POV LARISSA
El día comenzó tranquilo, pero no imaginaba que terminaría de manera tan aterradora. Aproveché la tarde para llevar a los gemelos al parque de diversiones. Geanella insistió en acompañarnos, diciendo que necesitaba despejarse, y la verdad, su compañía siempre me resultaba un alivio. Mientras los niños subían a la rueda de la fortuna, nos quedamos en una banca, conversando y comiendo.
—Larissa, no puedo creer todo lo que te hizo ese miserable —dijo Geanella mientras le daba un mordisco a su pincho. Sus ojos mostraban una mezcla de rabia y preocupación.
—Yo sí puedo. Es un infeliz. Pero gracias a Dios, tarde o temprano pagará por todo.
Ella asintió, mirándome con seriedad.
—Claro que sí. Pero igual, ten cuidado. Este tipo de personas no se rinden fácilmente.
Sonreí débilmente, aunque sus palabras dejaron un eco incómodo en mi mente. De pronto, noté un puesto de peluches y cambié de tema.
—Mira, esos peluches son adorables. Los gemelos los amarían.
Justo cuando iba a levantarme para comprar uno, mi teléfono vibró. Lo saqué, y al leer el mensaje, sentí un escalofrío recorrerme.
“FEA, ¿CREES QUE ESTO HA TERMINADO? JAJAJA.”
—¿Larissa? —Geanella me miró, frunciendo el ceño—. Estás pálida. ¿Te pasa algo?
Intenté disimular, aunque mi corazón latía desbocado.
—Eh… no, nada. Dame un segundo. Vigila a los gemelos, ¿sí?
Me alejé unos metros y marqué apresuradamente el número de Luis. Contestó de inmediato.
—¿Amor? ¿Qué pasa?
—Luis, me llegó otro mensaje. Es igual de perturbador que los anteriores. Creo que… podría ser Ricardo otra vez.
Hubo un breve silencio antes de que respondiera.
—No creo que sea él, pero no podemos descartarlo. Pásame el número. Voy a investigar de dónde viene. Si es necesario, lo rastrearé.
—Gracias, Luis. Hazlo cuanto antes, por favor.
—Tranquila. Pero prométeme algo: no salgas sola y mantente alerta.
—Lo haré. Te amo.
—Yo también, amor. Todo va a estar bien.
Colgué la llamada, pero el miedo seguía carcomiéndome por dentro. Intenté actuar normal mientras regresaba con Geanella y los gemelos, aunque mi mente no dejaba de darle vueltas al mensaje.
—¿Todo bien? —preguntó Geanella al verme regresar.
Asentí con una sonrisa forzada.
—Sí, todo bien. Vámonos ya, los gemelos deben estar cansados.
Regresamos a casa, y Geanella se quedó un rato más conmigo. Su presencia me tranquilizaba.
Cuando finalmente se fue y los gemelos estaban dormidos, decidí salir a tirar la basura. Pero al abrir la puerta, un escalofrío me recorrió el cuerpo. En la acera, frente a mi casa, había un gato muerto. Su cuerpo estaba rígido, y su pelaje estaba cubierto de sangre seca.
Mi respiración se volvió errática. Mis ojos se fijaron en una nota pegada al cadáver, hecha con recortes de periódico y manchada de rojo.
“¡COMO ESTE GATO QUEDARÁS!”
El horror me paralizó. Mis manos temblaron mientras dejaba caer la bolsa de basura. Un grito ahogado escapó de mis labios antes de retroceder, con el corazón a punto de estallar.
Con movimientos torpes, recogí la basura y me apresuré a entrar a la casa, asegurándome de cerrar con llave. Me apoyé contra la puerta, tratando de recuperar el aliento.
Esa noche, no pude dormir. Las pesadillas me atormentaron: sombras acechaban la casa, mensajes llegaban sin cesar, y el gato muerto aparecía una y otra vez en mis sueños. Me desperté varias veces, bañada en sudor, sintiendo que algo o alguien me vigilaba.
A las cuatro de la madrugada, escuché la puerta principal abrirse. Mi madre había llegado de su guardia. Bajé a la cocina para tomar un vaso de agua, esperando calmarme.
—¿Qué haces despierta a esta hora? —preguntó, acercándose a besarme la frente.
No pude contenerme más y rompí a llorar.
—Mamá, ya no puedo más. Me siguen llegando mensajes horribles. Hoy, en el parque, uno… y ahora dejaron un gato muerto frente a la casa. ¡Con una nota que decía que me van a matar!
Ella me abrazó con fuerza.
—Mi amor, tranquila. Respira. Esto ya no lo puedes manejar sola. Tienes que ir con la policía.
—Pero, ¿y si no es solo Ricardo? ¿Y si hay alguien más?
—Es posible, hija. Y eso lo hace más peligroso. Pero no estás sola. Tienes a Luis, a mí, y la policía te ayudará. No dejaré que te pase nada.
Esa noche, mientras el reloj avanzaba lentamente, la sensación de que algo oscuro se cernía sobre mí no me dejó en paz.
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Editado: 01.08.2026