Regreso de una Luna

DARREN

La vio entrar a la sala de maestros, justo en donde él quería estar para planear su siguiente clase. No quería compartir un lugar con ella, no podría concentrarse y mantener la tranquilidad que tanto le gustaba.

Podía verla desde donde estaba, parecía tan metida en lo que hacía, revisando lo que posiblemente serían trabajos de sus alumnos. Tal vez no sería tan malo compartir el mismo lugar, después de todo, en ese momento no estaba hablando y él tenía que planear, no sería necesario dirigirse la palabra. ¿Verdad?

No quería hablarle, pero fue él quien llegó al lugar interrumpiendo su tranquilidad. Tenía que ser amable y saludar, pero ¿era necesario? No, no lo era. No quería darle entrada para que ella iniciara una conversación de la cual no podría salir, pero tampoco podía pasar como si nada, era un caballero después de todo.

—Buenos días—. Dijo tratando de lucir calmado, pero no lo estaba. No quería que malinterpretara sus intenciones. Emma levantó la vista para verlo colocar un par de papeles en la mesa larga que abarcaba casi todo el salón de maestros.

—Buenos días—. Respondió sin más. Siempre estaba hablando, cada que pasaba por su salón de clases ella estaba hablando, cada que estaba con su amiga estaba hablando, siendo ruidosa y escandalosa. ¿Se sentirá mal?

Era extraño compartir su presencia. Estaba acostumbrado a tener su propio espacio de trabajo y no tener que compartirlo con nadie. En ese momento estaba frente a una mujer que hablaba hasta por los codos. ¿Por qué no hablaba? Ninguno de los dos decía nada y eso comenzaba a fastidiarle. Aunque también lo agradecía porque no era una persona a la que le gustara conversar con extraños y los silencios no eran algo que le desagradaran.

Emma, por su parte, no podía evitar sentir la incomodidad de estar en el mismo espacio que Darren. Su saludo fue cortante porque aún recordaba lo arrogante que había sido en los días anteriores. Pero ahora, viéndolo más tranquilo, le intrigaba si esa actitud era permanente o simplemente parte de un mal día. Decidió ignorarlo y concentrarse en su trabajo, aunque su presencia era como un peso en el aire.

—Los primeros días suelen ser difíciles—. Dijo Emma, rompiendo el silencio. Aunque sus ojos seguían fijos en los papeles, su tono fue lo suficientemente neutro para no parecer una invitación a la conversación.

Darren sintió que debía responder, pero ¿Qué se supone que debía decirle? “Sí, esta semana estoy de guardia en el hospital”. No, eso no porque sonaría como si se estuviera quejando y no quería que pensara eso. “Sí, los alumnos no están acostumbrados a estudiar y se la pasan quejando”. No, ¿Qué pasa si piensa que odia su trabajo y a los alumnos? No podía decir eso. ¿Qué podría decir? No podía quedarse callado.

—Cuando entras al salón por primera vez puedes ver el contraste entre los alumnos. La mitad te miran confundidos, algunos más no les interesa—. Al final, esforzándose por sonar casual.

No levantó la vista y seguía revisando los proyectos. ¿Cómo es que podía hacer eso? Se preguntaba Darren mientras trataba de entender por qué esta mujer le resultaba tan molesta y fascinante a la vez.

“Lo noté. Creo que más de uno me tiene miedo”. No podía decirle eso, sonaría muy prepotente. “Pensé que al trabajar con adultos todo sería más sencillo, pero a veces creo que estoy con adolescentes”. ¿Por qué todas sus respuestas parecían quejas?

Trató de responder y de crear una conversación, pero no podía. Justo cuando estaba por decir algo, el teléfono de Emma comenzó a sonar. Ella tomó sus cosas, se levantó rápidamente y salió sin decir ni una sola palabra.

Darren la observó salir, y por primera vez en el día sintió un extraño vacío. No entendía por qué su partida le dejó esa sensación, pero algo le decía que este no sería su último encuentro incómodo.




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