Refugio Inesperado

Capítulo 34

El avión se sacudió ligeramente al cruzar una zona de turbulencias, pero el vaivén no era nada comparado con el terremoto que rugía en el pecho de Milena. Toda su vida quedaba atrás, un sueño teñido de ocre y gris que se desvanecía entre las nubes. Junto a ella, Damián dormitaba, una sonrisa leve y satisfecha jugueteando en sus labios. Esa misma sonrisa que, hacía apenas doce horas, ella había creído la encarnación de la felicidad.

Ahora, cada vez que lo miraba, solo veía un elaborado decorado a punto de derrumbarse.

La conversación con Sofía, la "amiga" de Damián, resonaba en su mente como un eco envenenado. No había sido un encuentro casual. Sofía la había estado esperando en el lobby del hotel, con una amabilidad que goteaba lástima.

—Milena, ¿verdad? Damián me ha hablado mucho de ti. Me alegra que hayas podido acompañarle en este viaje de negocios.

La palabra negocios había sido subrayada con una entonación sutil, pero letal. Milena, confiada, había picado el anzuelo.

—Sí, ha sido una sorpresa maravillosa. Aunque ha tenido que trabajar, hemos robado algunos momentos, —había respondido, sintiendo cómo un hilo de inquietud le recorría la espalda.

Sofía había inclinado la cabeza, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Es un encanto, ¿verdad? Siempre tan… considerado. Sobre todo cuando quiere impresionar a un nuevo cliente o cerrar un trato importante. Dice que un entorno agradable y una compañía inspiradora son la clave del éxito.

El mundo de Milena comenzó a girar más despacio.

—¿Qué… qué quieres decir?

—Cariño, —Sofía había soltado, con un falso tono de complicidad, —¿creíste que esto era un viaje para una exposición de artes? Damián tiene una reunión crucial mañana con inversores berlinés. Le encanta llegar relajado, con la mente despejada. Y tú, querida, eres su… terapia de pre-reunión.

Cada palabra fue un clavo en el corazón de Milena. El cuarto de hotel con vistas, las cenas en restaurantes exclusivos, los paseos por la noche… todo era parte de un guion escrito para beneficio de Damián.

—No… no es verdad. Él me lo pidió, dijo que quería que conociera su mundo… —La voz de Milena sonó débil, incluso para sus propios oídos.

—Su mundo es el cierre de ventas, Milena. Y tú, en este momento, eres una herramienta más. Una muy bonita, sin duda. Pero una herramienta al fin. Siempre hace lo mismo. ¿Nunca te preguntaste por qué un hombre como él, tan exitoso, no tiene una relación estable?

El zumbido en los oídos de Milena ahogó el resto del discurso de Sofía. Solo atinó a dar media vuelta y subir a la habitación, donde encontró a Damián revisando una presentación en su tablet. Él alzó la vista, sonriente.

—Cariño, ¿todo bien? Tienes mala cara.

Ella no respondió. Se dirigió directamente a la maleta y comenzó a meter sus cosas con movimientos bruscos y mecánicos.

—Milena, ¿qué haces? ¿Qué pasa? —La voz de Damián perdió su tono despreocupado.

—Lo sé, Damián. —Su voz era un hilo de hielo. —Lo sé todo. Deje mi hogar, hasta mi hija con mis padres, después de decidir esto.

Él frunció el ceño, representando a la perfección la confusión.

—¿Sabes qué? ¿De qué estás hablando?

—¡De esto! ¡De todo! —gritó ella, girándose y abarcando con un gesto la lujosa habitación. —De este escenario que has montado. Tu reunión en Barlin. Yo soy el entretenimiento para el viaje, ¿no? La terapia de pre-reunión.

El rostro de Damián se descompuso por un instante. Fue solo un parpadeo, pero ella lo vio. La máscara se resquebrajó, dejando al descubierto el cálculo frío que había detrás. Luego, recuperó la compostura.

—¿Quién te ha dicho eso? ¿Sofía? Maldita sea, es una celosa. No es lo que piensas, Milena.

—¡Entonces dime qué es! —La voz de Milena se quebró, cargada de toda la rabia y la humillación que sentía. —Dime por qué, si esto era un viaje de negocios, no me lo dijiste. Dime por qué me hiciste creer que era algo de arte de la presentación.

Damián suspiró, como si ella fuera una niña caprichosa a la que había que apaciguar. Se acercó, pero ella retrocedió.

—Mira, sí, tengo una reunión en Berlín. Es importante. Pero la presentación también lo es. Pensé que podríamos mezclar la presentación con negocio. ¿Qué hay de malo en eso? Quería darte una experiencia increíble.

—¡Me mentiste, Damián! Por omisión, pero me mentiste. No querías compartir tu mundo de artes conmigo, querías una distracción agradable. Yo era el programa de entretenimiento a bordo. ¿Dime soy una elegida especial o una simple ignorante que creyó en ti? —El sarcasmo en su voz era afilado como un cuchillo.

Él palideció. —No hables así. Es vulgar. Milena. Este viaje es real.

—¡Nada de esto es real! —Ella señaló la ventana, hacia la ciudad. —Es un decorado. Tú no me ves a mí, ves a una mujer que cumple una función en tu perfecta puesta en escena. ¿Crees que me siento halagada? Me siento usada. Y lo peor es que ni siquiera te importa lo suficiente para ser honesto. Prefieres tejer una maraña de medias verdadas porque es más cómodo para ti. Me convenciste de dejar todo.




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