Reencarnada por la luna

Capitulo 6

Cap #6

Me llevaron hasta una habitación bastante acogedora. Las paredes de piedra estaban decoradas con algunos detalles de madera, y una pequeña ventana dejaba entrar la luz del atardecer. Antes de marcharse, me señalaron un armario donde habían dejado varias prendas. No eran precisamente el tipo de ropa que acostumbraba usar, pero después de todo lo ocurrido tampoco estaba en posición de quejarme. Elegí un vestido sencillo, de colores pálidos; una mezcla entre el rosa y crema y, una vez lista, seguí las indicaciones hasta el salón principal.

Al cruzar la entrada, disminuí el paso. La estancia era mucho más amplia de lo que esperaba: una enorme mesa rectangular de madera ocupaba el centro, rodeada de bancos, mientras varios candelabros colgados del techo bañaban el lugar con una luz cálida. El aroma de la comida recién preparada flotaba en el aire y, por un instante, aquella escena consiguió hacerme olvidar el caos que llevaba dentro. Darious ya estaba sentado; Michael permanecía junto a una de las ventanas y el alfa ocupaba el extremo de la mesa. Los tres repararon en mí.

—Vaya —murmuró Darious, divertido—. Te ves mucho más tranquila.

—No te emociones —respondí mientras tomaba asiento—. Sigo sin confiar completamente en ustedes.

Soltó una risita.

—Eso sí que suena a Nerea.

Antes de que pudiera contestar, comenzaron a llegar más personas. Las conversaciones llenaron el salón y varias voces se mezclaron entre saludos, risas y el rechinar de los bancos al moverse. Sin embargo, casi todos terminaban reparando en mí. Intenté concentrarme en los platos que empezaban a colocarse sobre la mesa, pero los murmullos hicieron imposible ignorar aquella atención.

—¿Todos ellos saben quién es Nerea? —pregunté en voz baja, inclinándome hacia Darious.

—Prácticamente todos.

—Genial...

Una mujer que acababa de entrar se detuvo en seco al verme. Su rostro perdió el color y sus ojos se abrieron con incredulidad.

—No puede ser...

El bullicio se apagó.

La mujer se acercó unos pasos, como si temiera que fuera a desaparecer frente a ella.

—Tú eres Nerea... —susurró.

—Eso dicen —respondí, alzando una ceja—. Aunque mi verdadero nombre es....

Me detuve antes de continuar, me miraban exactamente igual que cuando llegue; una extraña mezcla de devoción y... Cómo si estuviesen presenciando un milagro.

Un par de personas intercambiaron miradas, pero aquella mujer terminó sonriendo.

—Ella venía a escondidas. Cuando alguien resultaba herido, aparecía sin que nadie supiera cómo. Curaba nuestras heridas y se marchaba antes de que pudiéramos agradecerle.

—También ayudaba a los niños —añadió un hombre desde el otro extremo.

— Era una mujer excepcional, llena de amor y bondad en su corazón —continuó otra mujer—. Nunca quiso que nadie supiera que era ella.

Sentí un extraño nudo en el pecho. Bajé la mirada hacia mis manos, tratando de imaginar a aquella chica haciendo todo aquello en secreto. Resultaba difícil asimilar esa imagen con la historia de una asesina que había utilizado magia negra.

Alcé la vista hacia el alfa, buscando alguna reacción, pero permaneció callado.

—Entonces... —murmuré—,Si, ella era tan querida por todos aquí ¿por qué me miran como si hubiera vuelto de entre los muertos?

Darious sonrió de lado.

—Porque eso es exactamente lo que parece que hiciste, Beth... Cuándo una manada asume que uno de sus miembros murió es anunciado, todos aquí teníamos conocimiento sobre ello.

—¿Todos ustedes sabían que estaba muerta? —pregunté, recorriendo las caras a mi alrededor.

Varias cabezas asintieron.

—La Manada de la Luna Carmesí anunció que Nerea había muerto —explicó una mujer—. Dijeron que no había sobrevivido al rechazo.

—Nosotros les creímos —añadió un hombre—. Nadie imaginó que volveríamos a verla.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—Entonces... ¿Nadie intentó buscarme?

El ambiente se volvió incómodamente silencioso. El alfa apoyó los antebrazos sobre la mesa antes de responder.

—Porque no sabíamos dónde estabas y, según ellos, ya no había nada que buscar.

Bajé la vista.

—Qué conveniente... Que alguien decidió que estaba muerta y todos simplemente lo aceptaron. Y ahora aparezco aquí, viva, sin recordar mi pasado.

Levanté la cabeza, contemplando a quienes nos rodeaban.
El alfa comenzó a explicarme lo que conocían. La Manada de la Luna Carmesí siempre había sido posesiva con su poder y, cuando descubrieron el extraordinario don curativo de Nerea, decidieron que debía utilizarlo exclusivamente para ellos.

—Para ellos, ese poder era un recurso que les pertenecía —explicó—. Querían que curara únicamente a los miembros de la Luna Carmesí, pero Nerea se negó.

—Por eso venía aquí a escondidas —intervino Darious—. Atendía a nuestros heridos, ayudaba a los niños enfermos y regresaba antes de que pudieran descubrirla.

Una punzada de admiración me sorprendió mientras intentaba imaginarla haciendo todo aquello.

—¿Y se enteraron?

—Eventualmente. Comenzaron a vigilarla y amenazarla, pero ella siguió ayudándonos. Para Nerea, si alguien necesitaba auxilio, eso era suficiente.

Michael, que hasta entonces había permanecido callado, intervino:

—La Luna Carmesí no podía permitir que alguien con semejante poder decidiera por sí misma a quién ayudar.

Entrecerré los ojos.

—Entonces necesitaban una razón para deshacerse de ella. Pero no explica por qué querrían matarla. Si querían su poder, podían encerrarla, obligarla a curar a los suyos o mantenerla vigilada. Hacerla pasar por muerta no les convenía.

El alfa intercambió una mirada con Michael y Darious.

—Tienes razón. Si solo buscaban controlar su don, eliminarla habría sido lo menos conveniente.

— Entonces hay algo más... — dije pensando en voz alta.

—Probablemente, pero solo podemos hacer suposiciones.




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