Para entender la raíz de este pasaje, es necesario definir el concepto de limerencia. La limerencia se refiere a lo que comúnmente confundimos con “amor intenso” o “enamoramiento extremo”. No obstante, desde la neurobiología, esto no es amor; es una obsesión relacional caracterizada por una necesidad absoluta y desesperada de ser correspondido. Básicamente, es como el decir: “Quiero que sea ella, pero QUIERO que sea ELLA”. En términos simples, esto es equivalente a un secuestro de dopamina: el cerebro se vuelve adicto a la validación de la otra persona (idealizando por completo a la persona) y entra en un bucle de ansiedad ante cualquier señal de rechazo o ambigüedad.
Ahora bien, ¿cómo se diferencia el estado de enamoramiento de la limerencia? Mientras que el enamoramiento se enfoca en la atracción por la persona real —donde se disfruta su presencia, se busca reciprocidad y, si no se da, se experimenta dolor para eventualmente avanzar—, la limerencia se enfoca en la recompensa. Es un mecanismo de refuerzo intermitente en el cual el silencio del otro genera un síndrome de abstinencia atroz, y un mensaje de tres palabras se siente como una dosis de droga.
Para contrastar esta idea, vale la pena citar un fragmento de un libro que ando leyendo titulado “Tus zonas erróneas”:
Si disfrutas de tu manera de interactuar con cualquier persona y ésta no interfiere con las metas que te has puesto en tu vida, pues entonces no vale la pena cambiarla sino más bien aferrarte a ella.
Es en este punto donde la limerencia rompe por completo esta regla de oro. Al ser una obsesión que drena la atención y el espacio mental, interfiere directamente con los objetivos, el rendimiento y la paz de quien la padece, convirtiéndose en una conducta disfuncional que exige un reajuste inmediato.
Recientemente conocí a una persona, me agrada el como es ella, me agrada el como pasamos el tiempo juntos, tengo curiosidad de conocerla, es un poco complicado por el tema de los tiempos para poder acordar una cita. Al principio pensé que era limerencia, pero después me di cuenta que no interfiere directamente con las metas que ya tengo establecidas, sino que me motiva a seguir con ellas y eso me hace sentir bien.
NovaStar