Recuerdos Olvidados

PRÓLOGO

Jueves 12 de agosto, 2:00 am

Salió corriendo con todas sus fuerzas, intentando encontrar una salida con desesperación. Con cada paso que daba el ambiente de tornaba más hirviente. Esquivaba las llamaradas y los muros que caían a su alrededor, mientras el humo se volvía más espeso, más pesado.

Sus pulmones ardían como si estuviera respirando cuchillas invisibles. Cada bocanada era un castigo. Sus piernas temblaban, debilitadas por el humo y sentía que el cuerpo entero estaba a punto de rendirse, pero no podía detenerse. No ahora. No cuando ellos seguían ahí dentro.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡¿Dónde están?!— gritó, con una desesperación que desgarraba su propia voz.

Sus ojos recorrían el caos que había en su alrededor, tratando de distinguir formas entre las sombras naranjas que el fuego dibujaba en las paredes. Buscaba únicamente a dos personas. Solo dos. Y el hecho de no verlos hacía que las lágrimas comenzarán a arder en sus ojos, mezclándose con el humo, nublandole la vista.

No le importaba lo que pudiese pasarle.

No pensaba en sí misma.

Solo en ellos.

Necesitaba encontrarlos. Tenerlos a su lado. A salvo. Respirando. Vivos.

Con ella.

Si pecho de contraía con fuerza, pero no se iba a rendir. Dió otro paso entre los restos calcinados, obligándose a mantener la mente despierta cuando ya casi no podía pensar. Fue entonces cuando escuchó algo que no era el rugido del fuego devorándolo todo.

Un sonido débil. Entre tos y dolor.

Afiló sus sentidos. Contuvo la respiración. Escuchó de nuevo.

Toses. Tos ahogadas.

Venían del pasillo donde el humo era tan espeso que parecía niebla negra.

—¡Mamá... papá...!— susurró, pero sus piernas comenzaron a moverse antes de que pudiera terminar la frase.

Y allí estaban.

Emergieron entre la oscuridad como siluetas tambaleantes. El padre avanzaba apoyándose con una mano en la pared chamuscada, cada paso una batalla. La otra mano la tenía rodeando la cintura de la madre, sosteniéndola, impidiendo que cayera. Ella se aferraba a su camisa, respirando con dificultad, luchando contra el ardor que el humo provocaba en sus pulmones.

Vick abrió los ojos de par en par. El alivio fue tan grande que sintió que las piernas les faltaban por un instante.

Los tenía en frente. Reales. De pié. Resistiendo.

Un par de lagrimas de escapaban de sus ojos sin pedir permiso.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Aquí estoy!— corrió hacia ellos, pero sus padres extendieron la mano, deteniendola.

—¡Corre!— gritó si padre, forzando la voz.

—¡Vick, sal de aquí! ¡No mires atrás!— agregó su madre con un hilo de aliento.

El corazón de Victoria dió un vuelco tan violento que sintió que el mundo entero de desmoronaba bajo sus pies. Dió un paso hacia sus padres, pero el calor la golpeó como una pared viva, una barrera ardiente que la obligaba a retroceder. Por un instante, confundió el crepitar del fuego con las risas de su madre en la cocina. Juraría que olía a galletas recién horneadas, no a humo y cenizas.

—¡No! ¡No los voy a dejar!— gritó entre lágrimas, dando otro paso tambaleante.

El crujido del techo la hizo alzar la vista justo a tiempo para ver un trozo de madera precipitándose hacia ella, instintivamente se encogió, protegiéndose.

En su mente, era su padre quien se abalanzaba para cubrirla, como aquella vez que tropezó en el parque.

Pero esta vez, no llego nadie.

Sentía sus ojos cada vez más pesados, luchando por no cerrarlos. El miedo a su alrededor de distorsionaba.

¿Era humo... o la manta azul que su madre la arropaba en las noches frías?

¿Era el rugido del incendio... o el sonido de la televisión encendida mientras cenaban juntos?

Se dejó caer de rodillas, incapaz de sostenerse. Quería gritar, quería correr, pero sus músculos ya no respondían.

Una sobra se acercó, manos fuertes la levantaron del suelo.

—¡Tenemos a una! ¡Está viva!— escuchó, pero la voz le llegó lejana, como si viniera desde el fondo de un sueño.

Quiso abrir los ojos, ver quién la rescataba, pero por un segundo juró que era su padre el que la llevaba en brazos, tarareandole una vieja canción de cuna.

Las luces parpadeantes de las sirenas parcian las estrellas que solía contar con su madre en el patio.

—Ya estás a salvo ¿Puedes oírme?— dijo alguien, pero en su mente era la voz dulce de su mamá.

Victoria quiso decir algo, quiso advertirles que sus padres seguían adentro atrapados, pero sus labios apenas se movieron. Ningún sonido salió de su garganta.

Si visión de nubló por completo.

Últimamente todo olía a casa... pero también a despedida.

Finalmente la oscuridad la envolvió.

No volvió a verlos.

★彡

¿que les pareció esta introducción? ¿les pareció interesante? si es así, puedes seguirme para saber cuándo son los próximos capítulos, aunque actualmente tengo un bloqueo escritor, no puedo avanzar con los capítulos, pero tranquilx que estoy en eso.

se me olvidaba, muchas gracias por leer esta pequeña parte y bienvenidx a mí libro, espero que me acompañes en este camino, apoyándome y motivandome a seguir subiendo.

Quiero decir que esta es mí primera vez escribiendo un libro y no pensé que sería tan difícil y más para una principiante, jaja

pero bueno, me está gustando todo esto así que no lo voy abandonar, pero me gustaría advertirles que me voy a demorar subiendo los capítulos debido a lo que dije antes, tenganmen paciencia.

No sé si voy rápido, pero estoy planeando tener ya listos por lo menos 5 capítulos o como mucho 10, para así tener días programados para subirlos, por ejemplo una vez a la semana. Para que sepan cuando los subo.

Pero bueno, como dije antes, bienvenidos, espero que nos llevemos bien y sin más que decir, nos vemos en el capítulo 1 jaja



#5288 en Novela romántica
#2017 en Otros
#86 en No ficción

En el texto hay: universidad, recuerdos, pasados

Editado: 17.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.