Reencarnada por la luna

Capitulo 7

Cap #7

—¿Tú qué piensas? —me dirigí al alfa, inclinando ligeramente la cabeza—. ¿Crees que seré bonita incluso en mi forma de lobo?

El alfa me sostuvo la mirada durante unos segundos, como si estuviera considerando cuidadosamente su respuesta. Al final, una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.

—Si tu forma humana es un indicio, diría que no tienes de qué preocuparte.

Parpadeé, sorprendida.

—¿Eso fue un cumplido?

—Tómalo como quieras, Beth... Es una respuesta.

Sonreí, satisfecha.

—Me basta.

Entonces se me ocurrió otra cosa, mucho más divertida, me giré hacia Darious y Michael, mirándolos con una pizca de travesura.

— Y... ¿Ustedes podrían convertirse en lobos para mí? Quiero ver cómo son, Porfavorcito.

Darious arqueó una ceja, divertido.

—¿Ahora mismo?

—Sí. ¿Por qué no?

Michael me dedicó una mirada que dejaba bastante claro lo absurda que le parecía mi petición.

—Porque no somos animales de exhibición.

—No dije eso. —hice una breve pausa—. Solo quiero saber qué aspecto tienen. Además, si algún día voy a convertirme en uno de ustedes, creo que debería saber a qué estoy aspirando.

Darious soltó una carcajada.

—Definitivamente eres la primera persona que conozco capaz de convertir una crisis existencial en una cuestión de estética.

—Ya te dije que tengo prioridades.

Después de intercambiar un par de miradas y recibir un suspiro resignado de Michael, ambos terminaron aceptando. Salimos del castillo y nos alejamos unos metros hasta llegar a un claro rodeado de árboles. Me detuve a cierta distancia, frotándome las manos con una mezcla de curiosidad y emoción.

—Bien... —murmuré—. Cuando quieran.

—¿Estás segura? Una vez que los veas, quizá cambies de opinión sobre querer convertirte en uno de nosotros.

—Eso está por verse.

Michael negó con la cabeza y se apartó unos pasos. Darious hizo lo mismo. Entonces, frente a mis ojos, ambos comenzaron a transformarse, sus cuerpos comenzaron a cambiar. El sonido de huesos acomodándose y músculos transformándose me hizo contener el aliento. En cuestión de segundos, donde antes había dos hombres ahora había dos enormes lobos.

El de Darious tenía un pelaje gris plateado, con algunas zonas más oscuras en el lomo y las patas. Era mucho más grande de lo que había imaginado, aunque su aspecto no resultaba amenazante. Sus ojos, de un cálido tono ámbar, me observaban con una curiosidad casi divertida mientras movía ligeramente la cola y ladeaba la cabeza, como si esperara mi reacción.

—Vaya... —murmuré, incapaz de apartar la mirada.

Entonces reparé en el segundo. El lobo de Michael era completamente distinto: incluso más grande que Darious, con un pelaje negro y profundo que parecía absorber la luz del sol. Apenas unos reflejos plateados se distinguían en el cuello y el pecho. Sus ojos dorados, afilados y penetrantes, se clavaron en mí, provocándome una inmediata sensación de alerta.

Era hermoso.

Y aterrador.

Los estudié durante unos segundos, todavía procesando lo que tenía delante.

—Bueno... tengo que admitir que esperaba algo mucho menos impresionante.

El lobo gris soltó un resoplido, mientras el negro permanecía completamente inmóvil.

Entrecerré los ojos.

—Aunque ahora tengo una pregunta importante.

Darious ladeó la cabeza.

—¿Cuál?

Lo recorrí con la mirada de arriba abajo.

—¿Por qué ustedes tienen mejor cabello que yo?

El resoplido nuevo que escapó del lobo gris sonó sospechosamente parecido a una carcajada. Estaba a punto de decir algo cuando una voz detrás de mí me hizo dar un pequeño salto.

—¿Ya terminaste de examinarlos?

Me giré de golpe.

—¡¿Desde cuándo estás ahí?! — Mi voz sonó más aguda de lo normal por el susto que me había dado.

El alfa soltó una breve risa. Yo intenté recuperar la compostura antes de volver la atención hacia los dos lobos.

Entonces una nueva idea cruzó por mi cabeza.

—Espera... Tú también puedes transformarte, ¿verdad?

El alfa arqueó una ceja.

—Todos los miembros de esta manada podemos.

Mis ojos se iluminaron.

—Entonces, ¿podrías hacerlo para mí?

Por primera vez, pareció genuinamente sorprendido.

—¿También quieres verme como lobo?

—Por supuesto. —sonreí—. Ya que estamos haciendo la exhibición, sería injusto dejar al jefe fuera.

Para mi sorpresa, no discutió. Después de sostenerme la mirada durante unos segundos, simplemente asintió.

—Está bien.

Retrocedió unos pasos y comenzó a transformarse. Su cuerpo se tensó, los huesos se reacomodaron y, en cuestión de instantes, un espeso pelaje cubrió su cuerpo hasta revelar una criatura mucho más imponente de lo que esperaba.

Me quedé completamente quieta.

Era incluso más grande que Michael. Su pelaje, de un castaño tan oscuro que casi parecía negro, contrastaba con la franja más clara que recorría su pecho y parte del cuello. Sus ojos eran de un dorado profundo y, pese a la transformación, conservaban aquella misma mirada firme y tranquila.

Lo recorrí de arriba abajo, impresionada.

—Oh...

Darious soltó otro resoplido divertido.

—¿Qué? —pregunté sin apartar la vista del alfa—. Estoy evaluando.

El enorme lobo ladeó ligeramente la cabeza.

—Y bien —preguntó su voz directamente en mi mente, tan serena como siempre—. ¿Cuál es tu veredicto?

Una sonrisa apareció en mi rostro.

—Definitivamente hay glamour en esta manada.

Fue entonces cuando algo me hizo fruncir el ceño. Hasta ese momento había aceptado las voces en mi cabeza como si fueran lo más normal del mundo. Darious, Michael e incluso el alfa podían hablarme sin mover un solo centímetro de sus hocicos, y yo simplemente los escuchaba. No había sonido ni palabras pronunciadas en voz alta; sus voces aparecían directamente dentro de mi mente.




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