Narra Aylee
Coloqué el teléfono celular boca abajo sobre la mesita de noche. Ese simple acto de haberle enviado un mensaje a Kerem me dejó con las manos frías y el corazón latiendo desbocado en el pecho.
«¿En verdad hice lo correcto?», me pregunté en silencio, escuchando la respiración pausada de mis hijos mientras dormían.
No pensaba mal de Kerem; sabía lo trabajador y correcto que era. Pero él era un hombre libre, mientras que mi vida orbitaba enteramente alrededor de dos pequeños que dependían por completo de mí. Tener hijos jamás había sido una atadura para mí, pero ser madre exigía un nivel de responsabilidad y tiempo que no cualquiera entendía. Me asustaba la idea de alterar la estabilidad que tanto me había costado construir para mi familia.
El silencio de la habitación se volvió sofocante. Miré la pantalla sobre la mesita: nada. Una sonrisa amarga se me dibujó en los labios por la ingenuidad de esperar una respuesta inmediata a altas horas de la noche. Me acomodé bajo las sábanas, obligándome a cerrar los ojos para descansar, sabiendo que el día siguiente exigiría toda mi energía.
Narra Kerem
Salí de la ducha secándome el cabello con la toalla. Al acercarme a la cama, un destello en la pantalla del celular atrapó mi atención. Tomé el dispositivo y me quedé paralizado al ver la notificación entrante: Aylee.
Durante días me repetí que era ella quien debía dar el primer paso si quería retomar el contacto, pues fue quien decidió tomar distancia. Tener la confirmación frente a mis ojos me tomó por sorpresa. Leí la vista previa de su mensaje una y otra vez. La tentación de entablar una conversación larga fue enorme, pero la razón se impuso. Era tarde, al día siguiente me esperaba una jornada laboral pesada y sabía que la vida de Aylee requería respeto y claridad desde el primer instante.
Para no dejarla en visto, abrí la aplicación y le redacté una respuesta corta y sincera:
"Hola, Aylee. A mí también me dio mucho gusto verte en el restaurante Lucca. Espero que te encuentres muy bien. Disculpa la hora, voy saliendo de la ducha y he tenido un día bastante largo. Ya debo descansar porque mañana madrugo, pero deseaba responderte. Espero que tengas una feliz noche."
Presioné enviar. El doble tick azul se marcó al instante y vi la etiqueta "En línea" bajo su nombre. Sonreí de lado al saber que ella también aguardaba la respuesta. Dejé el teléfono en la mesita, me acomodé en la cama y cerré los ojos con la certeza de que la puerta estaba abierta.
Narra Aylee
El sonido de la alarma me devolvió a la realidad a primera hora de la mañana. Me levanté con energía, sintiendo un alivio cálido en el pecho al recordar el mensaje que Kerem me había dejado antes de dormir. Saber de él de nuevo me confirmó que no había sido un error escribirle.
Tras despedir a mi mamá, quien salió temprano a su trabajo, me concentré en la rutina de la casa. Preparé el desayuno, alisté a Aiden con su uniforme escolar y me aseguré de dejar a Ayla lista. Salimos a tiempo para que Aiden llegara puntual a sus clases del turno de la mañana.
De regreso en casa, aproveché las horas de silencio para hacer la limpieza, ordenar las habitaciones y lavar la ropa acumulada. Entre quehacer y quehacer, saqué el teléfono del bolsillo. Sabía perfectamente que yo había sido la persona que cerró la puerta en el pasado y que me correspondía a mí mantener la iniciativa.
Le escribí un mensaje sencillo:
"Hola Kerem, buenos días. Espero que tengas un buen día de trabajo hoy. Quería agradecerte por responder mi mensaje de anoche. Me alegra mucho que nos estemos volviendo a escribir."
Pasaron unos minutos hasta que el teléfono vibró sobre la mesa de la cocina mientras yo picaba los vegetales para la comida.
"Hola Aylee, buenos días. Por aquí ando un poco enredado con el trabajo hoy, pero todo bien. Me alegra a mí también saber de ti. ¿Tú cómo estás?"
Sonreí frente a la pantalla y le respondí al instante:
"Estoy bien, acomodando unas cosas en casa. Ánimo con el trabajo, seguimos hablando luego."
Al llegar el mediodía, vestí a Ayla, la tomé de la manita y salimos juntas a tomar el transporte público para ir a buscar a Aiden a la escuela. El autobús venía algo concurrido, pero una señora muy amable me cedió el asiento al ver a la niña caminar a mi lado.
—Muchas gracias, muy amable de su parte —le dije con una sonrisa sincera.
—De nada, mija. Qué hermosa está esa niña —me respondió con calidez antes de bajarse en la siguiente parada.
Al llegar a la escuela, Aiden salió corriendo con su sonrisa característica y su mochila a cuestas. Los tres caminamos unas cuadras hasta el abasto del barrio para comprar los ingredientes que me faltaban.
—Buenas tardes, señor Burak —saludé al entrar al establecimiento.
—¡Buenas tardes, Aylee! ¿Cómo están esos campeones hoy? —preguntó el tendero mientras me pesaba un kilo de arroz y unos condimentos.
—Muy bien, gracias a Dios, haciendo los mandados del día.
Tras pagar y despedirme, regresamos a casa. Serví la comida para los niños; yo solo piqué un poco de alimento porque la verdad no tenía mucha hambre. Luego ayudé a Aiden a repasar sus tareas de la escuela mientras Ayla jugaba en la sala. La tarde transcurrió entre el orden del hogar y pequeñas pausas donde Kerem y yo intercambiábamos mensajes breves sobre nuestro día. La soltura entre los dos seguía intacta, como si el tiempo no hubiera pasado.
Cerca de las cinco de la tarde, cuando la casa volvió a estar en calma y los niños jugaban tranquilos, me senté en el sofá a descansar un momento. Tomé el celular y le escribí a Kerem, sintiendo que era el momento adecuado para dar el siguiente paso:
"Kerem, he estado pensando mucho en estos días... Sé que ambos tenemos muchas cosas que hacer, pero me gustaría saber si en algún momento podríamos vernos para tomar un café y hablar con calma en persona."