—No puedo asistir a esas clases; tengo todo el día ocupado.
Brenda no dejaba de quejarse. En realidad, no le molestaba tomar clases de baile de salón. Lo que realmente detestaba era tener que hacer pareja con Tobías.
—No importa. Vas a ir, y punto.
La voz firme de su madre puso fin a la discusión. Brenda guardó silencio y aceptó a regañadientes.
Sabía perfectamente que, cuando su madre tomaba una decisión, era imposible hacerla cambiar de opinión.
No tenía otra opción más que asistir… aunque eso significara compartir la pista de baile con el chico que menos soportaba.