Regla Número 20

CAPITULO 17

POV LARISSA

—¿Eso quiere decir que por tu culpa ese postre casi mata a Lúcio? —me acusó Nerea con furia, avanzando dispuesta a jalonearme.

—¿Pero qué te pasa, Nerea? ¡Basta! —Luis la apartó rápidamente de mi lado.

—¿Estás bien, amiga? —preguntó Geanella, preocupada.

—Sí, tranquila —le respondí, aunque mi corazón latía con fuerza.

—Estás loco, Luis. ¿Quieres seguir con esta mujer que pone en peligro a tu familia, incluso a ti? —rió secamente—. De verdad has perdido la cabeza.

—¡Cállate! Larissa, igual que Lúcio, es víctima de un loco que anda suelto, alguien capaz de hacer cualquier estupidez… aunque ahora que lo pienso…

—¿Qué? ¿Por qué me miras así? —dijo Nerea, dando un paso atrás.

—Ven acá, inmediatamente —le ordenó Luis, tomándola del brazo y llevándosela a pasos agigantados a su oficina.

—¡Te has vuelto loco! ¡Suéltame!

—¡Luis, espera! —intenté detenerlo.

—¿Amiga, qué le pasa al jefe? ¿Por qué trata así a la loca de Nerea? —preguntó Geanella, atónita.

—No lo sé... Te veo luego —respondí mientras intentaba alcanzarlo, pero él ya había cerrado la puerta con seguro.

Luis

—¡Suéltame! ¡Auch! ¡Mi brazo, idiota! ¿No ves lo que estás haciendo?

Sus gritos me taladraban la cabeza. Caminé hasta mi escritorio y apoyé las manos con fuerza sobre él.

—Nerea, dime de una vez la maldita verdad.

—¿De qué verdad hablas? —alzó una ceja, como si no entendiera a qué me refería.

—¡No seas cínica! A leguas se nota que odias a Larissa. Fuiste tú quien puso ese postre envenenado. Y no creo que lo hayas hecho sola.

La muy descarada se echó a reír a carcajadas, sin el menor pudor, y se sentó cruzando las piernas con arrogancia. Quería reventar de rabia, pero me contuve por Larissa... y por Lúcio.

—¡Basta ya! ¡No estoy bromeando!

—¡Basta tú! Estás haciendo una acusación muy grave. Sí, odio a esa espantapájaros, pero de ahí a envenenarla… Por Dios, ¿quién crees que soy? No soy tan idiota para hacer algo así.

Vi cómo su rostro perdía parte de su burla al ver mi expresión endurecida.

—¿Qué? ¿Crees que no he tenido mil oportunidades para matarla si eso quisiera? Pero no lo he hecho. Porque no soy una asesina.

—Nerea… dime la verdad. Por lo que alguna vez fuimos, o por Lúcio. Si lo haces, podré tener consideraciones contigo. Pero si no… olvídate de eso para siempre.

—¿Consideraciones? —se burló—. Me estás acusando sin pruebas, Luis.

Frustrado, me llevé las manos al rostro. La muy maldita quiso acercarse para consolarme, pero aparté su mano con brusquedad.

—Sí, en el pasado te engañé con otro. Pero ese viejo decrépito ya se murió —soltó con frialdad.

—No ayudas recordándome eso… aunque ya no duele —repliqué con los dientes apretados.

—Pues quiero que te pese en la conciencia. Me conoces desde que soy una chiquilla. Nos amamos durante años. ¿De verdad crees que soy capaz de matar? Sí, te traicioné, pero no soy una asesina. Te lo juro.

Busqué alguna señal en sus ojos, algo que me dijera si mentía. Pero su mirada estaba limpia… fría, pero sincera. Tal vez, solo tal vez… Nerea no fue.

—Lo siento. No debí acusarte sin pruebas.

—Estoy acostumbrada a que todos duden de mí. Pero no tú, Luis. Tú y yo…

—A ver, ¿no se supone que ahora estás enamorada de Lúcio? Aléjate. Además, amo a mi mujer.

—Lúcio es un hombre excepcional, sí, pero aún no lo amo. Quizá algún día. Lo que sí sé es que la espantapájaros esa no es para ti —dijo al levantarse. Caminó hacia la puerta, y antes de salir, me lanzó un beso al aire.

—Todo tuyo, por el momento, espantapájaros —murmuró con una sonrisa torcida, justo antes de toparse conmigo en el pasillo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.