Reencarnada por la luna

Capitulo #1

Capítulo #1

Me desperté a medianoche, como lo tenía planeado. El corazón me latía con fuerza y, por más extraño que pareciera, sentía que cada latido que daba se escuchaba por toda la oscura y silenciosa casa. Me maldecía a mí misma por no poder controlarme.

—Maldición, Bethany. Si no te controlas, nos matarán —murmuré para mí.

Y aquello no era solo palabrería. Conocía a Julián mejor que nadie y sabía que, si me encontraba, me mataría sin pensarlo dos veces.

Había terminado con él, no por gusto, sino por mi padre, quien me había ofrecido a cambio de una deuda que mantenía desde hacía varios años...

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—Quédese con mi hija, Beth. Le aseguro que será de utilidad. Puede hacer con ella lo que desee, pero déjeme vivir.

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Recordé las frías palabras de mi padre y la sonrisa macabra de Julián, quien parecía haber ganado un enorme premio. Después de eso, mi vida se convirtió en un enorme abismo y la casa, donde ahora estaba mi hogar, se sentía tan triste y fría.

Julián, a pesar de nunca llegar a golpearme, me amenazaba constantemente cada vez que mencionaba que quería salir a comprar alguna cosa que me hiciera falta o solo a distraerme. Tomaba un cuchillo y se acercaba a mí, apuntándome, recordándome que aún estaba viva porque él así lo deseaba, dejándome sin comer durante días con la excusa de que así aprendería a valorar mejor sus gestos de amabilidad hacia mí.

Pero hoy todo aquello habría terminado. Llevaba semanas planeando mi escape de esta prisión. Por fin sería libre.

Sonreí y terminé de empacar mis cosas, las cuales había estado moviendo para ocultarlas semana tras semana, con la excusa de que quizá se habían roto, manchado o simplemente extraviado en el viaje hacia la lavandería.

Colgué la pequeña bolsa sobre mis hombros y avancé hacia la puerta con aires de esperanza por una vida mejor. Tenía todo planeado en mi mente: cambiaría mi nombre, me iría del país, viviría de algún trabajo por internet que me evitara salir de casa si no era necesario, al menos durante los primeros años, mientras Julián se olvidaba de mí.

Giré la perilla de aquella enorme puerta y, en ese momento, debido a la gran euforia que sentía por poder ser libre, no me di cuenta de un detalle demasiado importante...

Todo estaba siendo muy fácil...

No recordé que Julián tenía ojos y oídos en cada rincón de esta maldita casa.

Y entonces, justo ahí, cruzando la puerta, estaba él, parado con las manos dentro de los bolsillos de su traje, sonriendo como la primera vez que lo vi. Sus ojos oscuros se clavaron en los míos.

—¿Adónde ibas, Bethany?

Su voz se escuchó melodiosa y condescendiente, pero detrás había un claro tono de amenaza que yo entendía a la perfección.

Debí correr, pero no podía moverme de mi sitio. Podía sentir el temblor por todo mi cuerpo. Incluso parecía que el corazón podía detenerse en cualquier momento por lo rápido que iba.

Él se acercó a mí, sacando una mano del bolsillo de su pantalón y sosteniendo una pequeña navaja, la cual reconocía muy bien. Era la misma con la que amenazaba a mi padre en sus días de cobro, la misma con la que dejaba cicatrices en rostros y más.

—Te di oportunidades, Beth, y aun así decidiste escapar de mí...

Aquello fue lo último que escuché decir antes de que aquella navaja fuera presionada sobre mi cuello con fuerza. Pude sentir cómo la carne se abría y entonces lo entendí.

Iba a morir.

Caí al suelo, sosteniendo mi cuello con fuerza. Traté de presionar lo más que pude, pero parecía no ser suficiente. Sentía cómo, poco a poco, perdía la fuerza. Miré la puerta, que se mantenía abierta, dándome una vista hacia el jardín, y traté de arrastrarme con mis últimas fuerzas.

Aún podía irme.

Aún podía ser libre...

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Sentí mi frente húmeda y el tintineo de unas cadenas me hizo recobrar la conciencia. Intenté moverme, pero algo me sujetaba por las muñecas. Mis ojos se negaban a abrirse y, poco después, volví a caer en un profundo sueño.

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando recobré la conciencia, parecía estar en un sitio completamente diferente al primero. Ahora las sensaciones eran frío e incomodidad. Podía sentir que estaba sobre algo duro. También sentía dolor en las muñecas, donde antes parecía tener algo que me sujetaba con fuerza.

Por más que lo intenté, mis ojos se negaban a abrirse todavía.

—Dejémosla aquí. Cuando se despierte, la vendremos a ver. Nos encargaron vigilarla hasta que su juicio se lleve a cabo.

¿Juicio? ¿Vigilarme?

No entendí nada. Incluso sabía que estaban diciendo otras cosas, algo así como nombres muy extraños y cosas que no comprendí del todo.

Nuevamente sentí cómo me quedaba dormida sin poder detenerlo.

—¡Oye, tú!

Alguien me dio un par de palmadas en la mejilla con brusquedad. Me quejé un poco, pues aquello me había dolido. No reconocía la voz, pero, por más que intentaba, mis fuerzas aún no eran suficientes para poder observar mi alrededor.

—Despierta ya, mocosa.

Aquellas palabras fueron acompañadas por un fuerte jaloneo que me tumbó de la superficie donde me encontraba. Fue ahí cuando finalmente pude despertar.

Mis ojos se abrieron lentamente y lo primero que vi fueron unas botas negras, un poco manchadas por el lodo.

—Muévete, niña, o nos encarcelarán a los tres juntos —dijo otra voz que se escuchaba lejana.

Un fuerte agarre me levantó del suelo, colocándome nuevamente sobre aquella superficie fría y dura. Entonces lo vi, un poco borroso aún y con molestias por la luz que entraba de no sé dónde.

Era un joven, quizá de la misma edad que yo. Su cabeza estaba cubierta por una especie de casco. Parecía algún tipo de militar o algo cercano a eso.

—Su juicio empezará pronto. Nos han enviado a recogerla.

¿Juicio? ¿De qué juicio hablan? ¿Dónde se supone que estoy? ¿Dónde está Julián?




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