Red House 24

Capítulo II: confusión, miedo y éxtasis

[Midnight City–Complejo de departamentos Holow]

 

Nuevamente me hallaba frente a la ventana, aquella brisa cálida de la tarde se había esfumado junto con el atardecer, para ser remplazada por un aire fresco y un cielo repleto de estrella, el cual no podía dejar de observar.

<<De verdad la universidad me volvió tan aburrida o verdaderamente yo estoy cambiando. Antes de comenzar a estudiar nunca me había detenido a mirar el cielo y mucho menos a reflexionar, ¿Que me está pasando?>> me pregunte para mis adentros.

El timbre de la puerta comenzó a sonar, interrumpiendo la escena y disolviendo aquellos pensamientos que pasaban por mi mente

- Un segundo ya voy –dije, tras darle un último vistazo a aquel relajante mar de estrellas.

Me dirigí caminando hacia la puerta, intentando recordad que era lo que estaba pensando hace un instante, una ves allí giré el picaporte, y me detuve a mitad del a acto, ante un detalle que robo mi atención por un instante, sin siquiera haberme asomado, desde la mirilla de la puerta se podía ver algo de color blanco en el pasillo

<< Que raro, las paredes del pasillo son de un color beis casi marrón ¿Qué es lo que estoy viendo?>> cuestione en mi mente.

Tras sentir un repentino escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, apoye mi rostro en la mirilla de la puerta y dispuesta acabar con mis inquietudes eche un vistazo a través de ella.

Fuese lo que fuese ya no estaba, observe de derecha a izquierda y de arriba a abajo, pero no había ningún objeto de color blanco del otro lado de la puerta

<< Puede que allá sido algún reflejo o tal vez solo me confundí>> supuse

Mire la hora en mi reloj de muñeca “20:10 PM”

<< Ya se le hizo tarde>> pensé.

Nuevamente puedo sentir mi teléfono vibrando en mi bolcillo, lo saco, era un mensaje de Elena

“Abre la puerta ❤”

Por lo general ella nunca manda mensajes, prefería enviar audios o hacer llamadas, porque decía que le daba pereza buscar las teclas.

<< Tal vez, no sea la única a la que le este afectado la universidad>> pensé, tras soltar una ricilla.

Dejé mis inquietudes de lado y me dispuse a abrir la puerta. 

Sentí como mi corazón se detuvo, mis manos temblaban y gotas de sudor parecían estarse gestando en mi frente, no era Elena quien estaba del otro lado de la puerta. Una persona encorvada, con el cabello enmarañado y con una máscara de payaso blanca que cubría su rostro, era quien ahora se hallaba parado frente a mí. Podía sentir como el tiempo se detenía, como las palabras de ayuda que quería gritar se quedaban atoradas en mi garganta, mientras mis pies se dormían gradualmente.

Quería cerrarle la puerta en la cara, pero el miedo me estaba petrificando. Con su caminata encorvada y moviendo su cabeza lentamente de lado a lado, empezó a acercarse, me tomo por los hombros y me acorralo contra una de las paredes del living, cerré mis ojos y me eché a temblar. Algo húmedo a la vez que cálido recorría mi rostro, era su lengua

- No has perdido el sabor – dijo una voz conocida, en un tono burlón.

Abro mis ojos, enojo y alivio recorren mi ser.

- Del uno al diez, que piensas de mi cabello – volvió a decir.

- ¿Qué pienso? ¡Pienso que casi me matas del susto Elena! – digo enojada y la aparto de un empujón.

- Ay, perdón, perdón, no pensé que te lo fueras a tomar tan en serio – dijo, mientras intentaba disimular su risa.

Me tiro sobre uno de los sofás del living y consiguiente suelto un largo suspiro, entretanto limpio la saliva de mi rostro.

- Entonces, ¿quieres ir yendo ahora o quieres descansar cinco minutos? – pregunto con un falso todo de inocencia.

- Tu falta de empatía siempre ha sido encantadora – mencione luego de limpiarme la cara.

- Eh, yo tengo mucha enpa…empa… epta… ¡bueno eso que dijiste! – trato de decir ella, algo frustrada.

- Empatía – Le corregí yo.

Luego de soltar uno que otro refunfuñeo, Elena termino por sentarse en el sofá frente a mí, nuestras miradas se cruzaron por unos instantes y muecas sonrientes se generaron en nuestros rostros, tal vez porque éramos amigas o simplemente por las tonterías que acababan de pasar

- Se te ve bonito el cabello ¿son rastas? – pregunte para acabar con el silencio del ambiente.   

- Eh, si, ¿de verdad te gusta? – pregunto ella, acariciando su pelo.

- No en realidad, con las rastas y ese pirsin que llevas en la nariz, pareces una rara combinación entre una vaca y un vagabundo que no se lava el cabello hace décadas – Le conteste entre risas.

Elena se levantó del sofá y fingiendo una falsa expresión de seriedad se me acercó

- Se queja la chica que lleva puesto un pantalón de jean blancos y un top negro sin mangas – resalto ella, con un gesto de arrogancia en su rostro.

- Aaah, ¿qué tiene de malo lo que llevo puesto? – reproche con un tono inseguro.

- ¡Pareces una zorra! – exclamo ella, sacándome la lengua infantilmente.




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