Red: Él

Capítulo 17.

Me digo a mí mismo

“Concursa y tu obra podría ser subastada”

Blanca lo había logrado, consiguió gente interesada en la subasta con una pequeña mentira piadosa que llamó ella “programa de apoyo y talento estudiantil” o algo como eso. La noticia de las nuevos términos del concurso corrió rápido en la escuela y la cantidad de inscripciones aumentaron bastante, por supuesto.

—Tenemos los primeros avances del guion para la obra de teatro…

Había olvidado la apuesta con Allena para inscribirnos, la miré de lejos y ella hizo unas señas hacia Sweeney aunque claro era sobre la inscripción.

— ¿Esas señas insinúan que te apuntarás a la obra? —Me burlé al acercarme a ella—. Vas a honrarnos con tus dotes de actuación, supongo.

— ¿Y tú con tus dotes de persuasión? —Me miró entrecerrando sus ojos—. Sweeney me dijo sobre un benefactor misterioso por parte del director.

Mi estómago empezó a sentir un vacío extraño y hormigueante.

—Fuiste tú, ¿cierto? Tú le pediste a tu padre que hiciera la subasta y supongo que ese benefactor es su novia —aseguró en voz baja.

—No sé por qué crees eso, mi padre…

—Te oí en el restaurante. —Me miró seria y sonrió despacio antes de abrazarme—. Gracias.

Me quedé paralizado.

Mi cerebro dejó de reaccionar y mi estómago estaba sintiendo estas sensaciones extrañas, eran como hormigueos o cosquilleos, no sabía describirlas, era la primera vez que me estaba sintiendo así.

La rodeé con pena y su aroma me impregnó, luego mi corazón se calmó y sentí una profunda paz. No era un abrazo de consuelo, pero me sentí consolado por algún motivo, por esos instantes sentí que mis problemas desaparecieron y que era invencible, que podría ayudar a Allena con los suyos y ella estaría bien.

Entonces lo entendí, el amor era eso, ser el paracaídas, el escudo y el amortiguador del otro. Quería cuidar a Allena, que nadie ni nada le hiciera daño.

Cuando nos separamos nuestros rostros estaban muy cerca, creí que podríamos tener esa conversación pendiente, pero sus ojos voltearon a otro lugar y ahí sentí que mi última oportunidad de arreglar las cosas con Allena se escapó entre mis manos.

—Eliam.

—Los dejaré solos —avisó en bajo Allena alejándose de mí con sus cosas.

Melanie estaba parada en la puerta del aula, nos había visto y seguro pensaba algunas cosas que quisiera fueran equivocadas, pero no lo eran.

—No te vayas, Allena. —Se paró delante de ella—. ¿Entonces era verdad? —Reclamó viéndome y luego a Allena—. ¿Por qué me hiciste eso? Ni siquiera…

Allena volteó a verme a mí, sus ojos no tenían el mismo brillo, pero no parecía verme enojada y eso me dolía más.

—Cuando hablamos pensé que eras agradable y buena, dijiste que no ocurría nada entre Eliam y tú, pero mentiste.

¿Cuándo hablaron? ¿De qué hablaron? ¿Por qué no sabía yo de esto?

—Melanie, déjame explicar cómo están…

— ¡No! Eres un mentiroso, ambos lo son —expresó con repudio—. Tú querías robarme a mi novio y tú me engañaste con ella.

Allena le negaba sus acusaciones con su cabeza y pocas palabras en voz baja, pero Melanie no quiso oír ninguna de ellas, ni tampoco de las mías y se marchó.

—Allena, yo…

—Tú, ¿qué? —Me miró con sus ojos cristalizados—. ¿Por qué has hecho esto? ¿Por qué he ofrecido disculpas por algo que no rompí?

—Juro que esto no debía ocurrir así, pero podemos arreglarlo, podemos…

—No, no se puede. Ha sido suficiente, Eliam, ve y arréglalo con ella, tú y yo no tenemos nada que arreglar, me cansé. —Me dio una última mirada y bajó los escalones para irse.

— ¿Solo lo dejaremos así y ya? Es un problema que ocasioné y lo arreglaré, pero por favor, Allena.

— ¿Es que no lo entiendes? Todo esto —levantó la voz—, no solo es un problema que tú ocasionaste… Eliam, tú eres mi maldito problema.

—Allena, no digas eso por favor… —mi súplica no demostraba lo mucho que dolía—. Te amo.

Entreabrió sus labios cada tanto durante unos segundos, quería decir algo y no lo hacía, tampoco podía saber que querían decirme sus ojos, su rostro estaba consternado de varios formas. Me odiaba o me amaba, no había un punto medio.

—Allena…

—No —sentenció sin verme a los ojos—. No me amas, Eliam, no puedes amar a alguien que no conoces y tú no me conoces, sino sabrías sobre las veces que he tenido que tachar mi nombre de los baños a lado de un insulto.

Sus ojos se pusieron llorosos, pero no derramaba ni una sola lágrima y su voz era muy dura.

—Sabrías que las chicas me llaman zorra y los chicos creen que soy una puta, tú no sabías eso y ahora yo sé porque lo hacen. —Sonrió de una forma burlona—. Todos piensan que engañaste y dejaste a tu novia por mí.

Pero ¿qué he hecho? Arruiné la reputación de Allena y ella ni siquiera tuvo algo que ver, soy un gran imbécil.

—Pero sí sé que no es así, entonces ¿por qué no me lo has negado? —Me miró fijo esperando mi respuesta—. ¿Por qué? No puedes lastimarme con la misma persona dos veces, Eliam, no es justo.

— ¿Dos… veces?

—Aléjate de mí, Eliam Montgomery, solo me has causado problemas y por lo visto yo también a ti. —Di un pasó y ella retrocedió—. Será mejor que todo vuelva a ser cómo antes.

— ¿Cómo antes? —Balbuceé apenas escuchándome.

—A antes de que todo esto comenzara… cuando no sabías que existía.

Se dio la vuelta y la vi alejándose poco a poco, nublando mi vista como un destello lejano, casi irreconocible, probablemente por mis lágrimas. Quería ser quien cuidara a Allena, pero fui yo mismo quien le hizo daño y quien provocó que los demás la lastimen.

Allena nunca va a perdonarme y lo merezco.

Nota de la autora: Creo me entró una basurita al ojo:´(




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