Nunca había pensado que los celos pudieran aparecer tan rápido.
Hasta que vi a Preston hablando con Madison.
Ella estaba frente a él, riéndose de algo que acababa de decir.
Y Preston también estaba sonriendo.
Demasiado.
—¿Estás bien? —preguntó Sophie.
—Sí.
—Estás mirando a Preston.
Aparté la mirada.
—No.
—Emma.
—Solo estaba mirando hacia allí.
Sophie siguió mi mirada y entendió inmediatamente.
—Ah.
—¿Qué?
—Nada.
—No estoy celosa.
—Yo no dije que lo estuvieras.
—Pero lo pensaste.
Sophie sonrió.
—Un poquito.
Volví a mirar hacia Preston.
Madison le tocó el brazo.
Fruncí el ceño.
—Voy a buscar algo de beber.
—Claro.
Me alejé antes de hacer algo vergonzoso.
Cuando regresé, Preston estaba solo.
—¿Dónde estabas? —preguntó.
—Por ahí.
—Te estaba buscando.
—¿Para qué?
—Quería hablar contigo.
—Puedes hablar ahora.
Preston me observó.
—¿Estás enfadada?
—No.
—Entonces, ¿por qué estás así?
—¿Así cómo?
—Distante.
—No estoy distante.
—Emma.
Suspiré.
—Estabas hablando con Madison.
Preston levantó una ceja.
—Sí.
—Parecían divertirse.
—Estábamos hablando.
—Lo sé.
—¿Y?
Lo miré.
—Nada.
Preston sonrió.
—Estás celosa.
—No.
—Sí.
—No estoy celosa.
—Emma.
—¡Está bien! Quizá un poco.
Preston se acercó.
—No tienes de qué preocuparte.
—No estoy preocupada.
—Claro.
—Preston.
—Madison me estaba preguntando por el proyecto.
—¿El proyecto?
—Sí.
—Ah.
Él sonrió.
—¿Ya estás tranquila?
—Un poco.
—Bien.
Tomó mi mano.
—Porque solo hay una chica con la que quiero estar.
Lo miré.
—¿Quién?
Preston sonrió.
—Tú.
No pude evitar sonreír.
—Eres muy bueno diciendo lo que quiero escuchar.
—Porque es verdad.
Más tarde, cuando salimos del instituto, caminamos juntos hacia el estacionamiento.
Pero esta vez fue Preston quien se quedó callado.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Nada.
—Estás raro.
—No estoy raro.
—Sí.
Preston miró hacia el otro lado del estacionamiento.
Allí estaba Tyler.
Me saludó con la mano.
Yo le devolví el saludo.
Cuando volví a mirar a Preston, su expresión había cambiado.
—¿Ahora qué? —pregunté.
—Nada.
—Estás celoso.
—No.
Sonreí.
—Sí.
—No.
—Preston.
Suspiró.
—Está bien.
—¿De Tyler?
—Sí.
Me reí.
—No tienes de qué preocuparte.
—¿Ah, no?
—No.
Me acerqué y tomé su mano.
—Porque solo hay un chico con el que quiero estar.
Preston sonrió.
—¿Quién?
—Tú.
—Me gusta cómo suena eso.
—Entonces deja de estar celoso.
—Lo intentaré.
—¿Lo intentarás?
—No prometo nada.
Me reí.
Preston se acercó y me dio un beso en la frente.
—Confío en ti.
Lo miré.
—Yo también confío en ti.
Y por primera vez entendí que los celos no siempre significaban desconfianza.
A veces simplemente significaban que alguien te importaba demasiado.
Y Preston…
definitivamente me importaba demasiado.
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Editado: 30.08.2026