El evangelio se tiene que predicar por todo el mundo, para que en ningún lugar o rincón de este planeta; no se vaya a quedar sin que hablen de la palabra de Dios. De la preciosa y maravillosa palabra de Dios. Para que nadie diga cuando llegue el fin: A mí no me dijeron, o digan: Yo no sé de eso porque nadie me enseñó, o mencionen: Yo no escuche hablar de eso, o digan también: A mí nadie me visitó para hablarme de la salvación de mi alma.
Estamos a tiempo; busquemos del Señor, el Rey de Reyes y Señor de Señores, Jesucristo; él es nuestro salvador.