No estaba de buen humor.
Todo había salido mal desde el momento en que dejó su casa. La llanta de su auto amaneció ponchada, obligándolo a tomar transporte público, lo que lo hizo llegar tarde al hospital. Como si eso fuera poco, ese día era crucial para su investigación, pero dos de sus pasantes decidieron contraer influenza. Ahora tendría que pausar el proyecto hasta nuevo aviso y asegurarse de que el resto del equipo no estuviera enfermo, si eso pasaba todo se iría a la borda. Lo último que necesitaba era un brote que arruinara meses de trabajo.
—Cancela la cita de la señora, y coméntale a su esposo lo que está ocurriendo para no preocuparlo. Si necesita algo, házmelo saber. No podemos perderlos; son personas importantes. ¿Quedó claro? —ordenó, dirigiéndose a una de las enfermeras.
Ella asintió sin responder. A pesar de no estar contenta con asumir tareas que consideraba fuera de sus funciones, sabía que lo mejor era cumplir con las demandas del doctor Darren. Todos en el hospital entendían que discutir con él solo traía problemas.
Darren suspiró. Necesitaba a esa paciente para su investigación, y su esposo, meticuloso y protector, no toleraría errores. Haría lo necesario para evitar que alguno de los dos se contagiara. Las probabilidades eran altas, y no podía permitirse ese riesgo.
Mientras discutía detalles con la enfermera, sintió una mirada fija. Giró la cabeza, molesto por la intromisión, y se encontró con dos mujeres. Una de ellas, de cabello corto, fingía mirar a otro lado, aunque su ceño fruncido delataba su disgusto. La otra, sin embargo, llamó su atención. Tenía el cabello oscuro y rizado, había algo peculiar en su expresión. La forma en que intentaba razonar con su amiga sin perder la calma le pareció extrañamente interesante.
Sus miradas se cruzaron apenas un instante. Fue suficiente para que él notara la dulzura de sus ojos. Pero su interés se disipó de inmediato cuando ella, al girar para hablar con su compañera, golpeó con el cabello a un hombre sin notarlo ni disculparse.
"Qué falta de educación", pensó, irritado. "Ni siquiera se da cuenta. Es una adulta; debería comportarse como tal".
Desvió la mirada, decidido a no perder más tiempo. Tenía cosas más importantes que hacer: obtener los resultados de los exámenes de sus pasantes y reorganizar el equipo para continuar la investigación. Pero justo cuando se disponía a marcharse, su teléfono sonó.
Era su hermano.
"Perfecto. Justo lo que necesitaba", pensó con sarcasmo. Dudó un momento antes de ignorar la llamada. No creía que fuera algo importante. Además, ya tenía suficientes problemas por resolver.
Mientras se dirigía a su oficina, una parte de él no podía dejar de pensar en la mujer de los rizos oscuros. Había algo en ella que lo desconcertaba, aunque no sabía exactamente qué. Tal vez era mejor no averiguarlo. Su vida ya era lo suficientemente complicada.
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Editado: 25.01.2026