—No pienso ir.
Sophie me miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—Sí vas a ir.
—No.
—Emma.
—Sophie.
—Es la primera fiesta del año.
—Y eso no cambia nada.
Sophie cruzó los brazos.
—Llevas toda la semana estudiando y haciendo el proyecto con Preston. Necesitas divertirte.
Al escuchar su nombre, levanté la mirada.
—No menciones a Preston.
Ella sonrió.
—¿Por qué?
—Porque no quiero hablar de él.
—No he dicho nada.
—Pero lo estabas pensando.
Sophie soltó una carcajada.
—Te estás poniendo nerviosa.
—No estoy nerviosa.
—Claro.
Dos horas después estaba frente a la casa donde se celebraba la fiesta preguntándome por qué había aceptado ir.
La música se escuchaba desde afuera.
Había luces alrededor del jardín y grupos de estudiantes hablando en la entrada.
—Relájate —dijo Sophie—. Esta noche no existe Preston.
—Perfecto.
Entramos.
Durante los primeros minutos todo fue normal.
Música.
Risas.
Amigos.
Bebidas.
Nada extraño.
Hasta que lo vi.
Preston estaba al otro lado de la sala hablando con algunos compañeros.
Llevaba una camisa negra y tenía las mangas ligeramente arremangadas.
Sophie siguió mi mirada.
—No existe Preston, ¿recuerdas?
—No lo estaba mirando.
—Claro.
Aparté la mirada.
—Voy a buscar algo de beber.
—Voy contigo.
—No.
Sophie levantó las manos.
—Está bien.
Me dirigí hacia la cocina.
Y, por supuesto, Preston apareció unos segundos después.
—Hola, Carter.
Suspiré.
—¿Me estás siguiendo?
—No.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
—Porque esta es mi casa.
Me quedé paralizada.
—¿Qué?
Preston sonrió.
—La fiesta es aquí.
Miré alrededor.
—No sabía que vivías aquí.
—Ahora lo sabes.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Como qué?
—Por qué tienes esa cara de arrogante.
Se rio.
—Sigues siendo encantadora.
—Y tú sigues siendo insoportable.
—Me alegra que algunas cosas no cambien.
Antes de que pudiera responder, un chico se acercó.
—Emma, ¿verdad?
—Sí.
—Soy Tyler.
—Hola.
Tyler comenzó a hablar conmigo.
Era simpático.
Y, aparentemente, Preston no estaba muy contento con eso.
Lo noté cuando dejó de sonreír.
—¿Todo bien? —pregunté.
—Perfecto.
—No parece.
—Estoy bien.
Tyler me preguntó si quería bailar.
Miré a Preston.
No sé por qué.
Quizá quería comprobar si realmente le daba igual.
—Sí —respondí.
Tyler sonrió.
Nos dirigimos hacia la sala.
Comenzamos a bailar.
Pero no podía dejar de sentir una mirada sobre mí.
La de Preston.
Cada vez que lo miraba, él apartaba la vista.
Hasta que Tyler se acercó un poco más.
Entonces Preston apareció.
—Carter.
Me giré.
—¿Qué?
—Tenemos que hablar del proyecto.
Lo miré confundida.
—¿Ahora?
—Sí.
—Podemos hablar mañana.
—No.
Tyler nos observó.
—¿Todo bien?
Preston respondió antes que yo.
—Sí.
Después me miró.
—Ven.
—No soy tu empleada.
—Lo sé.
—Entonces no me des órdenes.
—Por favor.
Aquella palabra me sorprendió.
Preston nunca decía por favor.
—Cinco minutos —dijo.
Suspiré.
—Está bien.
Lo seguí hasta el jardín.
La música quedó más distante.
—¿Qué ocurre? —pregunté.
—Nada.
—Entonces, ¿por qué me sacaste de ahí?
Preston se pasó una mano por el cabello.
—No me gustaba cómo te estaba mirando.
Me quedé callada.
—¿Quién?
—Tyler.
—¿Y por qué te importa?
Preston me miró.
Durante unos segundos no respondió.
—No lo sé.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—Entonces no puedes decirme con quién bailar.
—No estoy diciendo eso.
—¿Entonces?
Preston dio un paso hacia mí.
—Solo digo que…
Se detuvo.
—¿Qué?
Me miró directamente a los ojos.
—Que no me gusta verlo cerca de ti.
No supe qué responder.
Porque la verdad era que a mí tampoco me había gustado ver a Preston hablando con otras chicas esa noche.
Pero no pensaba admitirlo.
—No tienes derecho a ponerte celoso —dije.
Preston sonrió ligeramente.
—¿Quién dijo que estoy celoso?
—Tu cara.
—Otra vez mi cara.
—Sí.
Se acercó un poco más.
—Quizá eres tú la que está celosa.
Solté una pequeña risa.
—Ni en tus sueños.
—Entonces estamos empatados.
—No estamos jugando.
—Contigo siempre parece que sí.
Nos quedamos mirándonos.
Demasiado cerca.
Otra vez.
Y durante un instante olvidé que Preston Hayes era mi enemigo.
Hasta que él retrocedió.
—Nos vemos mañana, Carter.
—Sí.
Lo vi entrar nuevamente a la casa.
Me quedé sola en el jardín.
Y aunque intenté convencerme de que no significaba nada…
sabía perfectamente lo que acababa de pasar.
Preston estaba celoso.
Y lo peor de todo era que…
yo también.
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Editado: 30.08.2026