Reencarnada por la luna

Capitulo 8

Cap #8

Mientras caminábamos de regreso al salón, comenzaron a explicarme cómo estaba dividido el continente. Al parecer, aquel mundo era muchísimo más grande y complejo de lo que había imaginado. Las distintas especies no convivían todas en un mismo lugar; cada una tenía sus propios territorios, reinos y costumbres. Los licántropos ocupaban principalmente las regiones boscosas y montañosas, estaban divididos en numerosas manadas y cada una tenía sus propias reglas y un alfa designado, mientras que los vampiros preferían las tierras del norte, donde las noches eran más largas y los humanos rara vez se aventuraban. Las hadas habitaban principalmente los bosques encantados y los elfos tenían sus propios reinos al este. Los dragones, por su parte, se refugiaban en las montañas más alejadas.

—¿Y nunca se encuentran con uno? —pregunté, todavía intrigada.

—No es algo que quieras que ocurra, al menos que desees terminar siendo carbonizada —respondió Michael de inmediato.

—Eso dicen todos sobre las cosas interesantes.

Darious soltó una carcajada.

—Empiezo a pensar que tienes un concepto muy extraño de lo que significa estar a salvo.

Sonreí mientras continuábamos avanzando. Cuanto más escuchaba, más fascinante me parecía aquel lugar. Había reinos, criaturas y pueblos enteros de los que ni siquiera había oído hablar. Después de morir una vez y despertar en otro mundo, supongo que debería haber aprendido a no sorprenderme tan fácilmente.

Pero entonces otra duda apareció en mi cabeza.

—¿Los licántropos tienen alguna enemistad con otras especies? —pregunté, mirando al alfa—. Ya saben... como en las películas. ¿Vampiros contra hombres lobo, colmillos, mordidas, guerras eternas y todo eso?

Darious se rio.

—¿Películas?

—No importa. Responde.

El alfa negó ligeramente con la cabeza.

—Los vampiros y nosotros no somos precisamente aliados, pero tampoco estamos en guerra. Hace mucho tiempo hubo enfrentamientos entre ambas especies. Actualmente existen territorios y acuerdos que mantienen la paz.

—Entonces, cuando un vampiro ve a un licántropo, no intenta arrancarle la garganta.

—No sin una buena razón.

Lo miré de reojo.

—Eso sonó bastante específico.

Darious volvió a reír.

—Supongo que ahora estás decepcionada porque no tenemos una rivalidad digna de esas cosas a las que llamas películas.

—Un poco. —hice una mueca—. Yo esperaba algo más dramático. Ya sabes, un vampiro misterioso enamorándose de una humana, al principio se la quiere comer pero después ya no, mientras un hombre lobo musculoso aparece para complicarlo todo y entonces...

Me quedé en silenció observando a los tres hombres quienes me veían con una mueca de desconcierto total.

Parpadeé.

—¿Qué?

Darious frunció el ceño.

—No entendí nada de lo que acabas de decir.

—Nada. Olvídalo. —agité una mano—. Es mejor que siga siendo una referencia cultural perdida.

No parecían convencidos, pero decidieron dejarlo pasar. Por suerte, otra cosa llamó mi atención cuando Michael mencionó que existían especies con las que la relación era mucho más complicada.

—¿Cuáles? — pregunté mordiendome una uña de los nervios.

—Las brujas —respondió.

La sonrisa se me borró un poco.

—¿Las brujas?

El alfa asintió.

—No todas. Pero determinadas prácticas de magia han provocado conflictos durante siglos. Después de lo ocurrido contigo, será importante que comprendas que la magia no es maligna por naturaleza. Lo peligroso es cómo decide utilizarla cada persona.

—Entonces... ¿existen escuelas de magia?

—Academias —corrigió Darious—. Algunas brujas estudian allí para aprender a controlar y perfeccionar sus habilidades.

Mis ojos se iluminaron.

—¿De verdad?

—De verdad.

—¿Y cualquiera puede entrar?

—No exactamente —respondió el alfa—. Hay quienes nacen con magia, quienes poseen afinidad para determinados tipos y quienes simplemente no tienen ninguna.

Me quedé pensativa mientras avanzábamos.

—Entonces, si yo soy una bruja...

Darious levantó una ceja.

—Si eres una bruja.

—...¿podría aprender?

El alfa sostuvo mi mirada unos segundos antes de asentir.

—Si realmente posees magia, sí.

Una sonrisa se extendió por mi rostro.

—Esto cada vez se pone más interesante.

Michael soltó un suspiro.

—No sabes en lo que te estás metiendo.

—Parece que no te has dado cuenta de que nunca lo sé. —me encogí de hombros y seguí caminando—. Creo que ya se está convirtiendo en una costumbre.

Volvimos a ocupar nuestros lugares en los pequeños bancos y, ahora que la conversación se había calmado un poco, finalmente reparé en todo lo que había sobre la mesa. Había carnes asadas, guisos humeantes, verduras, panes recién horneados, frutas de todos los colores y una cantidad absurda de platillos cuyos nombres ni siquiera conocía, la mayoría tenían colores y formas extrañas. Al parecer, la comida llevaba ahí un buen rato y yo ni siquiera me había dado cuenta por estar demasiado ocupada interrogándolos sobre criaturas mágicas.

Mi estómago protestó de inmediato al detectar todos los aromas.

—Vaya... —murmuré, tomando uno de los platos—. ¿Todo esto es para nosotros?

Darious soltó una risita.

—¿Pensabas que después de todo lo que te hemos contado íbamos a dejarte morir de hambre?

—No sabía que los hombres lobo fueran tan hospitalarios.

—No te acostumbres. — respondió Michael tomando su comida con absoluta tranquilidad.

—Demasiado tarde.

Me serví un poco de carne y, apenas probé el primer bocado, mis cejas se alzaron de sorpresa.

—Esto está increíble.— saboreé la comida lentamente, dejando que mi paladar disfrutara el sabor.

Darious sonrió, satisfecho.

—Te dije que aquí comemos bien.

Seguí comiendo mientras mi mente regresaba a una de las cosas que habían mencionado antes.




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