Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Capitulo 9: El Casi Beso

El lunes llegué al instituto con una decisión.

No iba a pensar en Preston.

Otra vez.

Había pasado todo el domingo recordando lo que había ocurrido en la rueda de la fortuna.

La forma en que me había mirado.

Lo cerca que habíamos estado.

Y ese instante en el que pensé que finalmente iba a besarme.

Pero no lo hizo.

Quizá había sido mejor así.

—Buenos días —dijo Sophie.

—Buenos días.

Me miró durante unos segundos.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—Mientes.

—No.

—Tienes cara de haber pasado algo importante.

Suspiré.

—Casi me besé con Preston.

Sophie abrió los ojos.

—¿QUÉ?

—Baja la voz.

—¡Emma!

—No pasó nada.

—¿Cómo que no pasó nada?

—Estuvimos a punto.

Sophie sonrió.

—¿Y por qué no ocurrió?

—No lo sé.

—¿Y quieres que ocurra?

La pregunta me dejó en silencio.

—No lo sé —respondí.

Pero sabía que esa respuesta no era completamente cierta.

Cuando llegué al aula, Preston ya estaba allí.

Nuestros ojos se encontraron.

Sonrió.

—Hola.

—Hola.

Me senté.

Durante unos minutos ninguno dijo nada.

Hasta que Preston se acercó.

—Sobre el sábado…

Mi corazón comenzó a acelerarse.

—¿Qué pasa?

—Lo siento.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

—Por hacerte sentir incómoda.

—No me hiciste sentir incómoda.

Preston me miró atentamente.

—¿Segura?

Asentí.

—Sí.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Bien.

—¿Eso era todo?

—No.

Se inclinó un poco hacia mí.

—Solo quería saber si tú también pensaste en lo que casi pasó.

Sentí que mi cara se calentaba.

—No.

—Mentirosa.

—No estoy mintiendo.

—Emma.

—Preston.

Se quedó mirándome.

—Yo sí pensé en ello.

No supe qué decir.

Por suerte, el profesor entró en ese momento.

Durante el almuerzo, nuestros amigos se sentaron con nosotros.

Sophie no dejaba de mirarme.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada.

—Sé que estás pensando algo.

—Estoy pensando que ustedes dos están rarísimos.

Preston levantó una ceja.

—¿Nosotros?

—Sí.

Liam soltó una carcajada.

—Tiene razón.

—No pasa nada —dije rápidamente.

Preston me miró.

—Nada.

Pero su sonrisa decía exactamente lo contrario.

Después de clases fuimos nuevamente a la biblioteca.

El proyecto estaba prácticamente terminado.

—Solo falta revisar la presentación —dije.

—Podemos hacerlo mañana.

—¿Por qué?

—Porque quiero preguntarte algo.

Cerré el portátil.

—¿Qué?

Preston respiró profundamente.

—¿Quieres salir conmigo otra vez?

Lo miré sorprendida.

—¿Otra cita?

—Esta vez sí.

Sonreí.

—Pensé que la primera no era una cita.

—Me equivoqué.

—¿Y qué cambió?

—Yo.

—¿Cómo?

Preston se acercó.

—Ahora sé que quiero que sea una cita.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¿Y qué tienes planeado?

—Es sorpresa.

—No me gustan las sorpresas.

—Esta te va a gustar.

Lo miré durante unos segundos.

—Está bien.

Preston sonrió.

—Entonces es una cita.

—Sí.

—Una cita de verdad.

—Sí, Preston.

Se inclinó ligeramente hacia mí.

—Perfecto.

Y volvió a sentarse como si nada hubiera ocurrido.

Yo me quedé mirándolo.

—¿Eso era todo?

—Por ahora.

—Eres desesperante.

—Pero aceptaste salir conmigo.

Sonreí.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

Y aunque intenté convencerme de que aquella cita no significaba nada…

en el fondo sabía que algo estaba cambiando.

Preston ya no era solamente mi enemigo.

Y quizá yo tampoco quería que lo fuera.




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