El primer día del último año de instituto debería haber sido tranquilo.
Al menos, eso había decidido yo.
Entrar a clase, sentarme con mis amigas, escuchar las indicaciones de los profesores y salir de allí sin ningún problema.
Un plan sencillo.
Perfecto.
Hasta que Preston Hayes apareció.
—Buenos días, Carter.
Levanté la mirada lentamente.
Ahí estaba.
Apoyado contra el marco de la puerta, con la mochila colgada de un hombro y esa sonrisa arrogante que llevaba años perfeccionando.
—No son buenos si tú estás aquí.
Preston soltó una pequeña risa.
—También me alegra verte.
—No dije que me alegrara verte.
—Lo sé. Por eso es divertido.
Puse los ojos en blanco y volví a mirar mi cuaderno.
—¿No tienes a alguien más a quien molestar?
—Sí.
Se sentó en el pupitre de delante.
—Pero tú eres mi favorita.
—Qué honor.
—Lo sé.
Respiré profundamente.
Primer día.
Solo tenía que sobrevivir al primer día.
La profesora entró unos minutos después y todos ocupamos nuestros lugares.
—Buenos días, chicos. Este año será importante para todos ustedes, así que espero que estén preparados para trabajar duro.
Miré a Preston de reojo.
Él me estaba mirando.
—¿Qué? —murmuré.
—Nada.
—Entonces deja de mirarme.
—No estaba mirándote.
—Sí estabas.
Sonrió.
—Quizá.
Antes de que pudiera responderle, la profesora comenzó a explicar el primer proyecto del año.
—Van a trabajar en parejas.
Perfecto.
Cualquier persona.
Cualquiera menos él.
La profesora empezó a decir los nombres.
—Sophie y Liam.
Mis amigos se miraron con una sonrisa.
—Chloe y Mason.
Chloe levantó el pulgar.
—Scarlett y Nathan.
Scarlett abrió los ojos.
—¿En serio?
La profesora continuó.
Yo esperaba tranquilamente mi turno.
Hasta que escuché:
—Emma Carter y Preston Hayes.
Sentí que mi alma abandonaba mi cuerpo.
—¿Perdón?
La profesora me miró.
—Emma y Preston. Trabajarán juntos durante todo el semestre.
—Profesora, creo que hay un error.
Preston levantó la mano.
—Yo también creo que hay un error.
Lo miré sorprendida.
Por primera vez en mucho tiempo estábamos de acuerdo.
La profesora suspiró.
—No hay ningún error.
—Pero nosotros… —empecé.
—Somos incompatibles —terminó Preston.
La clase estalló en risas.
La profesora negó con la cabeza.
—Precisamente por eso creo que les hará bien.
Genial.
Simplemente genial.
Preston se giró hacia mí.
—Parece que tendremos que soportarnos.
—No te emociones.
—¿Quién dijo que estaba emocionado?
—Tu cara.
—¿Mi cara?
—Sí.
Se acercó un poco y sonrió.
—¿Y qué dice mi cara?
Lo miré durante unos segundos.
Sus ojos estaban clavados en los míos.
Por alguna razón, olvidé qué iba a responder.
Aparté la mirada rápidamente.
—Que eres insoportable.
Preston soltó una carcajada.
—Eso ya lo sabías.
La profesora siguió explicando el proyecto, pero yo apenas escuchaba.
Solo podía pensar en una cosa.
Iba a tener que pasar los próximos meses trabajando con Preston Hayes.
Mi enemigo.
Mi rival.
La persona que más me desesperaba en todo el instituto.
Y todavía no lo sabía, pero aquel proyecto iba a cambiar nuestra relación para siempre.
Porque el problema nunca fue trabajar con Preston.
El problema sería descubrir cuánto podía llegar a gustarme estar cerca de él.
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Editado: 30.08.2026