Regla Número 20

CAPITULO 15

POV LARISSA

Me desperté cerca de las dos de la tarde, justo a tiempo para almorzar. El día parecía avanzar lento, pero sabía que en la noche debía asistir a la celebración de disfraces por el aniversario de la empresa. No estaba particularmente emocionada por ir, pero era una obligación. Faltar no era una opción, y mucho menos cuando sabía que Luis estaría ahí.

Decidí tomarme las cosas con humor y elegí un disfraz que parecía hecho para mí: Betty, la fea. Luis, por supuesto, iba a vestirse como Armando. Mientras me arreglaba frente al espejo, no pude evitar reírme imaginándolo con su traje y su clásica sonrisa de galán.

A la hora pactada, Luis llegó a buscarme en su carro, habiéndole dado la noche libre a su chofer.

—Hola, Armando Mendoza —le dije con mi mejor imitación de Betty, ajustándome los lentes y haciendo una mueca.

Luis soltó una carcajada.

—¿Cómo está mi Betty? Aunque debo decir que estás demasiado guapa para ser "fea".

Se inclinó y me dio un beso apasionado que me dejó sin aliento. Con él, siempre lograba olvidarme de cualquier problema, aunque fuera por unos segundos.

Al llegar a la empresa, el ambiente era festivo. Todo el personal estaba disfrazado, y los trajes eran espectaculares. Apenas agarré mi copa, tropecé ligeramente con Brenda, quien llevaba un disfraz de conejita.

—¡Ay, pero mira por dónde caminas, muchachita! —dijo, soltando una risa burlona.

La miré de arriba abajo y me crucé de brazos.

—¿Qué te causa tanta risa?

—¡Tú! —respondió entre carcajadas—. Tienes el disfraz perfecto.

Sonreí con malicia.

—Pues lo mismo digo de ti. Pareces salida de una revista de conejitas Playboy.

Brenda se fue hecha chispas, mientras yo me alejaba satisfecha con mi pequeño triunfo verbal. A lo lejos, vi a Geanella saludándome con entusiasmo. Su disfraz de ratoncita era encantador, como siempre. Más allá, noté a Nerea y Lúcio, vestidos como Gatúbela y Batman.

Una punzada de inquietud me recorrió. "Gatúbela... y lo del gato ayer...", pensé. Sacudí la cabeza. "No, no puede ser más que una extraña coincidencia".

Luis llamó la atención de todos golpeando su copa con un tenedor.

—Quiero decir unas palabras —anunció con una sonrisa. Me temblaron las piernas al verlo girar hacia mí—. Larissa, acércate, por favor.

El corazón me palpitaba con fuerza mientras me acercaba a su lado.

—Quiero brindar por dos cosas —continuó Luis—. La primera, por mi novia. Este año tuve la fortuna de conocerte, Larissa, y convertirme en alguien importante en tu vida. Te amo.

Se escucharon ovaciones y algunos "¡Awwww!". Me sonrojé profundamente.

—Y la segunda —prosiguió—, por el sexto aniversario de Fast Techn L.A. Gracias a todos ustedes por ser parte de este sueño.

Los aplausos resonaron, las copas se alzaron, y la música empezó a sonar.

Como era costumbre, no podía estar en una fiesta sin comer algo. Divisé unos bocaditos que lucían irresistibles, en especial un postre de frutos rojos. Pero justo cuando estaba a punto de probarlo, Lúcio apareció de la nada y me lo arrebató.

—Disculpa, pero es el último —dijo, llevándoselo a la boca sin más.

—¡Oye! —protesté, incrédula.

Nerea lo golpeó en el brazo.

—¡Lúcio, por favor! Larissa lo iba a comer.

Él me lanzó una sonrisa culpable.

—Lo siento, Larissa. Es que este es mi favorito, y además sufro de hipoglucemia.

Rodé los ojos.

—Está bien, pero el de limón es mío.

No terminó de responder cuando ya se lo había comido también. Me aparté para llevarle algunos bocadillos a Luis.

—Mira, amor, prueba esto.

—Mmm, delicioso. Pero ahora vamos a bailar.

Luis siempre sabía cómo hacerme olvidar cualquier mal momento, y juntos disfrutábamos de la música, hasta que un grito desgarrador rompió la atmósfera.

—¡Ahhh! ¡Lúcio ayuda!

Luis y yo nos volvimos alarmados. Lúcio estaba en el suelo, vomitando espuma por la boca mientras Nerea lo sostenía, completamente aterrorizada.

—¡Hermano! ¿Qué te ocurre? —gritó Luis, poniéndose de rodillas junto a él.

Saqué mi teléfono temblando y marqué al 911.

—¡Por favor, necesitamos una ambulancia! Un hombre está... ¡parece envenenado!

La ambulancia llegó rápidamente y se lo llevaron de inmediato. Luis y yo fuimos tras él al hospital. Allí nos informaron que Lúcio había sido envenenado y que estaban intentando desintoxicarlo para evitar que el veneno contaminara su sangre.

Mi corazón casi se detuvo al ver a la misma mujer elegante de la otra vez, parada en un rincón del hospital.

—¡Tú! —me gritó, señalándome—. ¡Eres la responsable de todo esto!

—¡Abuela, cálmate! —exclamó Luis, interponiéndose entre nosotras—. Larissa sería incapaz de hacer algo así.

—Por favor, termínate esta absurda aventura, Luis. ¡Esa chica es un problema tras otro!

—Señores, guarden silencio. Estamos en un hospital —intervino una enfermera con firmeza.

La abuela de Luis se alejó, lanzándome una última mirada de desprecio. Luis me tomó de la mano y me llevó a su empresa de nuevo.

—Quiero saber quién trajo los postres —exigió, con la mandíbula tensa.

—Señor, no tenemos ninguna razón para sospechar…

—¿¡Cómo que no!? —gritó, golpeando la pared con el puño—. ¡Mi hermano está luchando por su vida! Exijo las grabaciones de seguridad.

Las cámaras habían sido manipuladas. Todos los videos relacionados con los postres estaban borrados. Luis se quedó en silencio, pero sus ojos reflejaban una furia contenida.

—Luis… —susurré, tocándole el brazo.

Él respiró profundo, intentando calmarse.

—Esto no se quedará así. Voy a descubrir quién está detrás de todo esto, Larissa. Lo juro.

En ese momento, lo único que pude hacer fue abrazarlo, aunque por dentro una pregunta me carcomía:

¿Quién podía ser tan cruel como para hacer algo así?




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