POV Luis
Han pasado cerca de diez minutos desde que Larissa salió, y el silencio empieza a pesarme. Cada segundo se siente como una eternidad. Decido llamar a Guillermo, mi chofer, intentando mantener la calma, aunque por dentro ya estoy hecho un caos.
—Guillermo, ¿Larissa ya está en el estacionamiento? —mi voz suena más fría de lo que pretendía.
—No, señor. Tengo cinco minutos aquí, y no la he visto. ¿No está con usted?
—Si llega, avísame de inmediato, por favor.
—Claro, señor.
Cuelgo, pero un nudo empieza a formarse en mi garganta. Algo no está bien. Justo en ese instante, uno de mis guardias entra apresurado, con el rostro desencajado.
—Jefe, venga conmigo a la sala de seguridad. Es de suma importancia.
Su tono me alerta de inmediato. Me levanto de golpe.
—¿Qué pasó?
—Su novia ha sido secuestrada, señor.
La frase golpea como un martillazo.
Siento que el suelo se tambalea bajo mis pies mientras corro detrás de él. En la sala de seguridad, me muestran los videos. Allí está ella, Larissa, siendo arrastrada por dos hombres encapuchados hacia una camioneta negra sin placas.
—¿Por qué demonios no me avisaron antes? —gruño, conteniendo a duras penas la furia que empieza a invadirme.
—Estábamos almorzando y revisando los videos de hace minutos… nos dimos cuenta justo ahora.
Quiero gritarles, pero no tengo tiempo para culpas. Necesito actuar.
—¿Qué haremos, señor? ¿Llamamos a la policía? —pregunta uno de ellos, nervioso.
—No… aún no. Ellos deben llamar primero. No quiero ponerla en peligro. Acerca el auto, necesito pensar.
Mientras reviso los videos una y otra vez, mi mente va mil por hora. No hay placas, no hay rostros visibles. Todo está calculado. Maldición.
—¡Dupliquen la seguridad de inmediato! No quiero más errores.
—Entendido, señor.
Me dirijo a mi oficina, donde puedo esperar cualquier llamada de los secuestradores. Cada sonido de mi teléfono me hace saltar, pero no hay ninguna noticia.
La puerta se abre de golpe y entra Lúcio.
—Hermanito, mira, necesitamos hacer esto
—¡No me jodas ahora, Lúcio! —gruño, sin mirarlo siquiera.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan tenso?
—Es Larissa. Se la llevaron. No tengo respuestas.
—¿Qué? ¿Quién?
—¡No lo sé! Podría ser cualquiera. Incluso Nerea.
Esto sería típico de ella, una broma cruel.
—No lo creo. Recién salió de una reunión conmigo, y estaba completamente concentrada.
Tomo un respiro profundo. Necesito claridad.
—Voy a rastrear su celular. Le di uno con un localizador.
—Te ayudo.
En menos de un minuto, tenemos la dirección. Está en las afueras de la ciudad, en un lugar aislado.
—¿A dónde vas?
—Tengo que encontrarla.
—¡Ni loco vas solo! Vamos juntos, y llamaré a la policía en el camino.
POV Larissa
El frío líquido me sacude con violencia, ahogándome mientras intento respirar. Tosí, mi garganta ardiendo mientras abría los ojos, aún mareada.
—¡Despierta, patito feo! —una voz burlona resonó en mis oídos.
Confundida, miré a mi alrededor. Las paredes eran grises, húmedas, y el olor a encierro me daba náuseas.
Dos hombres encapuchados me rodeaban. Uno sostenía un balde vacío, y el otro me miraba con una sonrisa desagradable.
—¿Quiénes… quiénes son ustedes? ¡Ayuda!
—¿Ayuda? —el que tenía el balde soltó una risa sardónica—. Nadie vendrá a salvarte, cisne falso.
Sentí un escalofrío recorrerme cuando el otro sacó una cámara y comenzó a tomarme fotos.
—Mira nomás. Detrás de esas faldas de niña buena, hay una belleza escondida. Déjame tocarte.
—¡No! —intervino el primero con un tono de autoridad—. El jefe nos mataría si haces eso.
—¿Quién los envió? —grité desesperada, aunque mi voz se quebró.
En lugar de responder, el hombre con la cámara sacó unas fotos impresas y las arrojó al suelo frente a mí.
Reconocí de inmediato las imágenes.
Eran de mi adolescencia, cuando sufrí bullying por mi apariencia.
Mis manos temblaban al ver mi reflejo en esas fotos, una Larissa frágil y rota. Las lágrimas comenzaron a caer antes de que pudiera detenerlas.
—No llores, patito. Nosotros vamos a ayudarte a terminar esta pesadilla.
El hombre con el balde sacó algo más. GASOLINA. Lo vertió alrededor de mí, creando un charco viscoso a mi alrededor.
—¿Qué… qué están haciendo? ¡Ayuda! —grité, pero mi voz parecía morir en las paredes del lugar.
—Nadie podrá salvarte. —La sonrisa del encapuchado era maliciosa.
De pronto, escuché sirenas en la lejanía. Una patrulla. Mi corazón dio un vuelco, pero mi alivio fue breve.
—Préndele fuego, rápido.
El sonido de un fósforo encendiéndose me paralizó. Las llamas comenzaron a rodearme, acercándose más y más.
—¡Ayuda! —grité con todas mis fuerzas, mi voz mezclándose con el rugido del fuego.
—¡Vámonos! —ordenó el líder, y los hombres desaparecieron en la oscuridad mientras las llamas me cercaban.
Las lágrimas corrían por mi rostro mientras luchaba contra la desesperación. ¿Sería este mi final?
Nota de autora:
Comenten sus teorias, quien podria estar detras de todo esto? Pobre Larissa :(
No confien en nadie........
JOSSMI
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Editado: 01.08.2026