No guardes enojo con los que te persiguen, ni con los que te insulten, ni porque te injurien y te maldigan, aguanta en el Señor; no te defiendas y aguanta, porque en los cielos hay quien defienda al justo, y escrito esta: Mia es la venganza. Así que, deja que Dios se encargue de todo, él lo hará mejor. Él es especialista en darle la paga que corresponde a todo aquel que toque con su pequeño. Y tú perdona a los que te agravien tanto verbal, espiritual y físicamente.
Nuestro deber es amar a nuestro prójimo, por más dura que sea la ofensa que nos hayan hecho.
Porque si no perdonamos a los que nos ofenden, pues Dios tan poco nos perdonará.