme aquello que tanto he temido durante todo este tiempo...

—¿Que ella pueda...? —tentó la castaña, conteniendo el aliento.

—Sí, que esté muerta y yo le prometa a Isabella algo que jamás podrá pasar —confesó Brittany, dejando escapar un sollozo ahogado.

La rubia alzó la mirada con los ojos cristalinos, enfocándola a lo lejos hacia donde su hija ayudaba a una niña más pequeña a subir al juego infantil. Apretó los labios con fuerza, temblando visiblemente

—Es que es un ángel... No podría soportar ver cómo su corazoncito se rompe con algo así. No quiero fallarle, y siento que ya le fallé desde el primer momento en que le hablé sobre ella.

—No le has fallado en ningún momento a mi sobrina, Brittany. Esa niña lo único que ha recibido en sus años de vida es puro amor, y te tiene a ti siempre. Nunca le has fallado —murmuró Rachel, apretándola con fuerza entre sus brazos en un abrazo protector—. Anda, no seas tontita pensando esas cosas. Simplemente eres alguien tan transparente que no podías ocultarle a Isabella lo maravillosa que su otra mamá era.

—Sí, pero ella nos abandonó... Bueno, me abandonó a mí, y ni siquiera sabía de la existencia de Isabella —replicó la rubia con la voz quebrada.

—¡Mami! ¡Mami! —gritó de pronto Isabella desde la zona de juegos, con una sonrisa radiante, mientras agitaba la manita para llamar su atención.

Rachel esbozó una suave sonrisa, apartándose lo justo para mirarla a los ojos




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