Reflejo Del Corazón #3

Capitulo 1: ¿Baile es igual a tortura?

BRENDA CRAWFORD.

Si me preguntan qué es peor que bailar con Tobías Sullivan, diría que nada. Literalmente nada.

Tobías Sullivan es el capitán del equipo de fútbol. El más popular. El más deseado. El más mujeriego de toda la escuela. Se ha besado con la mitad del colegio y con la otra mitad quiere besarse.

Y yo soy Brenda Crawford. La porrista principal. La más popular. La más deseada. Un tanto zorra, según dicen por ahí. Me he besado con la mitad del colegio y con la otra mitad no quiero, pero podría.

Somos el reflejo del otro. Y por eso nos odiamos.

— ¡No pienso bailar con él! — le digo a las Muñecas en el vestuario.

Estamos las 10. Como siempre. Vanessa Ford con su panza de embarazada falsa para la obra de teatro, Irina Gibson con su collar de Travis que no se saca nunca, Olivia Reynolds anotando todo, Erin y Yasmin Duncan riéndose, Mía Mason, Laila Kennedy, Kala Stone y Pía Fox grabando.

— Pero si te encanta bailar — dice Mía.

— Me encanta bailar. No me encanta bailar CON TOBÍAS. Hay una diferencia enorme.

— Es guapo — dice Pía.

— Es insoportable — corrijo—. La última vez que bailamos juntos en una fiesta me pisó a propósito y me dijo que mis pompones eran de nena de primaria.

Irina se ríe.

— ¿Y vos qué le dijiste?

— Que su peinado parecía un nido de carancho.

Todas se ríen. Vanessa, que conoce a los Sullivan mejor que nadie porque está con Jordan, me mira seria.

— Brenda, Tobías no es malo. Es igual que vos. Solo que en versión chico. Y con peor peinado.

— ¡Gracias!

— Lo que quiere decir Vanessa — traduce Olivia, la nerd — es que ambos usan su popularidad como escudo. Según mi análisis psicológico...

— ¡Olivia, no!

Suena la campana. Clases de baile de salón. Obligatorias. Organizadas por la escuela. Obligadas por nuestros padres.

¿Por qué? Porque nuestros padres son amigos. Los Crawford y los Sullivan hacen negocios juntos. Y decidieron que sería "bueno para nuestra imagen" que sus hijos populares tomen clases de baile juntos. Asco.

Entro al salón. Y ahí está él.

Tobías Sullivan. Camisa blanca, pantalón negro, pelo peinado para atrás. Todos los demás chicos transpirando y él parece modelo. Mujeriego.

Me ve. Sonríe. Esa sonrisa que usa para que todas caigan.

— Hola, porrista.

— Hola, perro.

— ¿Lista para que te pise otra vez?

— ¿Listo para que te deje en ridículo otra vez?

La profesora de baile aplaude.

— ¡Parejas! ¡Crawford con Sullivan! ¡Como siempre!

— ¿Como siempre? — digo yo.

— Sus padres lo pidieron — dice la profesora—. Dicen que hacen linda pareja.

Tobías y yo nos miramos con asco. O eso parece. Pero nos acercamos.

Me pone una mano en la cintura. Yo le pongo una mano en el hombro. Estamos a 20 centímetros. Huele a perfume caro. Como todos los Sullivan.

— No me toques mucho — le digo bajito.

— No te ilusiones, Crawford. No sos mi tipo.

— ¿Ah no? ¿Cuál es tu tipo? ¿La que respire?

— Mi tipo no es una porrista que se cree la dueña del colegio.

— Y mi tipo no es un futbolista que se cree que todas quieren con él.

— ¿Todas no quieren?

— Yo no.

— Mentira.

La música empieza. Vals. Tenemos que bailar vals.

Tobías me lleva. Y odio admitirlo, pero baila bien. Muy bien. Me lleva tan bien que parece que flotamos.

— ¿Dónde aprendiste a bailar? — le pregunto sin querer.

— Mi mamá me obligó desde los 8. ¿Vos?

— Mi mamá también. Desde los 6.

Nos miramos. Otra cosa en común. Qué asco.

— ¿Ves? — dice él—. Somos iguales. Por eso nos odiamos.

— No te odio — digo—. Odio tu reflejo. Porque me recuerda a mí.

Se queda callado un segundo. Como si le hubiera pegado.

— Esa frase está buena — dice—. ¿De dónde la sacaste?

— De nuestro libro. Reflejo Del Corazón. Lo escribió Olivia.

Olivia, desde la esquina del salón, levanta su cuaderno y grita: ¡ES EL TÍTULO DEL LIBRO!

Todos nos miran. Tobías y yo seguimos bailando, pero ahora todos nos miran.

— Nos están mirando — dice Tobías.

— Que miren.

— Hacemos linda pareja, ¿no?

— Cállate y baila, Sullivan.

Y bailamos. Odiándonos. Pero sin soltarnos.

¿Esto es odio?

No. Esto no es odio. Odio no te hace temblar cuando te tocan la cintura.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.