Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 59. EL SUSURRÓ TRUNCADO

El Maybach blindado regresó a los portones de hierro de la mansión Del Vecchio bajo el manto de una madrugada serena. El bullicio de la gala anual, los aplausos subordinados de la alta sociedad y el eco de la estrepitosa caída de Doña Soledad habían quedado atrás, en el centro de Milán. Dentro del vehículo, la tensión combativa que había gobernado el día se había disipado, reemplazada por una calma profunda y una complicidad que ninguno de los dos había experimentado jamás.

Al cruzar el umbral de la suite presidencial, el silencio de la residencia los envolvió de inmediato. Ignacio se despojó de la chaqueta del frac y la arrojó sobre un diván, desabotonando los primeros botones de su camisa con un suspiro de alivio. Ángela se acercó al gran ventanal que daba a los jardines iluminados se quitó los guantes negros de seda, sintiendo el aire fresco de la noche colarse por la rendija del cristal.

Ignacio caminó hacia ella con pasos pausados. Su aroma a sándalo precedió su cercanía y con una reverencia suave y desprovista de su antigua brutalidad, rodeó su cintura con sus brazos de acero, pegando la espalda de Ángela contra su pecho. Ella no se tensó, al contrario, apoyó la cabeza en su hombro, dejándose envolver por esa fijeza protectora que él le había jurado. Ambos sabían que las deudas con los Del Valle y con Bianca estaban saldadas y que Doña Soledad no volvería a cruzar el jardín sin pedir permiso. Estaban listos para dejar el pasado atrás y edificar una vida en pareja bajo los nuevos términos de igualdad que el temporizador de ciento ochenta días había inaugurado.

Sin embargo, el peso del secreto quemaba en el pecho de Ángela. Ver la devoción honesta, salvaje y posesiva en los ojos oscuros de Ignacio la hacía sentir el rigor de una mentira existencial. Él estaba enamorándose de una versión letal de su esposa, creía firmemente que el acantilado había liberado el fuego de Ciara Rossi.

Ángela respiró hondo, tomando el control de sus nervios de supermodelo y se giró despacio en su agarre para mirarlo de frente. Sus manos se posaron en el pecho de Ignacio, sintiendo el latido constante de su corazón.

  • Ignacio, mírame - susurró Ángela, y su voz moduló en una frecuencia de una honestidad tan densa que el magnate contuvu el aliento, intrigado - Me has dado tu imperio, has quemado tus barcos por mí y estás dispuesto a ser mi escudo pero para iniciar esta vida juntos, necesito que escuches algo. Algo que va a desafiar todo lo que crees saber sobre la lógica de este mundo.

Ignacio la observó con una fijeza mística, acariciando la línea de su mandíbula con el pulgar.

  • Te escucho, mi reina. Te lo dije en el vestidor no me importa qué demonios haya pasado en ese coche, estoy contigo.
  • Es que no se trata del coche, Ignacio - continuó Ángela, midiendo cada sílaba, lista para revelarle que la verdadera Ciara había muerto en el fango y que ella era una extraña de otro universo - La mujer que tienes enfrente, la que te desafía, la que audita tus activos y la que durmió anoche entre tus brazos... no es Ciara. Yo no soy... - Un zumbido agudo, violento y estridente cortó el aire de la suite presidencial de golpe, truncando la frase en su garganta.

El teléfono satelital guardado en el cajón del tocador de mármol, parpadeaba con una luz azul frenética. El búnker digital de la división Alfa estaba rompiendo el protocolo de la madrugada. Ignacio se tensó y Ángela, tragándose la confesión que había quedado suspendida en un hilo de voz, caminó hacia el mueble y extrajo el terminal limpio. Deslizó el dedo por la pantalla y activó el altavoz.

  • Habla la señora Del Vecchio - sentenció Ángela, recuperando instantáneamente la rigidez militar de su postura.
  • Señora, señor, disculpen la intromisión, pero los servidores de la zona alpina acaban de registrar un movimiento crítico - la voz del analista de élite resonó en la habitación, cargada de una urgencia quirúrgica - El barrido de reconocimiento facial en las cámaras de seguridad del distrito financiero de Zúrich ha dado positivo. Tenemos la primera confirmación visual actual de Sophie Del Rio.

Ignacio se colocó de inmediato al lado de Ángela, con los ojos oscuros fijos en la pantalla del dispositivo, donde un archivo de imagen encriptado acababa de descargarse de forma automática.

  • Despliega la imagen en la pantalla de la suite ahora mismo - ordenó Ignacio, y su voz de trueno contenido borró cualquier rastro de la intimidad previa.

Un segundo después, el monitor principal de la habitación se encendió, revelando una fotografía de alta resolución tomada hacía menos de veinte minutos en una de las avenidas principales de Zúrich. La imagen mostraba a una mujer de unos veintitantos años caminando bajo la lluvia, vistiendo un abrigo sastre impecable.

Ángela se acercó un paso al monitor, conteniendo el aliento. En la pantalla, las dos mujeres se parecían muchísimo. La estructura de los pómulos, la forma almendrada de los ojos y la línea aristocrática de la mandíbula eran prácticamente idénticas a las del rostro que Ángela veía cada mañana en el espejo. Solo que Sophie era una versión más joven, una estampa de frescura biológica desprovista de las sutiles cicatrices emocionales que el tiempo y la tragedia habían grabado en las facciones de Ciara. El lazo de sangre Rossi era innegable, una simetría genética tan perfecta que helaba la sangre.

Ignacio dio un paso al frente, clavando sus ojos oscuros en la pantalla, completamente hipnotizado por la asombrosa similitud.

  • Es idéntica a ti, Ciara... - susurró Ignacio, y por primera vez su voz arrastró un matiz de absoluto asombro ante la prueba de que Valeria Rossi estaba viva - Es tu vivo reflejo, solo que el tiempo se detuvo para ella en una versión más joven.

Ángela asintió lentamente, asimilando el impacto visual de su verdadera sangre. La revelación que Ignacio había interrumpido quedó sepultada en el aire de la suite presidencial. El guion de la novela seguía mutando, cobrando una vida propia y salvaje que ahora la obligaba a cruzar las fronteras de Milán. Tenía una hermana con su mismo rostro esperándola en los Alpes y la primera coordenada de Suiza estaba lista para arrastrarlos a ambos hacia una guerra de escala transnacional.




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