Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Capitulo 14: Descubiertos

—Tenemos un problema.

Levanté la mirada hacia Preston.

—¿Qué pasó?

—Sophie.

Fruncí el ceño.

—¿Qué tiene Sophie?

—Creo que sospecha de nosotros.

—¿Cómo?

Preston señaló discretamente hacia el otro lado del pasillo.

Sophie estaba mirándonos.

Y no apartaba la mirada.

—No puede saberlo —susurré.

—Creo que ya lo sabe.

—No.

—Emma.

—No.

Preston sonrió.

—Estás entrando en pánico.

—¡Porque esto es culpa tuya!

—¿Mía?

—Sí.

—Tú fuiste quien me besó primero.

—¡Eso no importa!

—Para mí sí.

Le di un pequeño golpe en el brazo.

—Cállate.

Preston soltó una carcajada.

Durante el almuerzo, Sophie se sentó frente a mí.

—Necesito preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Tú y Preston están juntos?

Casi me atraganté.

—¿Qué?

—Lo sabía.

—No sabes nada.

—Emma, por favor.

Miré a Preston.

Él levantó las manos.

—Yo no dije nada.

Sophie lo señaló.

—Tú cállate.

Liam y Mason comenzaron a reír.

—¿Qué está pasando? —preguntó Chloe.

Sophie no apartó la mirada de nosotros.

—Ellos dos.

—¿Qué pasa con nosotros? —preguntó Preston.

—Están juntos.

Silencio.

Miré a Preston.

Preston me miró.

Y entonces sonrió.

—Sí.

Abrí los ojos.

—¿Qué?

—¿Para qué seguir escondiéndolo?

Sophie abrió la boca.

—¡LO SABÍA!

Los demás comenzaron a hacer preguntas.

—¿Desde cuándo?

—¿Cómo pasó?

—¿Quién dio el primer paso?

Sentí que mi cara ardía.

—¡No tienen derecho a interrogarnos!

Preston se rio.

—Creo que deberíamos contarles.

—No.

—Emma.

—No.

Preston tomó mi mano debajo de la mesa.

—Está bien.

Mis amigos lo vieron.

Sophie sonrió.

—Son demasiado obvios.

Después del almuerzo, caminamos juntos por el pasillo.

—¿Estás enfadada conmigo? —preguntó Preston.

—Un poco.

—¿Por decir la verdad?

—Por no avisarme.

—Tenía miedo de que te arrepintieras.

Lo miré.

—¿De qué?

—De nosotros.

Mi expresión cambió.

—Preston…

—No quiero presionarte.

Tomé su mano.

—No me arrepiento.

Sonrió.

—¿Segura?

—Segura.

Preston se acercó.

—Entonces estamos bien.

—Estamos bien.

Me dio un beso rápido.

—Perfecto.

Esa tarde, cuando llegué a casa, recibí un mensaje.

Preston: ¿Llegaste bien?

Sonreí.

Emma: Sí.

Preston: Bien.

Unos segundos después llegó otro.

Preston: Buenas noches, novia.

Me quedé mirando la pantalla.

Emma: Buenas noches, novio.

Apagué el teléfono y me dejé caer sobre la cama.

Habíamos pasado de odiarnos a ser novios en cuestión de semanas.

Y aunque todavía me parecía increíble…

no quería cambiarlo.

Porque quizá algunas historias de amor no empiezan con un flechazo.

Quizá empiezan con una discusión.

Con una rivalidad.

Con dos personas convencidas de que jamás podrían enamorarse.

Y con una regla que estaba destinada a romperse.




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