Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Capitulo 10: Una Cita De Verdad

El viernes llegó más rápido de lo que esperaba.

Durante toda la semana, Preston había evitado decirme qué tenía planeado para nuestra cita.

Cada vez que preguntaba, respondía lo mismo:

—Es una sorpresa.

Empezaba a odiar esa palabra.

A las seis de la tarde recibí un mensaje.

Preston: Estoy abajo.

Miré por la ventana.

Ahí estaba.

Apoyado contra su coche, con las manos en los bolsillos.

Respiré profundamente y bajé.

Cuando salí, Preston levantó la mirada.

—Hola.

—Hola.

Me observó unos segundos.

—Estás bonita.

—Gracias.

—Mucho.

—Preston…

—¿Qué?

—Deja de mirarme.

Sonrió.

—No quiero.

Sentí que mis mejillas se calentaban.

—¿A dónde vamos?

—Es sorpresa.

—Otra vez con la sorpresa.

—Confía en mí.

Subí al coche.

Después de unos veinte minutos llegamos a un pequeño parque situado a las afueras de la ciudad.

Había luces colgadas entre los árboles y varias mesas preparadas.

—¿Qué es esto?

Preston sonrió.

—Una noche de películas al aire libre.

Miré alrededor.

Había mantas sobre el césped y una pantalla enorme.

—¿Tú organizaste esto?

—Más o menos.

—¿Por qué?

—Porque dijiste una vez que te gustaban las películas.

Sonreí.

—Te acuerdas de todo.

—De ti sí.

Mi corazón dio un pequeño salto.

Nos sentamos sobre una manta.

La película comenzó.

Intenté concentrarme en la pantalla, pero era difícil.

Preston estaba sentado demasiado cerca.

Nuestros hombros se rozaban.

Después de unos minutos, él extendió una manta sobre los dos.

—¿Tienes frío?

—Un poco.

—Entonces acércate.

Lo miré.

—¿Qué?

—Para que no tengas frío.

—Estoy bien.

—Emma.

Suspiré y me acerqué.

Nuestros hombros quedaron juntos.

Y esta vez ninguno se apartó.

Después de la película caminamos por el parque.

—Gracias —dije.

—¿Por qué?

—Por esta noche.

—Me alegra que te haya gustado.

—Mucho.

Preston se quedó quieto.

—Emma.

—¿Sí?

—Quiero preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Sigues pensando que soy tu enemigo?

Sonreí.

—A veces.

—¿Y el resto del tiempo?

Lo miré.

No sabía qué responder.

—No lo sé.

Preston dio un pequeño paso hacia mí.

—Yo sí sé lo que pienso.

—¿Qué?

—Que ya no quiero ser tu enemigo.

Mi sonrisa desapareció lentamente.

—¿Entonces qué quieres ser?

Preston me miró a los ojos.

—Algo más.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—Preston…

—No tienes que responder ahora.

Se acercó un poco más.

—Solo quería que lo supieras.

Por un momento pensé que iba a besarme.

Pero se detuvo.

—Buenas noches, Emma.

Sonreí.

—Buenas noches.

Comenzó a alejarse.

—Preston.

Se giró.

—¿Sí?

—Yo tampoco quiero que seas mi enemigo.

Su sonrisa fue inmediata.

—Entonces estamos avanzando.

—Quizá.

—Mucho.

Se acercó y me dio un beso suave en la mejilla.

Después se alejó.

Me quedé completamente quieta.

Toqué mi mejilla y sonreí.

Aquello no había sido un beso.

Pero había sido suficiente para hacerme entender algo.

La primera regla estaba empezando a romperse.

Y esta vez…

no estaba segura de querer detenerlo.




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