Buscamos de Dios, y al mismo tiempo nos burlamos de nuestro prójimo, buscamos de Dios, y al mismo tiempo ultrajamos a nuestro semejante, buscamos de Dios, y vemos por encima al otro, creyéndonos más que el otro, buscamos de Dios, y al mismo tiempo insultamos e injuriamos al compañero.
Decimos Señor, Señor, Señor, y al mismo tiempo maltratamos y humillamos a nuestros hermanos. ¿Acaso Dios no tiene ojos para ver todo esto? ¿No tiene oídos para escuchar todo esto? Reflexionemos y renovémonos en Dios, y seamos verdaderos hijos de Dios.