Reencuentro (edición y actualización)

CAPÍTULO VII

Llegué al hotel nuevamente y Noah estaba sentado en uno de los muebles de la sala de espera, me acerqué y me invitó a tomar asiento junto a él.

-Hola de nuevo.

-¡Qué hermosa estás! -exclamó mientras ensanchaba un poco los ojos.

-Gracias, tu también… estás guapo con ese… traje -dije casi en un susurro por lo tensa que me ponía la situación.

-Puedes irte acostumbrando a verme así ya que normalmente uso traje. ¿Vamos?

No dije más nada; él salió adelante y abrió una de las puertas traseras de el auto que había visto horas antes, subimos y el chofer nos llevó a un lugar que yo no conocía, era muy lujoso, las paredes eran en piedra y tanto por dentro como por fuera, había poca luz: un par de lámparas pequeñas en la entrada, adentro, varias luces de neón. A pesar de haber varias mesas, el lugar estaba vacío.

Agarró mi mano y me llevó más al fondo, detrás de una cortina de terciopelo rojo, entramos y me quedé perpleja por lo que estaba viendo.

Era algo así como una terraza, el piso era de madera, con unas luces tenues en todo el rededor, a los extremos un par de palmeras muy bonitas y en el medio una pequeña mesa con dos sillas.

-Casi no salgo con chicas, pero cuando lo hago suceden cosas así.

-Entonces ya haz hecho esto para otras.

-No, solo con quienes lo merezca.

-¿Qué quieres decir?

-Intento decir que no hago esto la primera vez que salgo con una mujer.

-Lo tomaré como un halago, entonces.

Ahí estaba de nuevo su perfecta sonrisa, algo me decía que siempre decía eso a cualquiera esperando que se lo creyera, pues yo no.

Un rato más tarde llegó un hombre con una botella de vino tinto, sirvió ambas copas y luego se fue.

-Espero que sea de tu agrado, estos vinos son de la empresa de un amigo.

-Me gustaría conocerlo.

-Te lo presentaré más adelante,

Hablamos un poco más hasta que una melodía comenzó a sonar detrás de mí, me giré y un hombre tocaba suavemente un piano que no vi cuando entré.

Sin pensarlo, Noah tomó mi mano, lo medité un par de segundos, me levanté de mi silla y empezamos a bailar.

Las notas se desvanecían rápidamente. La forma en como su mano se posó sobre mi cintura me hizo erizar la piel, sus ojos estaban fijos en mí, pero no me incomodaba, al contrario, mantuve mi mirada con la suya; las luces daban calidez a sus oscuros ojos y parecían sostener secretos en su interior.

El tiempo transcurrió rápido, aún no quería que acabara, así que le pedí bailar de nuevo a lo cual no se negó. Mis impulsos me obligaron a reclinar mi cabeza sobre su pecho, me sentía renovada.

La canción terminó y regresamos a nuestros asientos.

-Me habías dicho que no vivías aquí y en la tarjeta que me diste dice que eres abogado.

-Así es, me fui a trabajar a Europa.

-Pero ¿te hospedas aquí?

-Si y no.

-¿Cómo?

-Soy el dueño de ese hotel.

-¿También eres empresario?

-Apenas comienzo, es de mi padre, pero quiere que yo me haga cargo cuando él ya no esté.

-¿Por eso viniste?

-Exacto.

El hombre de antes llegó de nuevo, esta vez con la cena, eran mariscos con ensalada, se veía delicioso.

Después de cenar, continuamos con un postre exquisito. Lastimosamente, aunque la luna menguante iluminaba el cielo, las nubes venideras indicaban que pronto llovería, y así fue.

Algunas gotas habían caído sobre mis brazos, lo cual me produjo algo de frío.

-Yo sé como podemos amortiguar el frío que hace -La mirada además de una pequeña sonrisa de Noah me insinuaba muchas cosas.

-¿Cómo?

Se acercaba peligrosamente a mí mientras yo esperaba que no me hiciera nada por la forma como me acorralaba contra una pared. Se quitó el saco y yo, por mi parte no podía moverme de allí, pasó su mano por mi espalda y me acercó a él de un tirón.

Puso el saco sobre mis hombros para que ya no sintiera frío, luego tomó mi mano y me llevó hasta la barra del lugar. Rápidamente el barman sacó dos vasos y los llenó de licor.

Me senté e intenté disimular el sonrojo de mi cara. Aunque por como me miraba sabía que él ya se había dado cuenta.

-¿Qué es esto?

-Es vodka.

-Pero yo no tomo.

-Anímate. Tómate este, luego pides lo que quieras.

Di un pequeño trago y a pesar de que estaba algo fuerte, lo aguanté.

-¿Te molestaría hablarme sobre ti?

-¿Qué quieres que te diga?

-¿Quién te esperaba fuera del hotel?




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