Sonreían.
Confiaba en ella.
Un grito ahogado se escapó de mi garganta. Las lágrimas rodaban sin freno por mis mejillas mientras mis manos temblorosas sostenían la evidencia de una verdad que me rompía por dentro. Sentí la puerta abrirse tras de mí. Intenté esconder lo que había encontrado… pero ya era demasiado tarde.
—Vaya… no creí que me descubrirías tan pronto —dijo con voz helada.
Me giré lentamente. Allí estaba, su rostro deformado por el odio, los ojos inyectados de furia, y en su mano… un arma.
La asesina.
—Gean… ¿Geanella? —musité, la voz quebrada por el miedo.
—No lo puedes creer, ¿verdad? Pensaste en todos, menos en mí —rió, una carcajada vacía, inhumana—. ¡Disfruté verte sufrir! Cada maldito instante.
—¿Por qué? —grité—. ¡Tú eres mi amiga! ¡Te conozco de toda la vida! ¿Por qué quieres matarme?
—¡SHHH! —me apuntó a la cabeza—. Yo nunca fui tu amiga, maldita sea. ¿Y quieres saber por qué quiero verte muerta? Porque te metiste con quien no debías. ¡Con mi amor!
—¡Tú nunca me dijiste que te gustaba Luis! Si tan solo me lo hubieras dicho, yo…
—¡CÁLLATE! —me interrumpió, y con su mano libre me dio una bofetada que me hizo perder el equilibrio.
—Todo fue parte de mi maldito plan —espetó con veneno—. Hacerme tu amiga, ofrecerte el trabajo aquí… todo para que fueras mi espía. Yo quería saber todo lo que Luis hacía. Pero tú… ¡tú lo arruinaste! Te metiste en mi camino. ¡Te fijaste en él! Por eso insistí en las amenazas, pero resultaste más difícil de lo que pensaba. ¡Tuve que manipular al idiota de mi primo para que te secuestrara! ¿No lo ves? Yo soy la mente maestra. Yo quiero verte muerta.
De pronto, todo cobró sentido.
—Por eso lo del gato… —susurré, horrorizada—. ¡Casi matas a Lucio!
—Exactamente. Yo vivía cerca de tu casa. ¡Fui yo! —rió con locura—. ¿Recuerdas mi disfraz de ratoncita? Tuve que cambiarme a toda prisa para envenenar el postre. Pero claro… ¡Lucio! Siempre metiéndose donde no lo llaman.
—¿Todo esto por un hombre? ¡Tienes una carrera, una vida! —dije, tratando de razonar, aunque mi voz apenas era audible.
—¡No es cualquier hombre! —gritó, fuera de sí—. Es el amor de mi vida. ¡Y nunca me miró como te mira a ti! Me conformé con sus migajas durante años. Aguanté a la estúpida de Nerea… estuve a punto de matarla si se casaban. Pero se salvó, porque la amenacé. Y huyó. ¡Como una cobarde!
—Por eso ella desapareció…
—Exacto. Pero contigo, la muy perfecta, todos piensan que eres inocente. Pues ya no más.
Geanella dio un paso hacia mí y sacó una jeringa escondida en su blusa.
—Esto te hará cooperar. Y no intentes huir. Aquí no hay nadie más. Solo tú y yo.
El pánico me congeló. Intenté correr, gritar, algo… pero fue inútil. La aguja atravesó mi piel y sentí el ardor del sedante recorrer mis venas. Mis párpados se volvieron de plomo. La visión se nubló. Lo último que hice, con el último hilo de fuerza, fue presionar el reloj en mi muñeca con todas mis fuerzas…
Luis, por favor. Encuéntrame. Antes de que ella termine lo que empezó.
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Editado: 01.08.2026