Recuperando a Emi

Capítulo 2

Sus ojos son tan oscuros que me dan miedo, él siempre fue un hombre con una expresión tan serena y feliz que verlo ahora así, con su ceño fruncido y sus ojos oscurecidos por la rabia me producen dolor y temor, ¿qué hice? 

—En serio debo irme, Josh, no está bien que esté aquí. 

—¿Por qué no está bien?, ¿tanto desprecio me tienes que se te hace fácil huir de mí? 

Dios, jamás podría despreciarlo, es el amor de mi vida, si tan solo supiera que solo lo estoy salvando de estar una vida atado a una mujer que está muriendo, pero no puedo decirlo, prefiero que me siga odiando.

—No es necesario que hagamos esto, tú tienes una vida ahora y yo también. Estoy bien, el cansancio del trabajo me puso un poco mal, pero mañana todo volverá a la normalidad — él solo asiente.

—Bien, si es lo que quieres, así será, mañana te espero aquí para que inicies tus labores como tal —dice caminado hasta la puerta —. ¿Y Emilia? 

—¿Sí? —digo con mis ojos llenos de lágrimas sin derramar. 

—Gracias por el pastel, siempre fuiste la mejor en ello —asiento apretando los labios para no dejar salir ningún sonido de mi boca. 

—Amo lo que hago, no fue nada —me observa una última vez antes de cerrar la puerta detrás de él. 

Dejo caer mi cabeza en el respaldo del lugar en el que me encuentro y sollozo con fuerza tapando mi boca con mis manos. Dios mío, lo volví a ver, el hombre que he amado por más de diez años, con el que iba a casarme, pero el cáncer me lo arrebato. 

Desperté con dolor de cabeza y en mi garganta, pero debía ir al trabajo, así que después de tomar mi medicina, salí de la casa para dirigirme al restaurante, esperaba que Josh no estuviera, pero sería casi imposible si era el dueño del local. 

Llegue a mi trabajo y el miedo por verlo de nuevo no dejaba mi cuerpo, a pesar de que no lo había visto en casi dos años, las sensaciones que despertaba en mí seguían siendo fuertes. No sabía que podría llegar a pasar si nos acercábamos de más. 

Entro en la cocina del restaurante y lo primero que veo es a Josh con su uniforme de chef que lo hace ver tan hermoso y guapo que siento como las mariposas en mi estómago revolotean con fuerza. 

—Buenos días —digo, llamando la atención de todos, en especial la del que no me quita la mirada en ningún momento. 

—Oh Bombón, que bueno que llegaste, ven aquí, te presentaremos a nuestro Chef —dice José tomándome de la mano para acercarme a Josh que está de brazos cruzados. Está más musculoso, al parecer ha estado ejercitándose mucho —. Ella es Emilia, la nueva repostera del restaurante jefe. 

—La conocí ayer José, pero gracias por decirlo —el hombre a mi lado asiente apenado, pobre, el tono de voz de Josh no fue bueno. 

—Perdón la tardanza, ¿qué debo hacer? —digo con la mirada en el piso, no quiero verlo, no quiero. 

—Estaría bien que me miraras a la cara, Emilia, odio cuando hablan como si no existiera.

¿Por qué me habla así?, puedo sentir su molestia por verme aquí y eso me duele más de lo que quisiera decir. 

—Lo siento, no volverá a pasar —levanto la mirada, encontrándome con la suya oscura y siniestra. 

—Quiero felicitarte por el pastel de ayer, mi prometida estaba muy feliz con él, buen trabajo —asiento intentando sonreír, pero fracasó logrando solo una mueca que lo hace levantar una de sus negras cejas, ¿por qué me molesta tanto?.— ¿Algún problema? — niego. 

—No, lo siento, es solo que no estoy acostumbrada a los alagos, muchas gracias —él me observa por unos segundos y luego menea su cabeza como si estuviera alejando algún pensamiento que no le agrada. 

—Bien, trabajarás hoy conmigo, necesitamos un menú dulce para un bufete de un prestigioso abogado de la ciudad —asiento tomando mi delantal para ponérmelo y acercándome más al si podría ser posible —Sé que sabes hacer la mejor salsa dulce para un pollo sudado, así que necesito que la hagas ahora, ¿puedes hacerlo? 

—Claro, me pongo en ello —digo alejándome para buscar los utensilios que necesito y poder respirar por fin, estando a su lado no lo podía hacer con normalidad, su colonia me estaba asfixiando. 

Regreso con todo lo que necesito y me pongo manos a la obra intentando olvidarme que lo tengo a mi lado mirando todo lo que hago. Él solía amar esta salsa, siempre me pedía que la hiciera para él, por eso el que ahora loo pidiera me deja un mal sabor de boca. 

Media hora después la estoy terminando y tomo un poco de él en una cuchara para ponerla frente a él. 

—¿Podría probarla por favor? —él asiente abriendo la boca y tomando todo lo que tenía en ella. Trago grueso porque una pequeña sonrisa aparece en su rostro logrando que todo dentro de mí se mueva con fuerza.

—Maravilloso —dice haciendo que sonría. 

—Puedo mejorarla si así lo deseas —él niega endureciendo de nuevo su gesto. 

—No, está bien, ahora necesito que hagas doce pasabocas para esta tarde, cuando termines puedes descansar, no te ves nada bien —asiento sintiéndome incómoda y con miedo de que me haya descubierto. 

Me alejo de nuevo de él e intento concentrarme en mi trabajo, pero el dolor de cabeza y la fiebre que empiezo a sentir en todo mi cuerpo hace que sea un poco difícil, necesito terminar esto lo más pronto posible para tomar mi medicamento, si no lo hago y descanso tendré otra recaída y no podré esconderle más lo que me está pasando. 




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