Clara suspiró al dejar el libro, el mismo que tomó de la biblioteca la noche anterior. Marcó la página. Estaba retrasada diez minutos, pero, ¿a quién le importaba? Sonrió mientras recogía las páginas del guión que encontró en su habitación. Pablo la envió a un lugar tranquilo para que aprendiera su parlamento.
Lo que él no sabía era que su memoria era fotográfica y recordaba con gran facilidad.
Frunciendo el entrecejo, pensó en cómo la miró Pablo cuando desayunaba con Leonardo. Ella se protegió dejando a Leo con la impresión de que progresaba lentamente. Pablo no se dio cuenta de nada. Miró el reloj nuevamente. Eran las dos y media. Con eso bastaba para hacerlo enojar. Indiferente, bajó por la escalera hacia el invernadero, donde se llevarían a cabo los ensayos. Todos los presentes la miraron cuando ella entró aunque su mirada se dirigió directamente hacia Pablo. Vestido con ceñidos pantalones de mezclilla y camisa de manga corta abierta del cuello, estaba muy varonil. Además, su cabello se encontraba revuelto como si hubiera pasado los dedos impacientes por él y sus ojos tenían un brillo peligroso.
—Siento haberme retrasado —se disculpó con una sonrisa arrepentida.
—No pienses en eso. No tenemos nada que perder más que tiempo y dinero —mencionó Pablo con tono frío.
—Ya me disculpé —dijo Clara.
—¿No tienes reloj? —preguntó el hombre con desprecio y tomó su mano izquierda.
—Ya veo que sí, ¿Cartier?
—Van Cleef y Arpéis —lo corrigió dulcemente.
—Claro —se burló al soltarla—. Bien, ahora que Clara está aquí podemos continuar. ¿A donde vas? —le gritó cuando la joven se alejó.
—A sentarme —respondió la chica.
—Supongo que tienes la intención de tomar parte del ensayo ya que estás aquí. En ese caso puedes quedarte de pie como el resto de nosotros.
Clara apenas pudo contener la ira. El no tenía ningún derecho para avergonzarla en público.
—Tomen sus lugares —gritó Pablo.
—clara, ven conmigo —la condujo hacia el jardín.
—¿Sabes cuál es tu entrada? Bien, esto es lo que quiero que hagas —con profesionalismo y cuidado Pablo le indicó la forma en que se desarrollaba la escena.
Era impresionante. La meta de ese hombre era hacer la mejor película. Ella admiraba su paciencia. Olvidó sus entradas y sus parlamentos. Pablo le repitió una y otra vez lo que debía hacer. Ella escuchó con atención dando la impresión de que quería hacerlo bien, pero nuevamente falló. Se dio cuenta de la reacción de Pablo. El silencio de los demás crecía y se miraban unos a otros.
Clara sintió cierto remordimiento por frustrar un proyecto en el cual todos tenían esperanzas. A la hora de partir, los demás miembros hablaban en voz baja. Algunos se despidieron de ella pero la mayoría no eran amigables, lo que hizo que ella se marchara por otra puerta.
—Tú no, Clara.
La joven se detuvo para observar su reacción. Había ira y también una profunda frustración.
—Fue un desastre. Parece que la plática de Leonardo no tuvo efecto, después de todo.
—Estoy haciendo lo mejor que puedo —clara se llevó la mano a la mejilla, recordando la bofetada—. Nunca prometí ser Kafherine Hepbur.
—Nunca esperé que lo fueras. Sin embargo deseaba más de lo que tengo. Después de la cena volveremos a trabajar en la escena hasta que tenga algo decente que filmar.
El corazón de Clara dio un vuelco. Estar a solas con Pablo era algo que no deseaba.
—Tal vez no sea una buena idea. Sabes lo que Leo…
—Yo me encargo de él. Ve a la unidad de guardarropa. Necesitan arreglar tu vestuario, o no podremos filmar nada.
Clara se fue pensando en la lección que él le daría. Cuando entró al guardarropa encontró a Julia. Intercambiaron sonrisas cautelosas. Tenía la impresión de que ella vio todo.
—¿Cómo van las cosas? —preguntó casualmente Clara.
—No me digas que no te diste cuenta —sonrió Julia.
La mujer que le arreglaba el vestido a Julia desapareció dejándolas solas.
—clara, ¿te importaría si te hago una pregunta personal? ¿Eres feliz con Leonardo?
—¿Cómo?
—No importa, fue una descortesía de mi parte, no tengo por qué entrometerme. Si me disculpas, te diré que hacen una pareja muy rara.
Clara meditó al respecto después de que Julia se marchó. ¿Qué vio ella que los demás no se dieron cuenta? La joven estaba desconcertada...