Recuperando a Emi

Capitulo 5

Mi noche no estuvo para nada bien, me sentía muy mal, el estar llorando tanto me debilitaba, no había salido del baño porque necesitaba estar en él para devolver todo lo que no tenía en mi estómago. Limpio mi boca cuando la puerta es abierta y por ella aparece Ann.

—Basta, vamos a ir ahora mismo a la clínica, no estás bien, no dormiste nada y estoy de los nervios al pensar que voy a entrar y te encontraré muriendo. 

—Tengo que ir al trabajo, Ann, no puedo faltar. 

—Claro que sí, hablaré con Josh si es necesario, le diré que no te encuentras bien, pero ahora mismo nos vamos para la clínica y ni una palabra más —suspiro asintiendo porque las fuerzas no me dan para discutir. 

Ann salió de la habitación para hablar por teléfono mientras yo me ponía algo decente, no podía ni mover el cuerpo, estaba tan débil y sin aliento que el pestañear era doloroso para mí. Mi mejor amiga regresó unos segundos después, Josh no estaba muy feliz por faltar y pidió saber por qué no iría, pero ella solo le dijo que algo me había caído mal y no me sentía bien. 

Salimos de la casa y nos dirigimos a mi clínica, donde mi Oncólogo me esperaba, no sabía que podría salir de esta revisión, solo esperaba que no fueran malas noticias. Entramos a él área de oncología donde mi doctor me espera con una cara de preocupación que no me alienta mucho. 

—¿Cómo estás? —dice cuando me tiene en frente. 

—Cansada y las náuseas no se van, todo lo devuelvo —asiente invitándome a ingresar a su consultorio. 

—Lo que te voy a decir sé que no te agradara, pero es necesario que lo hagamos. 

—¿De qué se trata? —digo con la voz baja. 

—Tenemos de doblar la dosis de la quimio, tus síntomas son porque está dejando de funcionar como lo venía haciendo y no podemos permitir eso, debemos doblar la dosis. 

Eso será doloroso y mis energías se irán acabando cada día más, no podría volver al restaurante, ni tampoco hacer nada sola, porque el cansancio será tanto que no me dejará ni pararme de la cama. 

—Sabe que no puedo hacer eso, doctor, necesito trabajar y con una dosis más eso me será imposible, necesito aún tener fuerzas para hacer las cosas por mí misma. 

—Lo siento, Emilia, pero estás enfrentando mucho estrés, no sé la razón y no espero que me las digas, pero si puedo decirte que eso no te está ayudando en nada, al contrario, estás empeorando por ello —aprieto los labios con fuerza y siento como la mano de mi amiga deja de apretarme. Alejo la mirada del doctor para ponerla en ella, sus ojos están llenos de lágrimas aún no derramadas.

—Necesito salir un momento, ya regreso —con rapidez se levanta, sale del consultorio. 

—Creo que es hora de que hables con tus familiares, Em, no es bueno que estés pasando por esto sola, necesitas apoyo —niego agachando la mirada. 

—No puedo doctor, mis padres estarían destrozados. 

—Bien, es un consejo de médico, pero no puedo intervenir en tu decisión, poir ahora necesito que te quedes para monitorearte, no te ves nada bien y eso me preocupa —asiento levantándome para seguirlo. Cuando salimos veo a Ann hablando por su móvil, ¿con quién lo hará? 

***

Fui llevada a una de las habitaciones de monitoreo de él área de Oncología, un rato después llegó Ana con su rostro más ligero y sin una pizca de lágrimas, sabía que para ella esto estaba siendo difícil, pero aunque le pidiera que se fuera, ella no lo haría. 

—¿Estás mejor? —le digo cuando se acerca a la silla que está al lado de la camilla en la que estoy acostada. 

—Lo siento, sé que no me comporte de la mejor manera, pero no pude soportar lo que el doctor decía, estás mal y eso me pone mal a mí también —sonrío acariciando sus manos, las cuales tiene sobre su regazo. 

—Estoy bien, aún no me voy a morir, ¿de acuerdo? 

—No digas eso por favor, suena horrible —rio y no le digo nada porque sé que ella se pone mal cuando hablamos del día en que parta. 

—Está bien, voy a descansar un poco, puedes ir a casa, cuando me den el alta te llamaré para que vengas por mí —ella niega refunfuñando. 

—Claro que no, me voy a quedar aquí hasta que nos vayamos juntas, ya pedí licencia en la empresa, el ogro de mi jefe está de viaje y me dio una semana libre, imagino que está de vacaciones con su amante. 

—No tienes que seguir en ese trabajo Ann, no te hace nada bien seguir con tu ex, déjalo ir, es lo mejor, te lo digo por experiencia, además ese hombre es un monstruo, no sé cómo sigues a su lado. 

—Porque no tengo opción, ser la empleada doméstica de ese hombre me trajo más mal que bien, no sé cómo pude caer en sus redes. 

Nos quedamos en silencio e intenté dormir un rato, me preocupa un poco mi amiga, está trabajando para un hombre que fue su novio en una temporada buena de su vida, el condenado se portó como un príncipe al principio y luego solo la dejo como si fuera un trapo sucio. 

Ann se enteró de que era casado, ahora trabaja para él en su empresa y casa, es una de las mucamas del hombre. Desearía que consiguiera otro trabajo, pero desde que salió embarazada cuando tenía 15 sus padres la echaron de su casa y no pudo estudiar nada. 

Por esa razón no pudo hacerse cargo de su bebé y lo dio en adopción, ahora tiene siete años y su relación con Ann es muy buena, sabe que es su mamá y no le ha ocultado la razón por la que lo tuvo que entregar. 




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