Reencuentro

Capítulo I

FLASHBACK

Sollozos.

Respiración superficial.

Gritos

- ¿¡Tenías que verlo!?

Aprietos mis ojos, hace mucho frío.

Golpes contra el sillón

- No... Por favor... - chillo.

Sus manos en mi cuello aprietan cortando mi respiración cada vez más. El forcejeo que he estado implementando no funciona, el aire es escaso y tal vez no aguante. Me golpea nuevamente contra el sofá, mi cabeza rebota una y otra vez mientras los escucho decir:

- Eres... MÍA - su voz ronca y fría...

Voy a morir...

PRESENTE

Abro mis ojos de golpe, toco mi cuello tratando de reconocer el lugar, el miedo es real, el recuerdo es tan vívido como si fuera ayer.

No está... No es él... Estamos bien... Respira...

Paso mis manos por mi rostro sudoroso, mi respiración se calma cada vez que me concentro en que él no está aquí. Eso fue hace años, él debe estar en la cárcel por mucho tiempo o incluso muerto, el regusto amargo metálico de la sangre se siente en mi paladar y es ahí donde me percato que me estoy mordiendo el labio de nuevo.

Salgo de mi cama en busca de mi cepillo de dientes, odiándome a mi misma por siquiera haber amado a esa escoria que se hace llamar persona. Las voces de los gemelos Cohen se escuchan a través de las paredes y si, son unos idiotas que se han ganado mi cariño.

Hace cuatro años me mudé a la gran Ciudad, la gran Manzana... ¡Nueva York! ¡Yei! Y si, tengo tiempo que no escribo en mi diario de secretos, abrirlo me traerá recuerdo de la persona que no suelo nombrar y que en este momento quisiera clavarle una mat... Olvídenlo, como verán hoy es un nuevo día y es momento de comenzarlo con éxito y no con recuerdos dolorosos.

Me llamo Ellie Hopkins, vivo y estudio en una de las universidades de Nueva York, Licenciatura en Escritura Creativa/Letras y un Curso de Especialización. Hace 4 años comencé a escribir mi Diario de Confesiones, algo para entrenerme y derramar mi amor por él, de una manera no muy sana. Y de manera compresible, esa chica de 16 años, ilusionada con la vida, amando cada cosa que le sucedía y con muchos sueños quedó en el pasado, murió junto con todos los recuerdos de hace 4 años...

- Ellie, ya me voy.

- No estoy lista - digo terminando de cepillar mi cabello - Layla, ¿tus hermanos están en casa?

Ella sonríe de manera descarada, entra a mi habitación mirando el desorden de la misma. Layla Cohen es mi mejor amiga desde hace tres años más o menos, me ayudo en el momento que más la necesité y fue la única quien me apoyo hasta sacarme de ese infierno en la que vivía. Juntas decidimos estudiar en Nueva York, bajo el cuidado de sus hermanos gemelos. Y exactamente llevo viviendo en su casa como un año y medio.

- No.

- ¿Y por qué sonríes? - la miro disgustada.

- Un método de distracción - dice divertida, ruedo los ojos - Ya me voy ¿Te espero? Quiero ver a Max.

- Ve a ver a Max... - ella sonríe más.

Layla se despide dándome un beso en mi mejilla de marena muy sonora, nos reímos y la veo salir de mi habitación dejando la puerta abierta como de costumbre. Este es mi tercer semestre, y conocer a Layla Cohen y sus hermanos fue una bendición. Me dejaron quedarme con ellos hasta que se terminara la universidad y tienen una buena seguridad, sé que si sucediera algo ellos me protegerán de él, hasta los momentos no ha sucedido nada y espero que siga así, no quiero perder a más personas por culpa de mi pasado.

Termino de arreglarme, me miro en el espejo luego de asearse y acomodar mi cama. No soy una chica desordenada, pero hay veces que tengo días como estos donde solo quiero meterme debajo de las sábanas hasta hacerme invisible. Busco mi cuaderno que esta en el escritorio y veo el diario metido en una caja que esta debajo del estante lleno de libros. Muchas veces tengo tentaciones, donde deseo realmente releer el diario para recordar un poco y de solo pensarlo, me causa pavor. Los vellos de mi espalda se erizan sintiendo como un escalofrío recorre mi cuerpo, cierro los ojos tratando de calmar mi creciente ansiedad al toque sutil en mi puerta de mi habitación, me mantiene paralizada unos segundos.

- Hola - la voz de Ethan me calma y volteo a verlo - te ves pálida, ¿Todo bien?

- Todo bien... Supongo - sonrío de manera tensa.

- Puedo darte un aventón.

- ¡Si! Digo, si... - hace una mueca, un intento de sonrisa - Me vendría bien, gracias. Tomo mi mochila y bajo.

Ethan asiente dejándome sola en mi habitación, la cual no es tan pequeña, es acogedora y tiene lo suficiente para sentirse como, es un intento de un hogar. Las paredes están pintadas de color gris haciendo juego con los muebles de un color marrón claro, mi cama esta llena de almohadas y hecha un desastre nuevamente que, por supuesto, ordenaré más tarde. Suspiro deseando quedarme a dormir otro rato, tomo mi mochila y salgo de mi habitación. Bajo las escaleras con total rapidez hasta tropesarme con el otro gemelo: Josh.

- Ey... Hola, besa pisos.

- Ja. Ja. Ja. Chistoso.

- Si no te atrapo, besas el piso de nuevo - se ríe más divertido.

- Eres un imbécil...

- Tu favorito - dice enseñándome una bolsa de panadería.

Ruedo los ojos, cosa que lo mantiene divertido. Me entrega la bolsa que desprende un olor super rico.

- Croissant - decimos al mismo tiempo, sonrío tomando la bolsa.

- Mi hermano te espera, no tardes. Sabes que se estresa... Y se vuelve un ogro - me recuerda.

- Gracias, J.

- Di mi nombre completo, besa pisos.

Dejo su intento de reproche en el aire, cierro la puerta detrás de mí para correr hacia la camioneta, por la cual deliro a veces, de Ethan. Viste una camisa blanca con unos pantalones ajustados que no le quedan nada mal, acompañado de una chaqueta negra y su inolvidables, lentes de sol.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.