Cap #10
A la mañana siguiente desperté con un terrible dolor de cabeza, enredada entre las sábanas y prácticamente a medio caer de la cama. Abrí los ojos con dificultad y me quedé unos segundos mirando el techo, intentando reconstruir cómo había terminado allí. Entonces apareció el primer recuerdo: el jarrón.
Fruncí el ceño.
—El jarrón y yo somos amigos...
Me quedé inmóvil.
—Oh, no.
Me tapé la cara con ambas manos. Pero aquello solo consiguió que aparecieran más imágenes. Yo hablando sin parar. Yo explicándoles las bebidas de mi mundo. Yo señalando a Darious. Yo...
Abrí los dedos lentamente.
—No...
Entonces recordé haber mirado al alfa con una sonrisa y haber alargado su nombre de una manera que, definitivamente, una persona sobria jamás habría hecho.
—Edriiiik...
Sentí que la vergüenza me quemaba las mejillas.
—No puede ser.
Me dejé caer de espaldas sobre la cama, deseando desaparecer entre las sábanas. Y justo cuando creí que ya había recordado lo peor, otra imagen apareció.
—Papasito...
Me incorporé de golpe.
—¡NO!
Me cubrí la cara otra vez, apretando los ojos con fuerza mientras un gemido de vergüenza escapaba de mis labios.
—Quiero volver a morir.
Cuando finalmente salí de mi habitación, avancé pegada a la pared, asomándome con cautela antes de cada esquina y esperando no cruzarme con nadie. Mi única intención era llegar lo más lejos posible antes de que alguien pudiera reconocerme. Después de lo que había hecho la noche anterior, no estaba preparada para enfrentar ninguna mirada, mucho menos recordar en voz alta todo lo que había dicho.
Si tenía suerte, podría desaparecer durante unas horas y fingir que aquella noche jamás había ocurrido.
No duré mucho. Apenas había avanzado unos pasos cuando escuché un par de voces acercándose por el pasillo. Podría haber corrido y buscar otro camino, pero mi cuerpo decidió hacer exactamente lo contrario: me quedé pegada a la pared, cerré los ojos con fuerza y contuve hasta la respiración, como si aquello pudiera volverme invisible.
Tal vez, si no me movía, nadie notaría que estaba allí. Era un plan ridículo, pero en ese momento me pareció mi mejor opción.
Finalmente, alguien se detuvo justo a mi lado. Sentí cómo mi cuerpo se tensaba, pero mantuve los ojos cerrados y seguí completamente pegada a la pared, rezando para que aquella estrategia absurda funcionara.
—No estoy aquí... —murmuré apenas, intentando sonar convincente—. Soy parte de la pared.
Hubo un breve silencio. La persona a mi lado pareció quedarse completamente desconcertada antes de soltar un suspiro que sonó muy cercanamente parecido a una risa.
—Claro... —respondió con una calma sospechosa—. Y supongo que las paredes también hablan ahora.
—¡Exacto! —respondí de inmediato, todavía con los ojos cerrados—. Es magia.
Hubo un pequeño silencio.
—¿Magia? —repitió la voz a mi lado, claramente intentando entenderme.
—Sí... —asentí muy despacio—. Soy una pared mágica.
—Beth, estás hablando.
—Las paredes mágicas pueden hablar... Y moverse, por supuesto.
Abrí un ojo con cautela.
La persona soltó una risa breve y yo volví a cerrar los ojos, apoyando la cabeza contra la pared.
—Por favor, finge que no me viste.
—Eso sería difícil considerando que estás pegada a una pared intentando convencerme de que eres parte de ella.
—Estoy teniendo una mañana complicada— Susurré —Solo sigue tu camino, buen hombre y deja a esta humilde pared ser una pared y resolver en paz el misterio de su existencia.
Hubo un breve silencio a mi lado.
—¿Una pared... resolviendo el misterio de su existencia?
—Exactamente.
—¿Y cuánto crees que tardará?
—No lo sé. —Abrí un ojo y lo miré de reojo—. Es un misterio bastante complicado.
La persona dejó escapar una risa nuevamente y negó con la cabeza.
—Definitivamente estás peor de lo que imaginaba.
—Shhh... —llevé un dedo a mis labios—. Las paredes no hablan.
—Beth, el alfa te está esperando —me recordó la voz a mi lado—. Después de que casi incendiaras su casa...
Abrí lentamente un ojo.
—No sé de qué estás hablando. Esta pared no estuvo presente esa noche.
—Beth...
—Además, técnicamente no incendié la casa. Solo... hubo fuego.
—En la mesa.
—Un detalle insignificante, aún hay casa ¿no? — Me reí nerviosamente.
La persona suspiró, mientras yo volvía a pegar la mejilla contra la pared.
—No quiero verlo.
—Te está esperando.
—Dile que la pared está ocupada.
—¿Ocupada haciendo qué?
Me quedé pensando unos segundos.
— Ya te lo dije antes, está resolviendo el misterio de su existencia.
Hubo un breve silencio.
—Creo que deberías ir antes de que el alfa venga a buscarte.
Abrí los dos ojos de golpe.
—¡Eso sí que sería humillante! —Me separé por fin de la pared—. Está bien, voy... pero si pregunta, tú nunca me viste aquí...
Acompañé mis palabras con un movimiento exagerado de manos, como si estuviera lanzando algún hechizo extremadamente poderoso antes de echar a andar con toda la dignidad que me permitía mi dolor de cabeza. Di unos cuantos pasos en la primera dirección que encontré, intentando aparentar que sabía perfectamente a dónde iba.
No tenía la menor idea.
Por supuesto, la dignidad no duró demasiado.
Mi pie tropezó con una pequeña irregularidad del suelo y mi cuerpo se inclinó hacia delante. Agité los brazos por un segundo, conseguí recuperar el equilibrio de una manera que, en mi opinión, había sido completamente intencional y me quedé inmóvil, con la espalda recta y el mentón en alto.
Como si nada hubiera pasado.
Me aclaré la garganta.
—Todo bajo control.
Di otro paso y, esta vez, regresé junto a la otra persona con mucha más prudencia.
—¿Y… dónde está la oficina del alfa?
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reencarnación, rechazo por su mate, mate lobo alfa omega beta
Editado: 12.09.2026