La mañana siguiente decidí que iba a ignorar a Preston.
No porque estuviera enfadada.
Ni porque quisiera evitarlo.
Simplemente necesitaba dejar de pensar en lo ocurrido la noche anterior.
Especialmente en aquella conversación en el jardín.
No me gusta verlo cerca de ti.
Las palabras seguían repitiéndose en mi cabeza.
—Estás muy callada —dijo Sophie mientras caminábamos hacia clase.
—Tengo sueño.
—¿Por la fiesta?
—Sí.
Sophie me miró de reojo.
—¿O por Preston?
—No.
—Ni siquiera terminé la pregunta.
—Pero sabía lo que ibas a decir.
Ella sonrió.
—Entonces sí estuviste pensando en él.
—No.
—Emma.
—Sophie.
—¿Pasó algo?
Me quedé en silencio.
No podía contarle que Preston había admitido estar celoso.
Porque, si lo hacía, tendría que admitir que yo también había sentido celos.
Y no estaba preparada para eso.
—No pasó nada —respondí finalmente.
Sophie me observó durante unos segundos.
—Está bien.
Sabía perfectamente que no me creía.
Entré al aula y me senté en mi lugar.
Preston todavía no había llegado.
Por alguna razón, me sentí aliviada.
Hasta que escuché su voz detrás de mí.
—Buenos días, Carter.
Cerré los ojos durante un segundo.
—Buenos días.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
—Yo no.
Me giré.
—¿Por qué?
—Estuve pensando.
—¿En qué?
Preston se encogió de hombros.
—En algunas cosas.
—¿Qué cosas?
—No puedo contarte todo.
—Entonces no me digas nada.
Sonrió.
—Te gustaría saberlo.
—No.
—Mentirosa.
Antes de que pudiera responder, entró el profesor.
Intenté concentrarme en la clase.
No funcionó.
Cada vez que Preston se inclinaba para escribir algo, podía sentir su presencia a mi lado.
Al terminar, guardé mis cosas.
—¿Biblioteca? —preguntó.
—Sí.
—A las cuatro.
—Lo sé.
—No llegues tarde.
Lo miré.
—Tú tampoco.
—Haré un esfuerzo.
A las cuatro en punto estaba en la biblioteca.
Preston llegó exactamente a la misma hora.
—Puntual —dije.
—Te dije que haría un esfuerzo.
Nos sentamos.
Durante un rato trabajamos en silencio.
Hasta que Preston habló.
—Sobre anoche…
Levanté la mirada.
—¿Qué pasa?
—Lo siento.
Parpadeé.
—¿Por qué?
—Por sacarte de la fiesta.
—No tienes que disculparte.
—Sí tengo.
Se quedó mirando sus manos.
—No tenía derecho a decirte con quién podías estar.
Aquello me sorprendió.
—Gracias.
Preston levantó la mirada.
—Pero tampoco voy a mentir.
—¿Sobre qué?
—Me molestó verte con él.
Mi corazón volvió a acelerarse.
—¿Por qué?
Preston sonrió ligeramente.
—Todavía estoy intentando descubrirlo.
No supe qué decir.
Así que bajé la mirada hacia mis apuntes.
—Podemos olvidarlo.
—¿Quieres olvidarlo?
Levanté los ojos.
—Sí.
Preston asintió.
—Está bien.
Continuamos trabajando.
Pero algo dentro de mí sabía que ninguno de los dos iba a olvidar aquella conversación.
Cuando terminamos, salimos juntos de la biblioteca.
Esta vez no estaba lloviendo.
Caminamos uno al lado del otro por el pasillo.
—Emma.
—¿Sí?
—¿Puedo preguntarte algo?
—Depende.
—¿Te gustó bailar con Tyler?
Lo miré.
—Sí.
Preston hizo una pequeña mueca.
—Ah.
—¿Por qué?
—Por nada.
Sonreí.
—¿Estás celoso otra vez?
—No.
—Sí.
—No.
—Preston.
Se detuvo.
—Está bien.
Me miró directamente.
—Un poco.
No pude evitar sonreír.
—¿Y eso te molesta?
—Muchísimo.
—¿Por qué?
Preston se quedó callado.
Después dio un paso hacia mí.
—Porque cuando estás con alguien más…
Hizo una pausa.
—Me doy cuenta de que quiero ser yo quien esté a tu lado.
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
—Preston…
—Pero no tienes que responder.
Retrocedió.
—Buenas noches, Emma.
Lo vi alejarse por el pasillo.
Me quedé allí, completamente inmóvil.
No sabía qué estaba pasando entre nosotros.
Solo sabía una cosa:
Preston ya no parecía mi enemigo.
Y eso era mucho más peligroso que odiarlo.
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Editado: 30.08.2026