Recuperar a mi exesposa

Capitulo 16

—¿Qué ha dicho ella? —espetó mi madre.

Pero, antes de que mi madre pudiera decir algo más, me escuché responder:

—Está bien, lo haré…

—Pero yo también quiero el divorcio —dijo Kaia, haciendo que inhalara bruscamente.

—No, no podemos hacer eso… —Di un paso hacia ella—. Puedes añadir cualquier cosa a esta lista, pero no el divorcio. Tienes toda la noche para pensarlo. Ahora, si has terminado de poner a prueba mi disposición a conservarte a mi lado, come algo…

Miré al chef y di una orden.—Prepara una sopa para la señora Henderson y organiza un coche con chófer para mi madre. Se marchará dentro de cinco minutos y, si no lo hace, asegúrate de que se vaya…

Sentía que tenía el control. Podía decir que había conseguido recuperar a Kaia. Ella parecía sorprendida por la rapidez con la que había decidido quedarme con ella en lugar de continuar con mi proyecto más reciente, en el que había estado tan apasionadamente involucrado últimamente.

Kaia me siguió sin oponer resistencia. La guié hasta nuestro dormitorio y conseguí que tomara al menos dos cucharadas antes de que dijera:

—No puedo más, por favor, no puedo…

Su voz sonó débil. Parecía frágil, y aquello me rompió el corazón.

—Solo duerme… —le dije mientras la arropaba con la manta.

—Necesito cambiarme… —dijo ella. Sabía que no me gustaba que se metiera en la cama con la ropa que llevaba puesta fuera de casa.

—No, simplemente apoya la cabeza en la almohada e intenta dormir.

Había añadido somníferos a su sopa.

No dejaba de recibir llamadas de amigos, socios y periodistas. Sin embargo, no contesté el teléfono. No era momento de hacer que mi nombre destacara en el mercado. Zoe había perdido la vida y, si Kaia me veía concediendo entrevistas, sin duda me culparía por no preocuparme por nuestra hija. En aquel momento, necesitábamos privacidad.

Yo tampoco me cambié de ropa y me metí en la cama. Pero no pude dormir ni un solo instante. Tenía una mano sobre la cabeza de Kaia y me preguntaba qué me había llevado hasta aquella situación. No estaba equivocado al querer controlar la dinámica de mi matrimonio. Yo debía llevar las riendas y no quería que Kaia se descuidara.

Sabía que la habría herido con mis palabras al decirle que debía perder peso, pero tenía que recordárselo para que no perdiera de vista su apariencia. Yo estaba ganando más dinero, y se suponía que ella debía ofrecerme una pareja hermosa. Pero me había perdido tanto en todo aquello que estaba a punto de perder mi matrimonio.

Pero ahora, lo que ella había pedido empezó a hacerme comprender una realidad. No podía concederle todo aquello. Incluso si lo hacía, me costaría muchísimo. Aquel proyecto generaría más de mil millones en un año. Tenía que asegurarme de que ella me diera un poco de margen.

Intenté no hablar demasiado con ella, pero me aseguré de estar siempre a su lado. Todas mis citas y negociaciones se adaptaron a la situación, pues entendían que perder a una hija era una razón legítima para no darles prioridad durante unos días.

Pasaron tres días antes de que le preguntara:

—¿No quieres ir a visitar a Zoe?

—No, ella no está allí.

Me estremecí al imaginar lo que habría sido para ella sostener a Zoe en sus brazos cuando ya estaba muerta. Aquello debía de haberla traumatizado. Pero tampoco quería que Kaia dejara de vivir su vida. Sabía que volver a la normalidad no era posible, pero tenía que salir de aquel estado.

—¿Recuerdas el proyecto que me pediste? Tengo que preguntarte cuáles son tus planes si te lo asigno…

Ella me lanzó una mirada fría y vacía.

—¿Es aquí donde intentas convencerme de que renuncie a él…?

—No, no, no. Hay mucha gente cuyos empleos dependen de ese proyecto. Tengo que asegurarme de que tienes algún tipo de visión…

Ella hizo una mueca de dolor antes de decirme:

—No quiero volver a oír la palabra «visión» salir de tu boca. Tu visión consiste en no dejar nada al azar cuando se trata de nuestra familia, mientras tú puedes salir por ahí y acostarte con otras mujeres. De verdad, no deberías poner ese edificio a mi nombre. Déjame ir. Acabemos con este matrimonio de una vez. No quiero nada de ti, porque no hay manera de que vuelva a dejar que me toques después de haberte visto haciéndolo con otra mujer…

—Kaia, no vayamos por ese camino cuando ya hemos decidido darnos una oportunidad…

—¿Cuándo he dicho yo que quiera darte otra oportunidad? Te hice una pregunta cuya respuesta sabía que no aceptarías. Y ya no me quedan fuerzas, Chris. Déjame ir…

—No me importa lo que decidas hacer con eso. Voy a ponerlo a tu nombre. Si quieres venderlo, adelante. Pero no vas a dejarme. Y eso debería darte una idea de lo en serio que me tomo el hecho de no dejarte marchar…

—No me amas, Chris. Entonces, ¿por qué quieres aferrarte a mí?

—Porque eres mi esposa, Kaia. Ya dirigía una empresa multimillonaria cuando me casé contigo. ¿De verdad crees que Zoe era la única razón? Sabía que te quería a mi lado. Me acosté con otras mujeres porque creía que podía hacerlo, pero no quiero perder mi matrimonio. No quiero pasar a la historia como un hombre que fracasó en su vida privada. Y te sorprendería saber lo elevado que es ese porcentaje. Eres un problema para mi imagen, por decirlo de una manera que puedas comprender.

Ella permaneció en silencio durante un momento antes de decir:

—Venderé ese proyecto…

—No tiene sentido… —dije antes de poder contenerme.

—Sería mío. Puedo hacer lo que quiera…

—Primero tendría que gastar una enorme cantidad de dinero para ponerlo a tu nombre y, después, perderías mucho en impuestos al venderlo. ¿Por qué no te doy el dinero directamente? En este momento está valorado en cuatrocientos veinte millones de dólares…

Pero ella se limitó a sonreír, admitiendo:

—Para ti sería demasiado fácil…

—Así que lo único que quieres es ponérmelo difícil…




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