Regreso de una Luna

EMMA

Era una situación incómoda. El profesor Darren había entrado a su salón con un tono autoritario, hablando como si tuviera algún derecho sobre su clase. No importaba si era doctor, especialista o lo que fuera; en la universidad, ambos eran docentes, y aquella intervención había sido innecesaria. Ese no era un hospital donde él pudiera asumir jerarquías, y no había razón para que actuara por encima de ella.

Intentó ignorarlo el resto del día, aunque no le resultaba sencillo. Sus horarios coincidían, lo que la obligaba a verlo pasar por los pasillos varias veces. Ninguno lo saludaba al cruzarse, y ella misma evitaba cualquier interacción, como si enfrentarse a él fuera incómodo de más. Era absurdo, pero ahí estaba, actuando casi como una estudiante molesta con alguien que apenas conocía.

Cuando terminó su primera ronda de clases, Lúa ya la esperaba para ir a comer. Se sentaron en una cafetería cercana, donde Emma planeaba descansar antes de regresar a dar un par de clases más. —Yo creo que es muy lindo —comentó Lúa, observándola con una sonrisa cómplice.

—Creo que fue prepotente. No tenía por qué entrar a regañar a mis alumnos, y menos durante la clase —respondió Emma con tranquilidad. No levantó la voz, no exageró el gesto, simplemente enunció el hecho que la había molestado. No entendía por que su amiga lo consideraba lindo

—Pues parece que el destino está en tu contra —dijo Lúa, señalando discretamente la entrada.

Emma alzó la vista justo a tiempo para ver entrar al doctor Darren. Revisaba su teléfono mientras hacía su pedido, sin saludar al personal ni mirar alrededor. Su presencia parecía arrastrar cierta seriedad que chocaba con el ambiente relajado del lugar.

No quiso seguir observándolo.

Tres días después, la situación no mejoraba. Cada vez que podía, Darren pedía silencio a sus alumnos por el más mínimo ruido, y lo hacía sin mirarla, como si ella no existiera. No era una actitud violenta, pero sí incómoda. Daba la impresión de que él tenía prisa por dejar en claro que no necesitaba de nadie para mantener el control.

Lúa, en cambio, parecía encantada con él. No hablaba directamente con el doctor, aunque lo saludaba en los pasillos con una alegría que él correspondía sin dificultad. A Emma le resultaba extraño que respondiera al saludo de su amiga mientras la ignoraba a ella, aunque no sabía si lo hacía a propósito o simplemente no se había fijado en ella lo suficiente.

Era mejor no pensarlo demasiado.

Tenía un nuevo grupo de alumnos, trabajos que revisar, ensayos que corregir y entregas por calificar. Eso sí la entretenía. Disfrutaba la estructura, la lectura, el análisis. Por eso se encontraba en el salón de maestros, revisando exámenes mientras esperaba a que Lúa terminara su clase.

Entonces la puerta se abrió.

Era él.




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