Reencuentro

Capítulo III

FLASHBACK

- Baila... Quiero ver tu culo moverse.

Sollozo.

No quiero.

No puedo.

Por favor.

- Por favor... - se levanta con brusquedad.

- Dije. Que. Bailes.

Retrocedo sin dejar de mirarlo, tropiezo cayendo con fuerza al suelo. Su mano en mi cuello me alza, su mirada fría me hace saber que esto apenas esta comenzando.

- No quieres verme enojado, zorrita.

PRESENTE

Las cosas entres los hermanos Cohen no están bien.

Pensé que aquí estaría a salvo de todo lo que he vivido en el pasado, no quería volver a sentir la desagradable sensación de no encajar en ningún sitio y ser despreciada por todos. A pesar de mi pequeño deseo, Ethan Odioso Cohen volvió a hacer de las suyas.

Cualquiera diría que nos llevamos bien, ya que soy la mejor amiga de Layla. Y la verdad les caería como un balde de agua fría. Ethan me odia y sigo sin comprenderlo, cada vez que me acerco me grita, me lastima cada vez que puede y me aterra convivir con él en específico; y más si me recuerda a él.

Esta semana ha sido una mierda, empezando con la pequeña - que no fue tan pequeña - discusión con el Odioso Cohen, continúo con que Layla y yo subimos a mi habitación, estuvimos hablando toda la noche del porqué había desaparecido sin avisar y que hacía a esas horas vagando por media Nueva York. Pues, resulta que el idiota de su novio o ex novio Max, estaba con otra, que no me acuerdo exactamente del nombre de la susodicha, besándose en la casa del desgraciado Thompson. Luego de eso, Layla estuvo caminando por toda Nueva York y sin batería en el celular para avisar de su paradero.

Odio que ella sufra al respecto, se veía feliz con el bastardo de Max y que el muy imbécil le haga esto, me dan ganas de golpearle las pelotas por poco hombre e imbécil, sacarle las tripas y... De acuerdo, no haré eso. Solo que sufra un poquito bastante por lo que le hizo pasar a Layla. En fin, no quisiera ser egoísta, pero ya la extraño, se va esta noche con Josh a Brooklyn a unas secciones de fotos. Su hermano vió que era una buena idea distraerla ya que parecía un fantasma con cada día que pasaba.

¿Y mi situación con el otro Cohen?

Bueno con ese ser, las cosas parecen estáticas. No ha estado en la casa por casi una semana entera y supongo que hoy vendrá a ducharse en irse de nuevo, dejándome sola en la gran mansión.

Vivimos en el centro de Manhattan, la mayoría de las mansiones son hermosas y está propiedad es una de ellas. Salgo de mis pensamientos cuando siento el vibrar de mi teléfono con la llegada de un mensaje.

Número desconocido: Iré a verte, zorrita.

Me tenso de inmediato, ese mensaje es muy familiar. Lo sé. Sin embargo, he recibido ese mismo mensaje durante días, quisiera decir que es de él, pero sigue preso según Google aunque eso no es muy confiable que digamos; el abogado no me ha dicho nada al respecto y eso que seguimos en contacto después de lo sucedido. El metro hace su última parada, camino por los pasillos sucios y solitarios de este lugar con el pensamiento de que es un día menos para acabar mi carrera y poder independizarme por completo, mi mayor ilusión.

Caminando por las calles a oscuras, justo no tenían que funcionar los faroles, me acerco poco a poco a la mansión Cohen, o eso pienso yo. Un escalofrío recorre mi cuerpo, esa sensación me produce acidez. Mi cuerpo sabe cuando él está cerca, sabe cuándo correr y en ocasiones, se paraliza antes la espectativa de que esté detrás de mí, me volteo a ver quién me observa, mis ojos se deslizan por las calles poco transitadas o solitarias y justo en la esquina observo con antelación un auto. Las luces que iluminan las calles se esfuman con la misma velocidad en la que se encendieron, mi corazón martilla con fuerza mi caja torácica con rapidez y el miedo comienza a nublar mi juicio.

No.

No.

No es él.

Él está preso, no está aquí.

Retrocedo aferrándome a mi mochila como si fuera mi ancla.

No puede.

No.

Me volteo para empezar a caminar más rápido, los pasos de alguien siguiéndome se escuchan, me aferro al pensamiento de que voy a llegar a la casa y estaré a salvo. El escalofrío corre por mi cuerpo nuevamente y empiezo a correr, el pecho me arde.

Falta poco.

Casi llegamos.

- ¡Ayuda! - grito.

- Cállate, si no quieres que te destripe como la zorrita que eres... Como en los viejos tiempos, así corrías cuando me veías. Me hace tan feliz recrear esos bellos recuerdos.

No me había dado cuenta de que me había alcanzado, de que sus asquerosas manos estan en mi cuerpo atrapándome y el frío metal de una navaja roza mi cuello pasando por mi garganta. Me paralizo, cierro mis ojos con fuerza, asustada.

No debo tener miedo.

Yo puedo.

Yo puedo.

No, no puedo.

Las lágrimas no tardan en salir, su nariz se pasa por mi cabello e inhala mi aroma, las arcadas vuelven junto con los recuerdos que traen consigo. Quiero apartarlo de mí, pero el miedo me tiene paralizada. Atrapada de nuevo con él. Sin poder moverme, me arrastra hacia una pared y su mano derecha pasa a mi cuello.

- Tanto tiempo, zorrita... ¿Ya me olvidaste? ¿Te diviertes con tus amiguitos? - su boca toca mi cuello, la navaja queda olvidada por un momento.

Niego.

- ¿No? - aprieta mi cuello con su mano - Como ya creciste, crees que puedes olvidarme ¿Eh? Las niñas como tu obedecen a sus amos.

La cuchilla vuelve a tocar esa vena palpitante de mi cuello, su lengua pasa por mis labios e intenta introducirla, lo muerdo y gruñe molesto, me empuja contra la pared con fuerza sacándome el poco aire que entraba en mis pulmones debido al pánico de antes.

Como puedo, abro mis ojos y ahí está él. Sus ojos verdes, casi avellana, sus labios finos y su sonrisa tan asquerosa, sus manos rústicas y fuertes, es él. Esta aquí, no lo entiendo ¿Como llegó aquí? Su voz rasposa y gruesa me saca de los pensamientos de nuevo, es la misma que sigo recordando y sigue torturándome por las noches. No soy capaz de soportar otro encuentro, no voy a soportar esto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.