Reencarnada por la luna

Capitulo 9

Cap #9

Ordené divertida, mirando hacia ningún lugar en específico, como si esperara que alguien invisible estuviera encargado de obedecerme.

—¿Acabas de dar una orden? — Preguntó Diarious con una ceja levantada por mi ocurrencia.

—Sípi.

—¿A quién?

Me encogí de hombros, completamente seria.

—A quien corresponda.

—¿Y qué bebida quieres?— Preguntó el alfa apoyando la cabeza en una de sus manos.

—La que sea. Hoy estoy celebrando mi nueva vida —respondí con una sonrisa, acomodándome en mi asiento.

Michael me miró con cierta incredulidad.

—¿Estás segura de que puedes beber?

Parpadeé, sorprendida por la pregunta.

—¿Por qué no podría?

—Tienes dieciocho —señaló, como si aquello fuera bastante obvio.

— En mi mundo, a los dieciocho ya soy mayor de edad —aclaré, señalándome con un dedo—. Puedo beber alcohol legalmente.

Darious intercambió una mirada con Michael antes de volver a mirarme.

—¿Así que eres adulta en tú mundo?

—Completamente.

Michael arqueó una ceja.

—Hace unas horas ni siquiera sabías dónde estabas.

— Y justamente por eso... —Abrí las manos, señalando a nuestro alrededor—. Mírame ahora: sentada en un castillo, rodeada de hombres lobo y esperando bebidas. Creo que estoy progresando bastante rápido.

—Definitivamente eres un caso perdido —comentó Darious, apoyando un brazo sobre la mesa.

—Pero un caso perdido feliz.

El alfa se levantó sin decir nada y se alejó, dejándome seguir con la mirada su recorrido por el jardín. Aproveché para observar mejor el lugar: las plantas que rodeaban el castillo, los árboles que se extendían más allá y la tranquilidad que contrastaba con todo lo extraño que había vivido desde que llegué. Por un momento, hasta me olvidé de que estaba esperando una bebida.

Entonces el alfa regresó cargando un enorme jarrón de barro entre ambas manos y lo dejó sobre la mesa con un golpe sordo que hizo vibrar ligeramente los platos.

Lo miré a él. Luego al jarrón. Después volví a mirarlo a él.

—¿Eso es... la bebida?

El alfa asintió con absoluta tranquilidad.

—Pediste bebidas.

—Sí, pero esperaba... —señalé el recipiente con una expresión confundida— algo más parecido a una botella.

Darious apoyó la otra mano sobre la mesa, conteniendo la diversión.

—¿Qué tiene de malo?

—Nada. Solo estoy intentando decidir si debo beber de aquí o meter la cabeza dentro.

Michael dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza.

—Por favor, no hagas eso.

—No prometo nada.

Tomé el enorme jarrón y lo examiné con desconfianza antes de preguntar:

—¿Seguro que esto no es para lavarse las manos?

—¿Por qué habría de serlo? —preguntó Darious, señalándolo.

—No sé. —Pasé una mano por el borde del recipiente—. En mi mundo, las bebidas suelen venir en algo que puedo sostener con una mano.

Michael se cruzó de brazos.

—Es un jarrón para vino.

—¿Un jarrón? ¿Aquí dentro hay vino?

—Sí.

Volví a contemplarlo, intentando imaginar cuántas copas debían salir de semejante cosa.

—Definitivamente este mundo necesita modernizarse.

Darious negó con la cabeza, divertido, mientras el alfa se acomodaba nuevamente en su lugar.

—¿Vas a beber o seguirás interrogando al recipiente?

—Primero necesito asegurarme de que no voy a morir otra vez.

Tomé el jarrón con ambas manos y lo acerqué lentamente a mi rostro, observándolo como si pudiera contener alguna criatura peligrosa.

Michael me observó en silencio durante unos segundos.

—Beth... es vino.

—Eso diría alguien que quiere que beba un líquido misterioso de un jarrón gigante.

—Entonces huele primero.

Acerqué la nariz al borde y aspiré con cautela.

—Huele fuerte.

—Es normal.

—Perfecto. —Sonreí satisfecha—. Si sobrevivo a esto, oficialmente puedo decir que estoy empezando mi nueva vida con estilo.

Di el primer trago y sentí el calor de la bebida deslizarse por mi garganta, dejando un ligero ardor a su paso.

—Hum... vaya, es... dulce.

Tomé otro sorbo, esta vez más profundo, y dejé que el sabor permaneciera unos segundos en mi boca antes de tragar. Hice un pequeño sonido de satisfacción, ladeando la cabeza mientras intentaba identificar cada uno de los sabores.

—Mmm... —murmuré, mirando el jarrón con una curiosidad nueva—. Definitivamente podría acostumbrarme a esto.

—Sabe como a... ¿frutas, quizá?

Di un sorbo y, tras una breve pausa, tomé otro un poco más grande, disfrutando del sabor mientras intentaba descifrarlo.

—Beth, deberías beber más despacito —sugirió Darious, señalando el jarrón con un gesto de advertencia.

Bajé la bebida y lo miré con una sonrisa divertida.

—¿Te parece que estoy bebiendo rápido?

—Un poco sí, es peligroso si no estás acostumbrada.

Miré el jarrón y luego mi propio vaso improvisado antes de encogerme de hombros.

—Pero está rico. —Le di otro pequeño sorbo, esta vez más despacio—. Además, solo estoy probando.

Darious me sostuvo la mirada durante un instante, como si no terminara de creerme.

—Claro... «solo probando».

Sonreí inocentemente y volví a beber.

Tan solo unos minutos después, sentí cómo el calor comenzaba a expandirse por mi cuerpo. Mis hombros se relajaron y una sonrisa apareció en mi rostro mientras hacía girar ligeramente el jarrón entre mis manos.

—Saben, en mi mundo tomaríamos un par de cervezas —comenté entre risas, agitando suavemente el recipiente—. También hay otros tipos de alcohol que son...

Me quedé pensando un momento y comencé a contarlos con los dedos, cada vez más animada.

—Está el tequila, el vodka, el ron, el whisky... —enumeré, levantando un dedo por cada uno—. Y hay unos que saben horrible, pero aun así la gente los toma como si fueran agua.

Darious siguió mi cuenta con curiosidad, mientras Michael permanecía atento a mis palabras, aunque su expresión comenzaba a mostrar cierta preocupación.




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