Si ves a tu prójimo que esta enfermo, no le desalientes diciéndole que tiene cosa mala, cosa maligna; si no eres médico, calla; y arrepiéntete de tu maldad, porque es mucho mejor que a tu hermano o hermana, conocido o no conocido, amigo o compañero; le digas palabras positivas, palabras de aliento, palabras de fe, porque Dios lo puede todo.