Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Capitulo 12: Nuestro Pequeño Secreto

No sabía qué hacer con mis manos.

Ni con mi sonrisa.

Ni con el hecho de que Preston Hayes acababa de besarme.

Mi primer beso con él.

Mi enemigo.

Aunque ya no estaba segura de poder llamarlo así.

—¿Estás bien? —preguntó Preston.

Asentí.

—Sí.

—Pareces nerviosa.

—Porque lo estoy.

Sonrió.

—Yo también.

Aquello me sorprendió.

—¿Tú?

—No pongas esa cara.

—Pensé que nunca estabas nervioso.

—Contigo es diferente.

Bajé la mirada para ocultar mi sonrisa.

—Entonces… ¿qué somos?

Preston se quedó pensando.

—No lo sé.

—¿No sabes?

—Sé que me gustas.

—Tú también me gustas.

—Y sé que quiero seguir saliendo contigo.

Sonreí.

—Entonces podemos descubrirlo poco a poco.

—Me gusta ese plan.

Antes de irnos, Preston tomó mi mano.

Y, por alguna razón, ese pequeño gesto me hizo sentir más feliz que el beso.

Al día siguiente decidimos no contarle nada a nadie.

No porque nos avergonzáramos.

Simplemente queríamos tener algo que fuera solamente nuestro.

Pero mantener un secreto con mis mejores amigos resultó ser mucho más difícil de lo que esperaba.

—¿Por qué estás tan feliz? —preguntó Sophie durante el almuerzo.

—Estoy de buen humor.

—¿Por qué?

—No necesito una razón.

Sophie me miró sospechosamente.

—Sí necesitas una.

—No.

—Emma.

—Sophie.

Ella suspiró.

—Está bien.

Preston apareció unos segundos después.

Se sentó enfrente de mí.

Nuestros ojos se encontraron.

Sonreímos.

Sophie nos observó.

—¿Por qué se están mirando así?

—¿Así cómo? —preguntó Preston.

—Como si supieran algo que nosotros no.

—Estás imaginando cosas —respondí.

—No estoy imaginando nada.

Liam se rio.

—Déjala. Está paranoica.

—Gracias —dijo Sophie.

Preston me lanzó una pequeña sonrisa.

Yo intenté no reírme.

Después de clases, Preston me esperaba junto a mi casillero.

—Hola.

—Hola.

Miré alrededor.

—¿Nadie nos está viendo?

—No.

—Bien.

Preston tomó mi mano.

—Te extrañé.

—Nos vimos hace unas horas.

—Lo sé.

—Entonces eres exagerado.

—Probablemente.

Sonreí.

—¿Qué hacemos?

—Podemos caminar.

Salimos juntos del instituto.

Esta vez no tuvimos que fingir que éramos enemigos.

No tuvimos que discutir.

Simplemente caminamos de la mano.

—¿Sabes qué es lo raro? —pregunté.

—¿Qué?

—Hace unas semanas estaba convencida de que eras la persona que más odiaba.

—¿Y ahora?

Lo miré.

—Ahora eres la persona que más me gusta.

Preston sonrió.

—Me gusta cómo suena eso.

Se detuvo frente a mí.

—Emma.

—¿Sí?

—¿Podemos hacer una cosa?

—¿Qué?

Se inclinó y me dio un beso rápido.

—Eso.

Me reí.

—Eso no fue una pregunta.

—Lo sé.

—Eres imposible.

—Pero te gusto.

—Desgraciadamente.

—Perfecto.

Seguimos caminando.

No sabía cuánto iba a durar aquello.

No sabía si terminaríamos juntos.

Ni siquiera sabía cómo llamar a lo nuestro.

Pero por primera vez no me preocupaba.

Porque no necesitaba saber cómo terminaría.

Solo quería descubrirlo con él.

Y mientras nuestras manos permanecían entrelazadas, entendí que romper la primera regla había sido la mejor decisión que habíamos tomado.

Aunque todavía quedaban nueve reglas más.

Y algo me decía que nuestros amigos no tardarían mucho en romperlas también.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.