Recuperar a mi exesposa

Capitulo 15

Mi chófer llevaba a Kaia y a mí de regreso a casa, pero Kaia no me miró ni una sola vez.

Yo tampoco sabía cómo decirle que me encargaría de todo. Podía ver que lo nuestro ya no tenía remedio. Y, para admitirlo, no podía hacer nada para arreglar aquella situación. Nada estaba bien en nuestro hogar si Zoe no estaba allí. Nada podría reemplazar jamás a Zoe.

Miré a Kaia, que seguía contemplando el exterior por la ventanilla. Nuestra Zoe tenía su frente, su nariz y su boca. Solo podía preguntarme cómo habría sido nuestra pequeña Zoe. De qué habría hablado y cuáles habrían sido sus intereses.

Y mientras Zoe perdía la vida, yo estaba con otra mujer. Sabía que siempre había sido un hombre débil. Me dejaba tentar con facilidad. Y siempre había creído que no había ningún problema, porque el dinero podía hacer que cualquier situación se resolviera a mi favor. Siempre podía conseguir más mujeres, mientras que Kaia seguiría allí, esperándome.

Le había dicho que la quería por Zoe, pero ahora que Zoe se había ido y yo había perdido lo único que podía mantenerla a mi lado, me daba cuenta de que sería capaz de dar cualquier cosa con tal de que se quedara.

Si apartaba a Kaia de mi vida, perdería todo lo que había conseguido a lo largo de ella.

Echaba de menos aquellos tiempos en los que Kaia se entregaba por completo a mis planes para nuestra familia. Respetaba mis decisiones y se sometía a mí por completo. Y yo lo había dado todo por sentado.

Le tomé la mano y me la llevé a los labios, pero ella no reaccionó. Dejé su mano sobre mi regazo y permití que aquella pequeña conexión de calidez permaneciera entre nosotros. Me armé de valor al darme cuenta de que no había apartado su mano de la mía.

Nuestro coche se detuvo frente a casa y yo le abrí la puerta a Kaia. Ella parecía débil y miró a su alrededor, angustiada. Podía darme cuenta de que estaba pensando en Zoe y en cómo ya no estaría en casa esperándola.

Recordé todas aquellas veces en las que salíamos sin Zoe y, al regresar a casa, Kaia se apartaba de mí para ir a ver a nuestra hija. Dio un paso hacia la habitación de Zoe, pero yo la sujeté por la muñeca.

—Será mejor que descanses.

—¿Qué hace ella aquí? Te casaste con ella por Zoe, ¿verdad? Entonces, ¿qué hace aquí ahora? Podría haber cuidado de su hija de dos años. Y todavía no nos ha dicho cómo murió Zoe. ¿Acaso no merecemos saberlo…?

Mi madre alzó cada vez más la voz, pero yo la miré y le dije:

—Será mejor que te vayas. No te necesitamos aquí.

—¿Cómo te atreves a hablarme así?… —dijo mi madre.

—Zoe… —comenzó Kaia—. Tenía fiebre y después…

La garganta de Kaia parecía habérsele cerrado. Se estaba obligando a pronunciar aquellas palabras. Rápidamente, la estreché contra mí y le acaricié el hombro.

—No tienes por qué hacerlo. No fue culpa tuya. Fue culpa mía. Lo arruiné todo. Debería haber estado aquí…

—Necesito saberlo… —interrumpió mi madre, pero yo me apresuré a decirle:

—Vete, mamá. ¿No ves en qué estado se encuentra? Ella también es de nuestra familia. Y no quiero perder a Kaia…

Pero Kaia me miró y rompió a sollozar.

—No somos una familia sin Zoe. ¿No te dije que lo nuestro se había acabado?…

Entonces, Kaia miró a su alrededor.

—¿Qué estoy haciendo aquí? Tengo que irme…

Kaia intentó marcharse, pero yo la sujeté del brazo.

—Kaia…

Pero Kaia me apartó de un empujón en el hombro.

—¿Por qué tuviste que destruirlo todo? ¿Por qué lo arruinaste? ¿Qué no te di yo? Lo recuerdo todo, Chris. ¿Cómo me chantajeaste?…

Tenía una expresión de sorpresa y traición en el rostro.

—…¿cómo menospreciaste mi impotencia? ¿Mírame ahora? ¿Cómo me detendrías? Ya no quiero vivir contigo. Zoe hizo que hiciéramos nuestros votos y ahora que ella se ha ido, yo soy libre. Ya no soy nada para ti. Y tú ya no eres nada para mí…

—Kaia, no me hagas esto. Te amo. Sigues siendo mi esposa. Podemos arreglarlo. Yo haré que todo vuelva a estar bien…

Tenía en mis manos todos aquellos años de relación que no quería desperdiciar.

—Suéltame la mano… —Kaia me miró enfadada.

—Tenemos una historia juntos, entendimiento y una rutina, Kaia. Hemos invertido mucho esfuerzo en nuestra relación y no deberíamos perderla.

—No quiero ser tu esposa… —me dijo.

—Está bien, podemos divorciarnos, pero quédate conmigo. No podemos perdernos el uno al otro después de Zoe. Haré que vuelvas a enamorarte de mí. Puedo hacerlo. No puedo ver a nadie más ocupando tu lugar…

Y ella se apresuró a interrumpirme.

—¿Te escuchas cuando hablas? Lo único que te importa es todo el esfuerzo y las emociones que se invirtieron en este matrimonio nuestro. Para ti, todo es un cálculo. Despierta, Chris. Hemos perdido a Zoe. Lo has arruinado todo y ya estás pensando en que no puedes ver a otra persona ocupando mi lugar, cuando no deberías tener a nadie ocupando mi lugar porque también la arruinarías a ella. Lo único que haces es arruinarlo todo, Chris. Déjame ir…

—Kaia, daré cualquier cosa por conservarte. Solo dilo. Nunca volveré a mirar a otra mujer. No puedo tener a nadie en tu lugar porque no existe nadie que pueda ser mi Kaia. Solo tengo una Kaia. Siempre serás la madre de Zoe. Y Zoe nunca nos dejará. Ella jamás podrá dejarnos. ¿No puedes ver que estoy intentando conservar el hogar de nuestra Zoe? Todavía puedo sentir que ella puede vernos ahora mismo. Por favor, quédate por ella. Ambos nos necesitamos. Estamos atravesando un momento difícil. Solo dime qué debo hacer y yo lo haré…

—¿De qué demonios estás hablando? Puedes conseguir a cualquier mujer… —dijo mi madre, y esta vez Kaia la miró. Pero mi madre continuó—. Déjala ir. No la necesitamos. Nunca la necesitamos. Ya no es parte de nuestra familia…

Kaia me miró antes de preguntar:

—¿Cualquier cosa que yo pida?

—Cualquier cosa, cualquier cosa, Kaia… tú vales más que todo lo que tengo…




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