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Procedo a apagar la ruidosa alarma, que me avisa que es otro día más de lucha, empezando por la horrible vista en mi espejo. Yo, como espantapájaros con marcas de mi acné de la pubertad que nunca cicatrizaron. Después de bostezar profundamente, agarro el agua del lavabo y, con ayuda del jabón, limpio mi rostro, ahora sin lagañas. Procedo a lavar mis dientes con brackets, y del cajón inferior saco un cepillo para peinar mis rizos rebeldes, sin bañarme. Ayer lo hice, aparte sufro de mucho frizz, así que... nah.
—¿Larissa, puedo entrar?
—Pasa, mamá.
—¡Buenos días, cielo! Vaya, pero hoy sí te has despertado temprano.
—Supongo que es el estrés de encontrar empleo.
—Te irá muy bien. Me pellizca el cachete. Ya me voy al trabajo, y de paso llevo a tus hermanos a la escuela. Por cierto, arregla ese desastre, ¿sí? Refiriéndose a mi cuarto.
—Okey, te veo luego, y te cuento. Adiós, mamá.
Salí del baño y empecé a recoger las sábanas tiradas, la comida chatarra que me comí hasta el cansancio... en fin, el caos de siempre. Terminé y, del cajón de mi armario, saqué una falda de abuelita y una blusa larga, algo holgada. Se puede decir que mi madre me heredó un buen cuerpo, a diferencia de mi cara, pero no estoy lista para mostrarlo al mundo. Después de asearme y vestirme, bajé a la cocina a hacerme unos huevos con panqueques.
—¡Uhhmm, esto sí es vida!
Ding, Ding.
—¿Hola, Geanella?
—¡Hola, Larissa! Tengo algo importante que decirte.
—Suéltalo. (Me extraña que me llame por celular, normalmente me grita desde su ventana).
—Son muy buenas noticias. Sé que buscas empleo, y ni sabes, tengo un amigo que estudió en la prepa conmigo…
—Ajá, ¿y? —dije emocionada, pero también un poco impaciente.
—Este amigo mío es dueño de una gran empresa de tecnologías en la que yo trabajo. ¡Es un genio, no sabes! Desde el colegio siempre llevaba los mejores proyectos y todo el mundo lo felicitaba y…
—Geanella, está bien, pero ve al grano. —dije exasperada, porque la paciencia no es lo mío.
—¡Larissa! ¡Se ha quedado sin secretaria y busca una! Y me acordé de ti, recién graduada.
—¿¡De mí!? ¡Sí, sí! Sigue, sigue.
—Hoy es la entrevista, ¡puedes llevar tu currículum! Yo sé que eres economista y no tienes aún experiencia, pero puedes intentarlo.
—¡Sí, claro que sí! Hace 6 meses que me gradué y no consigo trabajo. Esto que me dices es como un regalo del cielo. ¿Dijiste hoy? ¿A qué hora?
—¡A las 10!
Miré mi reloj con susto. ¡Faltaban 30 minutos!
—Dame la dirección, por favor.
—¡Ya te la envío! Mucha suerte, Larissa.
—Gracias, Geanella. Si lo consigo, te invitaré a un gran almuerzo. ¡Donde la comida china que te gusta!
—¡Jajaja! Es japonesa, Larissa. Pero trato. Adiós.
—Adiós.
Di saltitos de felicidad. ¡Finalmente algo de suerte! No he dejado de ir a entrevistas, pero en ninguna me llaman por mi apariencia. Sí, soy fea, pero inteligente. Y aunque no tengo experiencia, ¿cómo voy a tenerla si nadie me da la oportunidad? Mi celular sonó con la dirección.
¡AL NORTE DE LA CIUDAD! Llevé mis zapatos y mis tacones en el bolso. Como el autobús no llegaría, así que tomé el primer taxi, rogando llegar a tiempo.
—Son 10 dólares, señorita.
—¿¡Tanto!? Ni aire tiene su taxi... Tome el dinero y gracias.
Arrancó a toda velocidad. Mientras de pie, agarraba mis zapatos para cambiarlos por los tacones. Fijé mi mirada en el gran edificio, como con 20 pisos y el logo: Fast Techn L.A.
—¡Guau, qué belleza!
Me adentré al edificio y estaba tan ocupado. Todo el mundo corriendo de un lado a otro, los ascensores, el movimiento. Ni en los hoteles de lujo he visto algo así. Entonces, un idiota me saca de mi ensueño.
—¡Señorita, muévase! Está impidiendo el paso.
Me hizo a un lado con una cara de pocos amigos. ¿Qué le pasa? Lo miré enojada, pero no me dejó hablar más, me dio la espalda y subió al ascensor.
—Qué maleducado. Oiga, ¡espérese! No me dejó ni terminar y cerró las puertas.
¡Imbécil! Intenté con el otro ascensor, pero no servía, así que decidí esperar. Estaba en el piso 12 y luego descendió hasta el 1. Me subí y repasé las posibles preguntas que siempre hacen en las entrevistas: ¿Dónde estudió? ¿Cuál es su experiencia? ¿Por qué quiere trabajar aquí?
Llegué al piso 12 justo el que me dijo Geanella. Era el lugar más elegante que había visto. Noto a muchos chicos y chicas nerviosos, pero aún así, nadie me miró mucho.
—Ya llegó, es guapísimo dijo una chica bajita.
—Sí, lo vi. Dentro de poco nos llamarán.
—Hola, soy Larissa. Me presenté, y claro, me miraron de pies a cabeza.
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Editado: 07.06.2026